La liberación de los Cinco de Cuba: Triunfo de la solidaridad

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Los cinco patriotas cubanos fueron recibidos por el presidente Raúl Castro.

El gobierno socialista cubano jamás abandonó a los patriotas detenidos en cárceles de Estados Unidos. Durante las negociaciones para restablecer relaciones con Washington, su liberación fue una prioridad absoluta

Los cinco patriotas cubanos fueron recibidos por el presidente Raúl Castro.
Los cinco patriotas cubanos fueron recibidos por el presidente Raúl Castro.

Alberto Acevedo

El regreso al seno de sus hogares, el pasado 17 de diciembre, de los patriotas cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, fue reivindicado por el gobierno de la isla como un triunfo de la dignidad de su pueblo, de la resistencia y el heroísmo de los cinco patriotas involucrados en un infame y amañado proceso penal, y un triunfo de la solidaridad internacional.

Dos de los involucrados en la causa criminal habían sido liberados con anterioridad: René González Shewerert, el 7 de octubre de 2011; y Fernando González Llort, el 27 de febrero del año pasado.

Los cinco habían sido detenidos en Miami, en septiembre de 1998, por agentes del FBI. En un proceso penal lleno de irregularidades, se les acusó de espionaje, conspiración y conspiración para cometer homicidio, entre otros cargos. En realidad, los Cinco, quienes desarrollaban una labor de inteligencia encomendada por su gobierno, se habían infiltrado en las organizaciones anticastristas con asiento en Miami, que venían adelantando planes terroristas y desestabilizadores en Cuba.

En su labor, los Cinco no afectaron ningún interés nacional de los Estados Unidos, no realizaron labor conspirativa alguna ni pusieron en riesgo la seguridad nacional de ese país. Su único delito, que más podría calificarse como una infracción, fue no haber reportado a las autoridades norteamericanas la verdadera naturaleza de su trabajo.

El juicio a que fueron sometidos fue un verdadero proceso político de venganza por su condición de luchadores por la vida y la seguridad de sus compatriotas. Se les negó un juicio justo, pues la causa criminal se montó en Miami, centro de actividades de la contrarrevolución cubana, donde en todo momento hubo una campaña de descrédito y animadversión a su misión y se integró un jurado y unos jueces proclives al sentimiento anticubano.

Protegiendo a Cuba de la agresión

Los cargos de conspiración para cometer espionaje jamás fueron probados procesalmente. El cargo de conspiración para cometer asesinato no fue probado. Este cargo además no tiene precedentes en el derecho norteamericano, pues a uno de los detenidos se le quiso imputar responsabilidad por el derribo de una aeronave mercenaria en suelo cubano. Además, las penas de prisión impuestas fueron excesivas; en un caso se condenó a dos cadenas perpetuas y 15 años más de prisión. El gobierno norteamericano invocó, para la condena, procedimientos secretos, que violan la Constitución federal de los Estados Unidos.

En el proceso se pudo establecer, aunque no se tuvo en cuenta en favor de la defensa, que en el tiempo que antecedió a su labor de infiltración en grupos anticastristas, Cuba y particularmente La Habana habían sido víctimas de una serie de atentados y sabotajes, especialmente contra la industria turística, con elevado número de víctimas. Se probó que los actos criminales provenían de grupos criminales con asiento en Miami y financiados por la CIA.

La misión de los Cinco Patriotas era un asunto de seguridad nacional y de supervivencia para Cuba. Se trataba de salvar la vida de miles de personas, de proteger la economía de un país, que además estaba siendo asediado por un bloqueo comercial criminal. En esas condiciones, detener la acción de los terroristas se encuadra dentro de la doctrina de la necesidad y por tanto las actividades de los Cinco Patriotas cubanos son excusables en Derecho.