Impedir conejo a la paz

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Santos y Maduro hablan sobre los diálogos de paz, a pesar de que el mandatario colombiano amenazó con terminarlos. Los gestos de paz del gobierno nacional no se ven y por el contrario parece matriculado en el discurso de la ultraderecha colombiana.

Hernando López

“Al presidente Juan Manuel Santos lo reelegimos el 15 de junio pasado para continuar los diálogos de La Habana y no para romperlos”, declararon varios dirigentes de la izquierda y del Frente Amplio por la Paz tras la amenaza del mandatario de romperlos, de persistir la ofensiva militar de las FARC-EP y del ELN desatada en las últimas semanas.

La declaración del presidente Santos en Buenaventura a comienzos de la semana pasada de que los diálogos pueden terminar de seguir las acciones guerrilleras que calificó de “terroristas”, fue cuestionada aun por voceros de los partidos oficialistas agrupados en la Unidad Nacional, que rechazaron “las acciones violentas”, aunque dijeron que los diálogos deben continuar. “Fue el mandato que recibió del pueblo”, opinaron. Desde la izquierda, hubo voces que fueron más allá porque reclamaron tregua y cese de fuegos bilateral, además de acuerdos humanitarios para disminuir la intensidad del conflicto.

A pesar de que, por iniciativa de los voceros gubernamentales, el acuerdo de las dos partes fue dialogar en medio de la guerra, sin cese de fuegos ni tregua bilateral, los actos del conflicto y los ataques armados están influyendo de forma negativa en la mesa y le meten ruido a las conversaciones que deben estar centradas en la agenda contenida en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

“Es la consecuencia lógica de esa equivocación”, dicen analistas y expertos en el tema de la paz. Es más, algunos opinan que a estas alturas de tres puntos con acuerdos parciales y dos más en desarrollo de la discusión de la agenda de seis puntos, lo más aconsejable es pactar un cese bilateral de fuegos y acuerdos humanitarios para blindar la mesa de La Habana.

Gestos de paz

Hay que recordar que en La Habana está por comenzar, el próximo 12 de agosto, el tema de víctimas y, al tiempo, una mesa paralela ausculta coincidencias en el punto relacionado con el fin del conflicto. Como nunca antes se había avanzado tanto, reconocen inclusive las dos partes, por eso parece razonable la propuesta de blindar los acuerdos parciales y el diálogo de los puntos restantes frente a factores externos de la realidad del conflicto.

No son suficientes los “gestos de paz de la guerrilla” que el Gobierno Nacional reclama, que los ha habido, sino también los propios de la parte oficial que no se han visto en casi dos años corridos desde la apertura de las conversaciones. Del lado de la guerrilla, al menos se conocen tres treguas unilaterales y el fin de las llamadas retenciones económicas, que se han cumplido, según fuentes estadísticas de ONG y centros de investigación, a pesar de algunos reclamos de los militares y del ministro de la Defensa.

En operativos militares de la Fuerza Pública murió el comandante de las FARC-EP, Alfonso Cano, en total estado de indefensión como lo aseguró hace pocos días su sucesor el comandante Timoleón Jiménez. También en un bombardeo cayó Jorge Briceño, miembro del Secretariado y comandante del Bloque Oriental, al igual que otros mandos y guerrilleros. Los bombardeos y operativos de tierra arrasada de los militares y la policía no han tenido en cuenta los riesgos de la población civil en las regiones agrarias afectadas. Son miles los desplazados, los muertos y heridos y las pérdidas materiales de los campesinos, según lo han denunciado sus organizaciones y sobre el cual hay un manto de silencio de los grandes de medios de comunicación. ¿Autocensura?

Desde antes de la reciente ofensiva militar de la guerrilla, los bombardeos en el sur y el oriente del país, en Urabá y Catatumbo, hasta en Sumapaz, localidad 20 del Distrito Capital, estaban afectando a los civiles. Centenares de desplazados llegaron a las cabeceras municipales y revelaron la situación que se vivía porque la acción de las tropas no distingue entre combatientes y no combatientes.

En este sentido, no se entiende la amenaza gubernamental, porque las acciones de las FARC-EP y del ELN obedecen a la misma lógica absurda de la guerra que se aceptó a pesar de los diálogos de paz. Con mayor razón cobra fuerza la propuesta del cese bilateral de fuegos que hacen ONG y los voceros de la izquierda. En las últimas semanas en este sentido se pronunciaron el Partido Comunista, la Unión Patriótica, Marcha Patriótica, Poder Ciudadano, el Polo Democrático Alternativo y el senador Iván Cepeda Castro.

Un tema sensible

Para algunos analistas el clima de la mesa de La Habana se deterioró no solo por las acciones militares de los últimos días, sino por el tema sensible de las víctimas. “El Gobierno Nacional está sometido a la enorme presión de la extrema derecha y de la cúpula militar, que consideran que los únicos victimarios son las FARC y son los que deben ponerle la cara a las víctimas, pedirles perdón y recibir el castigo judicial que se establezca”, dice uno de ellos. A la vez que considera que ese sesgo unilateral desconoce la bilateralidad del proceso y la responsabilidad de todas las partes.

Las FARC-EP han insistido, en este sentido, en la importancia de la comisión de esclarecimiento de las causas del conflicto, cuya composición no había podido definirse hasta el momento de escribir esta nota. Una propuesta de los voceros gubernamentales de que el relator de dicha comisión fuera el “colombianólogo” francés Daniel Pécaut no fue aceptada por la delegación de paz de la insurgencia, debido a sus posiciones públicas de reconocido apoyo a las posiciones oficiales.

La mencionada comisión de historia del conflicto, al parecer con 12 integrantes, tendría la tarea de esclarecer sus causas y raíces de tal manera que aparezcan los victimarios y las responsabilidades colectivas e individuales. Hay quienes reconocen que esa “verdad histórica” no le sirve al Gobierno Nacional porque saltará de bulto la principal responsabilidad del Estado y del Establecimiento, incluyendo sus instituciones públicas y privadas. En la historia colombiana, dicen reconocidos historiadores, el Estado ha sido el principal generador de la violencia y en consecuencia el que mayor responsabilidad tiene en la violación de los derechos humanos y en las infracciones del Derecho Internacional Humanitario.

Oxígeno a los diálogos

Así las cosas, el tema de las víctimas se asume con bastante nerviosismo en la parte oficial, con dudas sobre su conveniencia y bajo presiones para que los protagonistas fundamentales sean las “víctimas de las FARC” y las demás no cuenten. Timoleón Jiménez, comandante de las FARC-EP, en reciente artículo titulado “El verdadero enfoque sobre el tema de las víctimas”, dice:

“Todo el Establecimiento apuesta a que seremos hechos picadillo. Desde ya invitan al gran público a la plaza, a presenciar el espectáculo de ver arder en la hoguera a los peores enemigos de la patria. Así que la cuestión para nosotros no es fácil, se trata en realidad de otro escenario del combate, tan desigual y asimétrico como el que se presenta en los campos del país. En la Mesa no contamos con más fuerza que la de las ideas, ni con más armas que la de la verdad”.

Como un balón de oxígeno para la mesa de La Habana resultó la reunión en Cartagena de Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela y Juan Manuel Santos, el pasado viernes 1 de agosto. El mandatario venezolano dijo que “la hora de la paz no se nos puede escapar”, mientras que Santos habló de darle “el impulso final” a los diálogos, aunque le dijo a las FARC que espera muestras reales de querer terminar el conflicto, según la versión de El Tiempo. Pero no anunció cuáles son los gestos suyos y del gobierno que preside.