Gobernador de Arauca: “La dignidad del ser humano hay que garantizarla”

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Ricardo Alvarado, gobernador de Arauca.

Mi mandato es buscar la paz para el departamento, dijo en declaraciones para VOZ el gobernador de Arauca, Ricardo Alvarado. Pero esa paz es un constructo que se funda sobre la base de la equidad y la justicia social, asegura el mandatario

Ricardo Alvarado, gobernador de Arauca.
Ricardo Alvarado, gobernador de Arauca.

Alberto Acevedo

El actual gobernador del departamento de Arauca, Ricardo Alvarado Bestene, es un hombre valiente. Y además, es un hombre honesto con lo que considera su compromiso político con la región. Inició su mandato apenas hace unos meses, el primero de enero de este año, después de ganar el cargo con 46.429 votos, que equivalen al 48.33 por ciento de los participantes en la jornada electoral del año pasado, que le representa un holgado triunfo sobre su inmediato contendor, del partido liberal, que alcanzó el 34.15 por ciento de los votos.

Militante y líder representativo del Partido de la U, por el cual lanzó su candidatura, integró sin embargo una coalición de fuerzas progresistas de Arauca, de la que hizo parte la Unión Patriótica, bajo el lema “Humanizando el desarrollo”. Y esa resultó ser la fórmula ganadora. Ahora está desarrollando su programa de gobierno, muy comprometido con el proceso de paz. Este compromiso, ha desatado una ola de rumores, que han llegado a sus oídos: que lo van a destituir, que le van a hacer algún atentado, que no va a terminar su periodo.

Ricardo Alvarado, médico de profesión ex concejal y ex alcalde de la capital del departamento, conoce estos rumores. “No me importa. El ejercicio y cumplimiento de un deber, de un mandato está por encima de cualquier consideración política. Que es el mandato de buscar la paz. La ventaja que yo tengo en este ejercicio es que la verdad lo hace a uno libre”, asegura, sin ningún asomo de amedrentamiento. Así trascurrió nuestra conversación:

–Gobernador: Si en este momento nos dieran la noticia de que se ha firmado el acuerdo de paz en La Habana y estuviéramos abocados a la construcción de un nuevo país, ¿usted qué haría en su departamento?

–Primero parto de un concepto. La paz no depende de un acuerdo, la paz es un constructo. La paz es una necesidad, es como un proyecto en el que hay que articular acciones. La ventaja de una firma es que simplemente nos da una garantía de poder empezar a trabajar conjuntamente para construir escenarios de paz.

Visibilizar a las víctimas

¿Qué escenarios de paz? Tienen que combinarse: dignificación del ser humano. Y cuando yo hablo de dignidad del ser humano hay que garantizarla. Y esa dignificación del ser humano empieza por visibilizar las víctimas, visibilizar al campesino, visibilizar lo ambiental, para que cada uno de los actores, las mujeres víctimas, las viudas, todas se visibilicen.

Entonces la firma del acuerdo simplemente lo que me permite son tres elementos fundamentales: Uno, echar a andar el primer acuerdo que está firmado allí, que es lo del manejo de tierras, la reforma rural integral. Eso me permitiría poderlo hacer bajo el amparo de una firma.

Dos, me permitiría contar con los acuerdos mínimos, para que la gente tenga una apertura de inclusión para que los partidos tengan la oportunidad de participar. Uno de los ejercicios más importantes para la paz, que lo estoy haciendo ya desde mi administración, es que abrí, independientemente de la posición política que yo represente, un espacio para todo el mundo. Tengo a Yolanda Montes como representante de la Unión Patriótica. Tengo a Cambio Radical en cabeza de Mercedes Rincón, que empezó a hablar de un discurso social importante, acercando a la gente. Tengo al partido liberal, al cual derroté y está ahí. O sea apertura e inclusión. Ese es el segundo acuerdo de La Habana.

Nosotros no podemos, frustrar este acuerdo, en dos o tres años, por no haber acompañado procesos de transformación social, eso sería mucho más grave. El discurso de la guerra es lo que le duele a la gente. Aquí le duele lo ambiental. Hay que tratarlo. Aquí le duele la no dignificación del campesino, partiendo de que al campesino, los hijos del campo muchas veces ni siquiera se devuelven al campo porque no encuentran los espacios. Los campesinos no tienen la posibilidad de una vivienda digna. No tienen la posibilidad de acceso a que la comercialización de sus productos tenga como hecho real el acompañamiento del Estado. O sea, lo que me impulsaría en el momento en que se firme el acuerdo de paz es empezar a visibilizar lo que le duele a la gente.

Un peligro latente

Pero hay un hecho que me preocupa mucho del acuerdo y es que las brechas se pueden aumentar. Esto se volvió una rapiña, hay mercaderes de la paz, gente que está viendo esto como una oportunidad más para acceder a los recursos de la paz. Si nosotros aumentamos las brechas sociales, aumentamos esas dificultades de desigualdad, esas condiciones de inequidad, lo que vamos es a darle la razón a la guerra, y ese es un peligro que existe.

–Usted se adelanta al escenario de la paz e incluye en un anteproyecto de Plan de Desarrollo algunos ejes de lo acordado hasta ahora en La Habana. ¿Puede explicar cuáles son esos aspectos?

–Yo tengo cuatro ejes: el primer eje es la paz, articulada con una economía propia. Economía propia fundamentada en un elemento y es que la economía debe basarse en lo que somos. Somos campesinos, somos sector agropecuario, somos ganaderos.

Dos: no considero otra forma sino aprovechar la riqueza que tenemos, aprovechar los elementos propios de lo que somos para que podamos sobrevivir.

Tres: hay un concepto de equidad social. Equidad social significa acceso a una educación, acceso a una salud que sea dignificante, Y por último sostenibilidad territorial y sostenibilidad ambiental. Esos son los cuatro ejes fundamentales de mi ejercicio.

Cuando yo digo: acojo desde ya esos elementos sobre los cuales ya ha habido acuerdos, es porque considero que la única forma para que esos acuerdos sean realidad, es meterlos en el Plan de Desarrollo. Ya eso lo acogí. Y lo hago, no como una propuesta que parte de La Habana, sino porque estoy convencido de que es la única forma de poder generar unos espacios de paz, esa es la razón fundamental.

“La paz es una oportunidad que tenemos”

–Usted ha dicho: “Toda la vida he soñado con la paz, y no la he conocido”. ¿Qué significa esa afirmación suya?

–Toda la vida he soñado con la paz. Cuando a mí me preguntan: ¿Y usted que quiere hacer en la vida? Primero es reconocer al otro, como su existencia. La paz es la oportunidad que tenemos los seres humanos que debemos considerar que la vida la tenemos que colocar al servicio de otro, para que tranquilamente lo podamos hacer. Y una cosa que he repetido: la solidaridad es el único argumento que debe tener el Estado, el estamento social, para hacer realidad poder reivindicar la parte social del individuo. La paz me lo va a permitir. De otra manera el individualismo social lo que hace es aislarnos completamente. Yo sueño con la paz y sueño toda la vida poder colocarme al servicio del otro.

Yo he sido víctima de la guerra, he sido perseguido. A mí me hicieron un intento de secuestro aquí en el año 1997. Fui perseguido por el paramilitarismo en Bogotá. Mi papá fue una víctima y recibió unos tiros, siendo médico en Puente Nacional, porque atendió a Efraín González en algún momento de la vida. Mi papá fue perseguido político por pensar que su única razón de vida era servir. Entonces yo he vivido toda la vida en función de la guerra, por tanto lo único que yo anhelo es poderme volcar para poder servir y reconocer al otro.