Fracking en Colombia

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Proceso de explotación con la técnica fracking.

En tanto no exista una ley nacional de hidrocarburos, Colombia seguirá regalando sus recursos y acabando con el medio ambiente

Carolina Tejada

Mientras países europeos como Alemania le apuestan a la energía solar, llegando al 12% de su necesidad energética, Colombia, que no se despega de los intereses estadounidenses, siguió la elección de este país: el fracking, al cual le apuesta a pesar de los efectos que este trae contra el medio ambiente y los recursos naturales.

El fracking

El fracking es un término anglosajón que se usa al referirse a la técnica de fractura hidráulica para la extracción de gas no convencional. Este proceso que busca la extracción natural, se hace mediante la fractura de la roca madre por medio de una perforación mixta que consiste, por un lado en perforar la roca hasta 5.000 metros en vertical y entre 2 a 5 kilómetros en horizontal, con el objetivo de inyectar 98% de agua con arena y un 2% de aditivos químicos a gran presión. Esto produce que la roca se fracture, liberando el gas y ascendiendo a la superficie a través de un pozo previamente diseñado.

Este proceso se ha aplicado por años en varios países, uno de ellos Estados Unidos. Estudios han constatado que son varios los problemas ambientales que causa el uso de esta técnica. Entre otros problemas se encuentran: Contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, contaminación del aire, afecciones a la salud humana, alteraciones del paisaje y el terreno, contaminación de suelos al cerrar los pozos, riesgo sísmico.

Una legalidad contra todo presupuesto ambiental

En diciembre del año pasado se anunciaba que la petrolera estadounidense Conoco Phillips iniciaría una explotación de petróleo en Colombia por medio del fracking en departamentos del Cesar y Santander. Este negocio tendría un primer contrato adicional de 85 millones de dólares dirigidos a la explotación de yacimientos no convencionales. Dicho contrato se presentó como uno de los estratégicos para la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH y el Ministerio de Minas y Energía en los últimos tiempos. La empresa tendrá nueve años de exploración y 30 años de explotación sobre estos pozos.

“El hecho de que tengamos la oportunidad de firmar un contrato adicional por primera vez sobre yacimientos no convencionales, representa un logro grandísimo”, afirmaba para entonces el presidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, Mauricio de la Mora.

Sin embargo, este logro grandísimo al que se refiere Mora, no habla de los efectos ambientales que esta multinacional con su técnica de explotación pueda dejar para la región, tampoco existen compromisos claros que respeten las consultas previas de las comunidades, que legalmente se deben hacer cuando la intervención en sus territorios tiene daños colaterales, entre otros.

Una técnica vieja en Colombia

Según la Agencia Nacional de Hidrocarburos ANH, en el 2012 se dispusieron varias zonas para el fracturamiento hidráulico de lutitas, en el Catatumbo, el Valle medio del Magdalena, la Cordillera Oriental desde Bogotá hasta el macizo colombiano y el Putumayo. De acuerdo a la Red por la Justicia Ambiental en Colombia, para la época ya se habían otorgado “17 contratos, cinco de ellos en la ronda 2012, todos tenían bloques convencionales, con permisos gestionados para hacer fracturamiento hidráulico”.

Los requerimientos para estas explotaciones en términos de arena y agua, son desproporcionado. La ANH, menciona que para dichos pozos se requieren 4.5 millones de barriles de agua y más o menos 400 toneladas de arena por pozo, en total más de 76.000 toneladas de arena para este fracturamiento.

“Colombia no está preparada”

El ingeniero de petróleos de la Universidad Industrial de Santander, el profesor Óscar Vanegas, quien fue interpelado por el presidente de Ecopetrol en el Congreso, es quien ha venido alertando al país sobre los efectos ambientales de dichas explotaciones, asegurando que “Colombia no está preparada para el fracking”, pues según él, en una entrevista para un medio regional, “la Universidad Industrial de Santander, a través del grupo de investigación de estabilidad de pozos, ha adelantado cerca de 20 investigaciones en conjunto con el Instituto Colombiano del Petróleo, ICP, y la conclusión que tenemos hasta el momento es esa”.

Tal y como veníamos mencionando, desde hace algunos años Colombia ha venido entregando sus territorios a multinacionales para la explotación con esta modalidad. Para este investigador social, la región del Magdalena Medio, así como la zona del Catatumbo, desde Puerto Boyacá hasta el sur del Cesar y sur de Bolívar están concesionadas para fracking. En esta misma entrevista menciona que hay un total de 19 bloques para exploración bajo el método fracking. En el Magdalena Medio hay unos 14 bloques con contratos adjudicados para exploración bajo esta modalidad.

Igualmente mencionó que algunas empresas ya han adelantado estudios, como la Exxon Mobil en algunas veredas en Santander y el Cesar. Lo único que según el ingeniero tiene parado este proceso es el precio del petróleo que bajó. Empresas como la Conoco Phillips, es una de las más grandes interventoras en estos territorios.

La necesidad de una ley de hidrocarburos

Los efectos ambientales como lo señalamos al inicio del texto son desmesurados. El 70% del gas que se escapa a la atmósfera, produce enfermedades que pueden afectar a una persona de por vida. Las toneladas de agua que debe llevar cada proceso deben contener una serie de químicos para que se pueda transportar la arena y evitar que esta se asiente. Estas sustancias son calificadas como nocivas, algunas cancerígenas, pero cuando el agua regresa a la superficie el proceso de afectación al medio ambiente se da generando complicaciones para cualquier ser vivo.

La Unión Sindical Obrera, USO, ha señalado que mientras no exista una ley nacional de hidrocarburos, será muy difícil que Colombia pueda controlar y respetar las legislaciones internacionales y exigencias nacionales de protección del medio ambiente y de nuestros recursos naturales. Muchas de las poblaciones que ya conocen los efectos de esta intervención en el suelo, han manifestado sus inconformidades y han llamado a la movilización social, por la defensa de sus territorios y las consultas previas.