Exordio al anticomunismo primitivo

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El homenaje al Calidoso, promovido por estudiantes de la Universidad Javeriana, fue aprovechado por indigentes amigos para protestar por el maltrato de autoridades y neonazis.

A la memoria del Totti y de Calidoso y su perro

El homenaje al Calidoso, promovido por estudiantes de la Universidad Javeriana, fue aprovechado por indigentes amigos para protestar por el maltrato de autoridades y neonazis.
El homenaje al Calidoso, promovido por estudiantes de la Universidad Javeriana, fue aprovechado por indigentes amigos para protestar por el maltrato de autoridades y neonazis.

León Arled Flórez

Les va mal en los colegios de calendario B, pero no pueden ante sus padres fracasar en la vida. Entonces se rapan la cabeza, algunos se tatúan la piel y hacen juramento de sangre, ese de defender a los animales, lo cual en adelante toman a pecho. Al ladito, juran matar a los homosexuales, a las prostitutas, a los habitantes de la calle, a los extranjeros; y no me refiero a los rubios desinformados que llegan del norte a Colombia de turistas, sino a nuestros hermanos que, como nosotros, sin plata, vienen del sur a descubrir el sur.

En realidad con lo que sueñan esos jóvenes, que, que se sepa, son de género masculino, es con asesinar todo lo que les parezca comunista o de izquierda. Así se encarrilan como defensores de su clase social y quedan bien ante sus familias. “Niños bien”, comienzan a llamarlos sus papás, y algunos de ellos se autoproclaman héroes. Ellos no son, en términos europeos, neonazis; no llegan allá, ni siquiera han leído “Mi lucha”, que representa en plata blanca el evangelio de los cabecirrapados europeos; ese textico corto del judío Hitler, austriaco de clase media, en contra de sus hermanos judíos pobres de Alemania.

Mucho menos han leído a Marx, que también era judío y que escribió lo que para ellos es el Corán a combatir: el “Manifiesto Comunista”. Ni de riesgo intentan leer a García Márquez, no por haber compartido ideas comunistas, pues lo ignoran, sino porque era costeño. En realidad, son incapaces de leer, como lo demostró una señora recién elegida al congreso por el partido que los apadrina. ¡Son anticomunistas primitivos!

Se creen con mente superior

Por su condición de latino-colombianos, son racistas inconsecuentes, pues no pueden reivindicar raza aria alguna. Ellos no se creen miembros de una raza sino de una clase social especial, y se ufanan de tener una mente superior, por encima de todos nosotros.

Quieren acabar la desigualdad social acabando con los que ellos consideran desiguales: con los homosexuales, con las prostitutas y con la gente que vive en la calle; para seguir con jóvenes y líderes populares; todos sectores completamente indefensos, como lo han hecho los paramilitares, que han masacrado campesinos, hombres, mujeres, y niños, con el pretexto de ser aliados de la guerrilla, para desplazarlos y robarles sus tierras. Estos tipos se presentan como defendiendo una causa justa, para luego eliminar a cualquier expresión de rebeldía u oposición política al régimen.

En ese marco, se infiltran en las organizaciones y partidos de izquierda, en las manifestaciones de protesta de trabajadores, campesinos y estudiantes, y actúan en los barrios populares, haciendo “limpieza”, que ellos llaman “social”; siempre tranquilos, protegidos y pagados por el estado alterno e invisible de las «fuerzas oscuras». Ya los muchachos de los barrios donde la pobreza es el trauma, no tienen vida tranquila ni en el día ni en la noche. Se les prohíbe compartir en grupo. Tienen que “guardarse” después de las nueve de la noche, y en algunos sectores después de las siete, por el terror impune que amenaza con asesinarlos.

Claro, allí esos tipos se presentan como grupos de seguridad, un pleonasmo de “bacrim”, el verdadero logro del gobierno anterior que sigue vivo en el actual, y es con esa mampara que actúan. Gerson, el Totti, el muchacho de la comunidad de San Cristóbal, genio del grafiti, de los amigos y de la música, fue asesinado en esa tramoya, por ser rebelde y buscarle espacios culturales y políticos al laberinto de la miseria.

Es curioso. Se fue a un paseo con algunos amigos, al cerro, donde hacía rato no subía, y allí, al sitio exacto, llegaron los encapuchados, y solo lo mataron a él, por la espalda, sin robarlo. Nuestros jóvenes llenos de sueños mueren y la “seguridad democrática” sigue viva matando; con un presidente hablando de paz y un ex presidente reivindicando su oprobioso gobierno y diciéndonos, con marionetas impostadas, que hay que volverlo a elegir.

Lo grave es que eso no pasa solo en el sector de San Cristóbal en Bogotá; es la radiografía de los barrios populares del país; es la tragedia de Buenaventura, de Tumaco, del Rincón del Mar en Sucre, y de muchos lugares donde el ejército hace presencia. La táctica es simple, mantener a la población en la ignorancia y el terror, y eliminar a los jóvenes que se rebelen frente a la situación de miseria y opresión que vive el país.

Muchos de los caídos en la tramoya no han sido objeto de seguimientos; de pronto ni siquiera de chuzadas a sus teléfonos de escasos minutos, tampoco a sus casas sin computador, e incluso sin luz y sin agua. Es la infiltración permanente a los movimientos populares y a los partidos de izquierda lo que puede explicar no solo el asesinato sistemático de sus líderes y militantes; también es esa una de las razones fundamentales del endémico estancamiento de las organizaciones populares.

A la izquierda no solo se le ha masacrado abiertamente, como ocurrió con la UP, sino que se le sigue masacrando sistemáticamente con el asesinato selectivo de sus activistas y dirigentes. Por eso, no es tanto la obsolescencia de las ideas lo que impide que la opción política de izquierda progrese; el problema real es que a la gente receptora de estas ideas de oposición al sistema la siguen matando. El delito es simple: darse cuenta de que en la desigualdad social, sostenida por el sistema político que nos rige, está la causa de la miseria que nos agobia.