El alza de la tarifa de Transmilenio y la actitud de algunos compatriotas

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Foto: Transmilenio via photopin (license)

Es lamentable que entre compatriotas se ataque a quien protesta sabiendo que su condición es similar, sabiendo que dicha medida los afecta por igual. Es una actitud sumisa ante las decisiones de los poderosos y parece una aversión espontánea a todo lo que se asemeje a la protesta social.

Foto: Transmilenio via photopin (license)
Foto: Transmilenio via photopin (license)

Andrés Felipe Manosalva Correa

¿Arribistas? No sé si llamarlos así, pero las reacciones de parte de la ciudadanía frente al aumento del precio del pasaje de Transmilenio es desconcertante. Bastó que una agrupación estudiantil se quejara de dicho aumento diciendo que el debate ahora estaba entre “si se almorzaba o se pagaba el pasaje de Transmilenio, o si se compraban las fotocopias o se tomaba el SITP”, para que algunos comentaran: “pero para la marihuana sí tienen” o “para gastar dinero en cerveza no hay reparos”.

En respuesta a este sector de la sociedad, en primer lugar, habría que aclarar que ni los estudiantes, ni los trabajadores, ni los empresarios, ni los desempleados son máquinas, y que el ocio hace parte fundamental de la vida del ser humano. Algunos optan por ver televisión, otros por ir al fútbol, hay quienes van a teatro o cine, familias o parejas salen a comer a un restaurante o al puesto de empanadas de la esquina y otros se toman sus cervezas o se fuman sus “porritos”, y hacerlo, siempre que no afecte a los demás, hace parte del libre desarrollo de la personalidad y tiene un costo monetario.

¡Claro! Hay prioridades, la gran mayoría de los estudiantes o trabajadores (no todos) sabe que antes de ingerir alcohol o comprar su entrada para el cine, debe invertir en el pago del arriendo, en la alimentación y en el transporte para dirigirse a sus lugares de estudio o trabajo. Que sí el precio del arriendo, de la canasta familiar o del transporte público sube, se tendrán que apretar el cinturón y disminuir gastos en otros aspectos (como el ocio). Por eso es legítima la protesta ante el nuevo precio de Transmilenio, y más cuando muchos, no recortan precisamente su presupuesto para el ocio, sino el de su alimentación o vestido.

Parece que muchos detrás de un computador desconocieran que el auxilio de transporte es menor al costo de los pasajes del mes; parece que no supieran las peripecias que viven muchos estudiantes para poder acceder a los materiales de estudio, parece que muchos no supieran que algunos ni siquiera almuerzan todos los días. Si bien, los estudiantes universitarios siguen siendo una minoría respecto a los que no pueden acceder a la educación superior, esto no quiere decir que tengan una vida cómoda, pues gran parte de estos financian sus estudios con el Icetex o con otras entidades.

De otro lado, solo basta echar un vistazo en universidades públicas o privadas para observar que los que consumen marihuana son tan solo una minoría respecto a los que se encuentran en bibliotecas o en clase. Que a pesar de todas las limitaciones son más los que logran sus objetivos académicos que los que desertan. Si, en la vida universitaria los tiempos de esparcimiento y las libertades son mayores, pero de ahí a catalogar al universitario de marihuanero y alcohólico… sin duda es miope y arribista dicha estigmatización.

Más allá de la crítica a la nueva administración de la ciudad, que para “recuperar” las finanzas del negocio de Transmilenio subió de un solo golpe 200 pesos la tarifa (algo nunca antes visto), la crítica es a la ciudadanía pasiva (o cómplice) frente a estas medidas, pues en vez de alzar su voz de protesta, ataca de forma despectiva a quien sí se atreve a hacerlo. Reitero, la queja es legítima venga del sector que venga, sea por parte de estudiantes que consumen o no consumen marihuana o alcohol, pues la vida no se debe limitar a sobrevivir con lo estrictamente necesario, ni se debe vivir como lo dictan los supuestos “adalides de la moral”.

¿Arribistas? Parece que si. Es lamentable que entre compatriotas se ataque a quien protesta sabiendo que su condición es similar, sabiendo que dicha medida los afecta por igual. Es una actitud sumisa ante las decisiones de los poderosos y parece una aversión espontánea a todo lo que se asemeje a la protesta social. Es la lógica muy generalizada del “sálvese quien pueda”…

Pdta: Que no nos vengan con el cuento de que el aumento de la tarifa se debe a los “colados”, que no culpen más a los ciudadanos del costoso y mal servicio de Transmilenio.