Con la lámpara de Diógenes: Poder y resistencia

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Ana Sofía Mesa, ex rectora de la Universidad del Atlántico

¿Por qué si la tendencia humana es a ser libre, a vivir en comunidad de iguales y buscar el bienestar de todos, aún perduran quienes prefieren un orden disciplinario, excluyente y discriminador que vigila a la mayoría para que una minoría siga usufructuado el dominio del poder?

Ana Sofía Mesa, ex rectora de la Universidad del Atlántico
Ana Sofía Mesa, ex rectora de la Universidad del Atlántico

Rubén Darío Arroyo Osorio

Con esta diada de interrelaciones Michel Foucault enseña que históricamente el dominio del poder político no ha sido una situación en la que unas fuerzas se imponen y otras se someten sin confrontación alguna. Su expresión conocida para este fenómeno es “donde hay poder hay resistencias”.

No obstante que la dominación de ese poder sobre los gobernados se metamorfosea en las relaciones económicas y sociales a través de las instituciones jurídicas, sociales, religiosas, culturales, que además otorgan al gobernante en su persona y en su cuerpo un poder sobrenatural, al límite de la idolatría que los llamados “aparatos ideológicos del estado” (Althusser) proliferan especialmente en los regímenes monárquicos, dictatoriales, autoritarios, antidemocráticos, tarde o temprano en el gran conglomerado social van surgiendo atisbos de inconformidades, rechazos a la manipulación y atropello de la dignidad humana hasta alcanzar distintas formas de organización y confrontación a ese dominio sobre la mayoría: revueltas de esclavos, guerras civiles y revoluciones sociales son muestra fehaciente de ello.

Esa ha sido la línea de demarcación de los cambios sociales y la caída de los imperios, las tiranías en el curso del tiempo de la historia humana. Pero, ¿por qué si la tendencia humana es a ser libre, a vivir en comunidad de iguales y buscar el bienestar de todos, aún perduran quienes, aun en contra de su bienestar, prefieren un orden disciplinario, excluyente y discriminador que vigila a la mayoría para que una minoría siga usufructuado el dominio del poder para su provecho?

El panóptico como metáfora de un poder es para Foucault la integración del Estado, la Policía, la burocracia, los monopolios, la familia, la escuela; todos ellos funcionando como grandes panópticos de fiscalización y control cotidianamente desplegado por quienes ejercen el poder, sobre los que lo padecen en sus actividades vitales: económicas, sentimentales, afectivas, pensamiento crítico que tuvieren, serán remplazados por la imposición de dogmas y fundamentalismo que incluso los dañan a ellos mismos: fe, temor, traición, delación, sumisión y castigo que doblegan a los sometidos por “El Gran Hermano” supuestamente protector.

Con violencia, armas e ideología alienante se completa este cuadro indigno, pero, ¿cómo en una universidad pública como la del Atlántico, donde soñamos, y hemos luchado para contribuir a construir una patria libre, soberana, equitativa, humana, para todos, y se respira hoy un ambiente democrático y de probidad administrativa, algunos estudiantes, trabajadores y docentes expresen nostalgia por las cadenas que dejó Ana Sofía Mesa, nuevamente investigada por su nefasta administración que la ministra de Educación Gina Parody pretende reconstruir con la disciplina de perros que se impuso en nuestra Universidad? He ahí la intención provocadora de esta reflexión.