Columna libre: Las alternativas electorales

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Foto: Globovisión via photopin cc

Rodrigo López Oviedo

Una importante característica de todo proceso electoral, al menos entre nosotros, es la existencia de dos tipos de candidatos: los que quieren el favor de las urnas para buscar que prevalezcan los intereses de su clase o sector de clase y los que solo andan tras sus intereses particulares, casi siempre representados en dietas, contratos, puestos, influencias, o todos los anteriores. Estos candidatos generalmente reciben financiación de los primeros a cambio secundarlos en sus iniciativas.

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Descubrir y desenmascarar a estos últimos debería ser tarea de todo ciudadano honrado; pero en un medio tan dado a resolver los pleitos políticos a través de la violencia, realizarla entraña un riesgo tan grande que casi nadie lo asume. Por eso solo queda la alternativa de las urnas, que es donde deben premiarse o castigarse las conductas y propuestas de los elegibles.

En la presente contienda electoral, el debate en torno a la paz ha venido tomando cada vez más fuerza. Pero no tanto buscando ganar partidarios para ella, pues cada vez es mayor la simpatía que ha ganado entre los colombianos, y defender lo contrario sería tanto como renunciar a miles de votos. El dilema real es el que se da entre sus partidarios sinceros y los que juegan a ella como una simple mascarada, sin el propósito de revestirla de los cambios sociales y políticos indispensables para que perdure. Los primeros buscan la paz para la vida digna. Los segundos, la paz de los sepulcros.

Para que la paz perdure se necesitan cambios políticos que garanticen la transparencia en el juego democrático; que no haya fraude, compra de votos, presiones con puestos ni contratos; que todas las candidaturas estén en pie de igualdad ante los medios; que no haya participación de recursos privados en la financiación de las campañas ni costosos trámites para obtener la financiación oficial; que haya fiscalización para que la conducta de los elegidos corresponda a sus promesas. En fin, que las urnas sean el reflejo fiel del pensamiento de los electores y de la orientación sobre el rumbo que quieren darle al país.

Pero también se necesitan cambios sociales que permitan a cada quien administrar su propia vida. Esto implica trabajo digno; salarios que permitan elevar constantemente la calidad de vida; acceso gratuito y sin ninguna traba a todos los derechos consagrados en la Carta Constitucional, sobre todo a los de salud, educación, recreación, ambiente sano y servicios públicos domiciliarios.

No se trata de imposibles. El ibaguereño Carlos Lozano (candidato 38 de Alianza Verde para el Senado) y los numerosos representantes a la Cámara que elegirá la Unión Patriótica así lo demostrarán. Démosles nuestro respaldo.