Colombia, cada vez más dependiente

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cerromatosoNelson Fajardo

Después de un largo ciclo de acumulación primitiva y violenta de capital dinero, que en Colombia lleva aproximadamente 28 años, parece, por ahora, haber llegado a su punto límite.

Si tomamos como referentes de inicio y finalización, 1984 (Inicios de la Unión Patriótica) y 2012 (Inicios de nuevos diálogos entre el Estado y la Insurgencia Armada en Colombia, a través del conocido “Acuerdo General”).

Son 28 años en los cuales esas formas primitivas de acumulación dominaron y aseguraron una alta acumulación de capital dinero, que revierte, en el largo plazo, en la recomposición de los capitales. Esto lo demuestra el paso del uribismo (capitales emergentes narco mafiosos y paramilitares) hacia el santismo (capitales tradicionales y modernos ligados a las transnacionales).

Después de ese largo ciclo de acumulación, viene un avalancha de inversiones de ese capital en las más variadas actividades económicas, para expandir las relaciones de dominación y de poder del capital; pero al mismo tiempo para camuflar y mimetizar la imagen sobre la procedencia de esos capitales emergentes, que se articulan al circuito económico del mismo capital.

En Colombia, esa expansión del capital ha tenido un freno histórico, que no la deja avanzar, cual es el bajo desarrollo de la infraestructura del país; situación que atrasa la circulación veloz de las mercancías, tanto producidas al interior, como aquellas que son importadas. De esta situación hay conciencia en los grandes capitales, ligados a los procesos de transnacionalización crecientes, y que tienen en los megaproyectos su salida para superar ese freno histórico. En esa dirección, la Agencia Nacional de Infraestructura informa, que tan sólo para carreteras, el país necesita una inversión de 40 billones de pesos.

Transnacionalización de la infraestructura

Para poder alcanzar los recursos de inversión, se ha logrado fusionar abiertamente capitales privados con capital estatal, en lo que se conoce como la Ley de Asociaciones Público-Privadas (APP), ley cuyos propósitos consisten en gestionar recursos, para invertir, a través de concesiones, en proyectos específicos, tales como los relacionados con la infraestructura.

A partir del estímulo a la inversión por medio de la APP, ya se han establecido en Colombia algunos fondos importantes, como Brookfield, Ashmore y Darby, entre otros. Estos fondos, cuando son de origen transnacional, se instalan en el país, por cuanto los grandes concesionarios actuales sumados, reúnen escasamente dos billones de pesos. Suma irrisoria frente a la enorme demanda de recursos de inversión que exige la infraestructura. Para solucionar esa situación, se vincularán a esos fondos los mercados de capitales y los fondos de pensiones, que suman 114 billones de pesos y su naturaleza permite inversiones de largo plazo. Es decir, el problema no es dinero, pues se busca combinar el uso de capital privado con el uso del fondo pensional (de los trabajadores), para dichos fines.

Esta es una muestra clara de grandes inversiones, necesarias para el impulso de un capitalismo, altamente transnacionalizado y dependiente, en el que el capital privado invierte en infraestructura, pero protegiendo dicha inversión con recursos del Estado. Ahora bien, dicha medida de seguridad se hace porque el problema del sector infraestructura radica en cómo lograr que los recursos fluyan hacia los objetivos planificados y no se desvíen; es decir, cómo lograr óptimas condiciones de financiación y una buena asignación de los recursos[1. .¡Plata sí hay!, Introducción/Financiación, Revista Dinero, noviembre 9 de 2012, páginas 20 y 21.].

Empresas agroexportadoras

Efectivamente, la burguesía transnacionalizada tiene que ampliar la reproducción del capital, pero lo está haciendo elevando la inversión en empresas agroexportadoras, que si bien generan rentabilidad, ésta es limitada y supeditada al comportamiento cíclico del capital, que a nivel mundial atraviesa por un estado de crisis, con dificultades de recuperación en el corto plazo. Posición que va en contravía de la necesidad que tiene Colombia de ampliar la reproducción del capital, a partir de fortalecer la industria nacional con recursos propios de esa acumulación primitiva, que permita orientarlos hacia la importación de bienes de capital, para elevar la capacidad productiva y con ella, la infraestructura necesaria para cohesionar la nación.

Este desfase entre recursos propios de bajo volumen, una masa de capitales muy amplia y recursos de los trabajadores, bajo control del capital, son tres estados que requieren el movimiento de los mismos para poder consolidar la nueva fase, en medio de una crisis mundial del capital profunda. Así, estamos transitando hacia una estabilización del funcionamiento de la ley de la acumulación capitalista, en medio de grandes conflictos y contradicciones en el plano internacional y regional, que abre espacios a una sobreexplotación de los trabajadores, facilitada por su baja o nula organización. Nos referimos a la nueva generación de trabajadores, totalmente flexibilizados e individualizados, con una conciencia de clase muy reducida al economicismo y la subsistencia.