Celebrar, conmemorar y pensar

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Foto: Wolayta Women, Ethiopia via photopin (license)

Tenemos que conmemorar, es decir, recordar juntos(as). Y, recordar es volver a pasar por el corazón. Esta vez recordaremos los hechos que “nos han roto el corazón como si fuera un tiesto”, como los feminicidios, las ilusiones rotas, las utopías atacadas con bombas y cañones.

Foto: Wolayta Women, Ethiopia via photopin (license)
Foto: Wolayta Women, Ethiopia via photopin (license)

Patricia Ariza

En medio de la peor de la crisis, a la cuál algunos se refieren ya como la crisis civilizatoria, en el corazón del tiempo de todas las agresiones contra las y los pobres del mundo, nos preparamos en este país de ríos y flores para conmemorar y celebrar el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, de las mujeres. Nadie nos puede quitar el derecho a celebrar la vida por cada uno de los logros conquistados por las mujeres que nos han precedido. Las que tenemos voz, tenemos que hablar de los cambios sociales imprescindibles. No nos basta ya con recapitular el dolor. Tenemos que bailar y cantar porque hemos demostrado que somos capaces de transformar el dolor en fuerza, en poesía y en fiesta.

Tenemos que conmemorar, es decir, recordar juntos(as). Y, recordar es volver a pasar por el corazón. Esta vez recordaremos los hechos que “nos han roto el corazón como si fuera un tiesto”, como los feminicidios, las ilusiones rotas, las utopías atacadas con bombas y cañones.

Necesitamos, en honor a las mujeres y a la vida, hacer el duelo por tanto daño infringido a la vida humana en la tierra y por el daño a las mujeres que nos hemos dedicado a cuidar el mundo. Nada de lo que las mujeres hagamos de ahora en adelante puede estar desconectado de la protección de la humanidad. Porque es la tierra la que está siendo amenazada. La alianza entre el capital y el patriarcado está llevando a los imperios a la demencia de acabar con todo, con los pueblos que viven sobre piedras preciosas, con los países que tienen petróleo, con la gente que lucha por la libertad, con las abejas que polinizan la tierra, con las semillas y los árboles. Y con el agua. Lo devoran todo y si no se está de acuerdo, clavan la bayoneta del terror para sembrar el odio y el miedo.

En ese panorama nos toca construir la paz y la construiremos. Nos toca defendernos de la violencia patriarcal y nos defendemos. Estas violencias van del aniquilamiento al golpe, de la exclusión al desprecio y a la negación. Por eso tenemos la obligación de surgir con la experiencia y la sabiduría a las preguntas por el destino de la humanidad.

Un lugar y un pensamiento

En los tiempos del ruido que corren, además de la celebración y del duelo, tenemos sobre todo, que construir pensamiento decolonial que nos ayude a sentir que somos de un lugar, el más atacado, el más deseado porque está lleno de riquezas. Ese lugar es nuestra América, es la región de Manuela Sáenz, una mujer que peleó por la independencia, a la vez que se reconocía como mujer. Ligar nuestro reconocimiento a las mujeres, nuestro júbilo por serlo a la búsqueda de un lugar digno en la tierra, de una región que hoy se debate entre ser libre o despedazada. Eso le da un profundo sentido a nuestro júbilo y al duelo.

Estas palabras están escritas después de un horrendo atentado en París que ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de los y las civiles, que ante esta crisis han quedado a merced de las bombas cuyo estallido no es solo sobre los cuerpos inermes sino que lavan cerebros y sacan a flote lo peor y lo mejor de los humanos.

Una gente seducida por los medios afecta a los gobiernos imperiales y clama venganza y se alegra de la retaliación a pueblos y personas. Lo que esconde oscuros intereses como pasó en Afganistán en Irak y ahora en Siria. Allá no iban por la justicia, iban por el petróleo. No puedo escribir estas palabras sin pensar en las mujeres de estos lugares, en las que hacen resistencia, en las kurdas, las migrantes, las excluidas por su religión y su cultura. Todas son hoy más vulnerables que antes, además de excluidas están bajo sospecha terrorista.

Salidas iluminadoras

El capitalismo patriarcal e imperial llegó a sus límites y se sobrepasó. Llevó a la humanidad al límite. Estamos al borde de una tercera guerra mundial que quizás se sepa como empieza pero no como termina. Los imperios parecen ser algo indetenible porque se han apropiado de las riquezas y de la seducción mediática que lo maneja todo. Eso no puede ser irreparable. Tenemos que entrar las mujeres con todo nuestro acumulado político y social al debate y buscar salidas iluminadoras.

El hecho de que estemos en un proceso tan complejo como el de esta paz de Colombia, esquiva y dura, nos da una oportunidad de ser de un país que conoce la oscuridad y la luz porque hemos visto de cerca el dolor y la muerte. Y, como Antígona no hemos cesado de reclamar por los hermanos muertos. Y, a la vez hemos gritado como ella que “no nacimos para compartir el odio”.

Conocemos la luz en este país. Son centenares las mujeres que están al frente de procesos de resistencia, defensoras de derechos humanos, madres que han denunciado los falsos positivos, que han logrado convertir el dolor en fuerza. No es iluso decir que tenemos la oportunidad de encontrar salidas iluminadoras para el país y para el mundo en el gran debate de ideas que representa construir la paz.