Carta Democrática: Otra versión del TIAR

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Luis Almagro, secretario general de la OEA.

La aplicación de la llamada Carta Democrática es un abierto desafío a la soberanía nacional de Venezuela. Luis Almagro, secretario general de la OEA, quiere facilitar la intervención gringa. Los países del Caribe y varios de Sur y Centroamérica se oponen. Grosera intervención de la OEA

Luis Almagro, secretario general de la OEA.
Luis Almagro, secretario general de la OEA.

Editorial del Semanario VOZ

El 11 de septiembre de 2001, el mismo día del cruento atentado contra las Torres Gemelas en el centro de Nueva York, en Lima, capital de Perú, fue aprobada a la carrera y sin mayor discusión, la llamada Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA). Según esta, el secretario general o un grupo de países miembros, puede solicitar su aplicación cuando un país asociado entre en “ruptura del orden constitucional o en alteración del orden público institucional que pongan en peligro las libertades y la democracia”.

Son apenas los buenos deseos porque la “Carta Democrática” nunca se aplicó en el hemisferio ni cuando el presidente Zelaya fue derrocado en Honduras y, menos aún, en los golpes de estado por los congresos de sus países contra Fernando Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil, que desconocieron la voluntad popular y por ende el orden constitucional.

Ahora Luis Almagro, secretario general de la OEA, un simple cachorro del imperio, como solía llamar a estos personajillos el célebre presidente Hugo Rafael Chávez Frías, corre, para hacerle el mandado a Washington, a invocar el esperpento que debe ser aplicado al gobierno de Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela.

Almagro en un extenso documento, elaborado por la oposición venezolana y corregido en el Departamento de Estado en Washington, convoca al Consejo Permanente de la OEA el que debe decidir la aplicación del mencionado instrumento, que llevaría a la expulsión de Venezuela de la organización regional tutelada por los gringos y abriría la puerta a la intervención extranjera, incluyendo armada. Semejante adefesio podría conducir a la guerra civil en el vecino y hermano país. El documento de Almagro no solo es provocador sino demencial y criminal.

La OEA siempre ha sido una especie de ministerio de colonias yanqui, como lo definió en su tiempo el comandante Fidel Castro, venido a menos con los cambios en América Latina y el Caribe, que dieron lugar a nuevas realidades como la Celac y Unasur, entre otras, sin la presencia yanqui, y que precisamente hoy son el blanco de la derecha continental y mundial con los procesos regresivos aupados desde el imperio para liquidarlos.

En buena medida la “Carta Democrática” es vieja herencia de la guerra fría anticomunista y antidemocrática, complemento del Tratado (militar) Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento intervencionista de la política imperialista de los Estados Unidos con el acompañamiento de sus países lacayos. El TIAR es obsoleto, parte de una política anacrónica, pero aún puede ser esgrimido por el imperio para atacar a los países que no se someten a sus designios y a su férula de dominación.

La OEA representa esa vieja política. Con razón Cuba, que adelanta un proceso de acercamiento y normalización de las relaciones con Estados Unidos, no tiene interés en regresar a ese organismo del cual fue expulsada. No trasnocha a Cuba el regreso a la OEA, instrumento innecesario en la política internacional. Es un organismo del pasado, de un viejo orden continental que ha cambiado pese a la contraofensiva derechista contra los procesos emancipatorios y democráticos.

Pero no la tiene fácil el funesto Almagro. Los países del Caribe, en su mayoría están con Venezuela, al igual que buena parte de Sudamérica y Centroamérica. No van a permitir la ruptura institucional en Venezuela donde una oposición criminal y financiada desde el exterior pretende cortar de raíz a la revolución bolivariana, con la aplicación de una carta que no tiene nada de democrática sino que es lo contrario, antidemocrática por su esencia de dominación, arbitrariedad y vasallaje.

Es el momento de la solidaridad con el hermano país. Unirse sin vacilaciones en la defensa de la revolución bolivariana y de las enormes conquistas sociales y populares desde cuando accedió al poder Hugo Rafael Chávez Frías. Es lo que molesta a Estados Unidos y a sus satélites, van en regresión de las reformas antineoliberales y de justicia social. No quepa la menor duda.