A 65 años del 9 de abril de 1948: Marcha el pueblo consciente y organizadamente

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José Ramón Llanos

En la historia de los pueblos hay fechas emblemáticas que permanecen en la memoria colectiva, que son motivos de celebración o de conmemoración luctuosa o que motivan rechazo o repudio, tal ocurre con el 9 de abril. Dada la naturaleza de lo ocurrido ese día de 1948, la conmemoración tiene suma complejidad: por un lado se deplora el asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán, sin lugar a dudas la personalidad política más democrática y de mayor arraigo popular de la primera mitad del siglo XX en Colombia.

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Si exceptuamos a los líderes comunistas, Gaitán elaboró el discurso más antioligárquico y antiimperialista en nuestro país en esa época. Por otro aspecto del acontecimiento, es digno de su análisis la reacción del pueblo y las acciones del gobierno.

Según los demógrafos, Colombia en 1948 tenía un poco más de 10 millones de habitantes. La mayor parte de ellos vivía en el sector rural, 62% moraban en el campo y 38% en las ciudades. Era un país muy mal comunicado. Prácticamente la única vía de comunicación entre la capital, la región Andina y los puertos del Caribe era el río Magdalena. Las vías férreas complementaban las comunicaciones, de 1.504 kilómetros de rieles tendidos en 1930 se pasó a 3.357 kilómetros de vías férreas de trochas angostas en 1948.

Las exportaciones de petróleo y banano estaban en manos de empresas norteamericanas. Los servicios públicos, acueductos, energía, ferrocarriles y teléfonos eran explotados por inversionistas ingleses y estadounidenses. El mayor renglón de exportación, el café. Finalmente las mayores utilidades las recibían los industriales europeos y yanquis que procesaban el grano para llevarlo hasta el consumidor en todo el mundo.

La alta concentración de la riqueza

Las empresas industriales más desarrolladas no sólo estaban concentradas en cuatro o cinco ciudades, sino que además su propiedad la detentaba un pequeño número de propietarios, los cuales, dado el proteccionismo imperante, derivaban porcentajes de utilidades superiores al 200%, según las estadísticas citadas por Luis Emiro Valencia (El pensamiento económico de Jorge Eliécer Gaitán. Ediciones Desde Abajo. Colombia 2008).

Los grandes latifundistas, como en la época feudal, tenían también el monopolio del poder político regional, por encima de las leyes y aun de las normas constitucionales. A este poder político debemos sumarle la omnipotente capacidad manipuladora de la Iglesia, puesta al servicio de los terratenientes.

Contra esta situación absurda reinante en el país, luchaba Jorge Eliécer Gaitán. Su accionar político ponía en peligro el statu quo que beneficiaba al empresariado y las familias latifundistas. Los beneficiarios de ese estado de cosas eran conscientes de que, como afirma Pedro Gómez Valderrama: “Cuando Gaitán decía: ‘Yo no soy un hombre, yo soy un pueblo’, tenía la conciencia de ser un ariete para romper las viejas estructuras, tenía la fe permanente en el pueblo…”. El riesgo de esos cambios lo eliminaron los usufructuarios del poder antidemocrático, asesinando a Jorge Eliécer Gaitán.

La eclosión popular

Durante la primera mitad del siglo XX, nunca se vivió en nuestra patria una reacción de rechazo y repudio del pueblo contra una agresión de la extrema derecha como la que se desató el 9 de abril por el magnicidio del fundador de la UNIR. Desde el más pequeño caserío hasta la capital de la república, conocieron la furia huracanada del pueblo, incluso la policía se unió a las masas y puso sus fusiles y otros armamentos a disposición de los protestantes.

En esta ocasión debemos recordar y valorar la importancia de las distintas formas de manifestarse la ira popular cuando sacrifican a uno de sus líderes. Se deben sacar enseñanzas también de la audacia y habilidad de los dirigentes del régimen para desviar los objetivos del pueblo hacia el pillaje y en esta forma evitar la toma de espacios estratégicos para garantizar la toma del poder por parte de los líderes revolucionarios.

El otro movimiento táctico de Mariano Ospina Pérez para reprimir y debelar el movimiento de las masas contra su gobierno fue tentar a los líderes liberales -muchos de ellos antigaitanistas- con participación en el gabinete y en esa forma darle más legitimidad a la cruenta represión que asoló al país. Con el descaro más insólito, la Dirección Nacional Liberal traicionó al pueblo que luchaba en las calles de Colombia contra el régimen asesino y aceptó los cargos que le ofrecieron.

A partir de esa traición, los jefes liberales entran a participar de las componendas anticomunistas urdidas por los Estados Unidos. Darío Echandía, ministro de Gobierno, quien en los años 30 posaba de ser marxista, contribuyó a difundir la consigna elaborada por los gringos: “…hay que reprimir para salvar la patria del comunismo”.

La brutal represión a sangre y fuego, el masivo encarcelamiento, los tribunales militares de juicio sumarísimos y la desmoralización de las masas gaitanistas causada por la traición de los caudillos liberales hicieron posible someter al pueblo insurrecto. Un elemento que debe tenerse en cuenta también para explicar por qué la fuerza del movimiento y su carácter generalizado no culminó exitosamente fue el poco desarrollo del Partido Comunista Colombiano, que en esa época fue definido con precisión por Gilberto Vieira: “decir que el 9 de abril (el Partido Comunista) no era más que una gota de agua en medio de un mar embravecido, es definir exactamente las cosas”.

El 9 de abril

Álvaro Vásquez del Real es, sin lugar a dudas el analista político que hizo la más certera caracterización de los acontecimientos del mes de abril de 1948. Al respecto afirma:

Se trató de un alzamiento de masas urbanas contra la reacción política y sus métodos sanguinarios contra los dirigentes populares.

Llegó hasta el punto de armar a las masas, decretar un paro general, combatir en las calles contra las fuerzas oficiales y sacrificar a miles de luchadores que murieron sin alcanzar a percibir el significado de su derrota.

La violencia de la clase dominante y las respuestas de las masas encierran un preanuncio de lo que vendría después: una etapa de defensa de las masas contra la violencia de las fuerzas militares unidas a las bandas de “pájaros”, una lenta y dolorosa configuración de organizaciones armadas sobre todo agrarias, hasta la formación de los actuales grupos guerrilleros. (Revista Taller. Marzo 20, 2008)

Recordemos que los pueblos no solo aprenden de sus victorias, también aprenden de sus experiencias dolorosas, de sus derrotas, por eso este 9 de abril, el pueblo colombiano marchará consciente de su fuerza, de su poder cuando lucha unido y sólidamente organizado, para decirle a las fuerzas de la extrema derecha que saldrá a las calles de Colombia cada vez que el objetivo de la paz esté en peligro o si la clase gobernante pretende obtenerla, sin garantizar las condiciones para que los dirigentes populares y revolucionarios utilicen los instrumentos políticos para llevar a las masas sus propuestas de cambios para lograr la equidad social, la real democratización del país y nuestra plena soberanía.