El empeño de la oposición de exigir unas veces la renuncia de Maduro, otras alentando complots para asesinarlo, o pidiendo la intervención de fuerzas extranjeras, en general, fracasó
Ricardo Arenales
En los últimos meses, Venezuela dejó de ocupar las primeras planas y titulares destacados en la prensa corporativa occidental. Su economía se ha estabilizado, saliendo de la superinflación. Hay indicios de mejoras en el nivel de vida de los venezolanos, se revierte la tendencia a la emigración y, por el contrario, un grupo importante de compatriotas regresa a la patria.
Pero esto no es noticia para los grandes medios. Prefieren hablar de desastres económicos, de que el gobierno de Maduro es impopular, de que la oposición ‘democrática’ va a triunfar inexorablemente. Y como son pompas de jabón, las noticias no han tenido mucho despliegue. Hasta los primeros días de julio, en que Venezuela volvió a ocupar las primeras planas.
El primero de julio, el presidente Nicolás Maduro anunció que su gobierno decidió aceptar una propuesta de Estados Unidos de reanudar conversaciones directas entre las dos partes, con miras al cumplimiento de un conjunto de acuerdos que habían suscrito en Catar, en un encuentro anterior de buena voluntad.
Recomponer el diálogo
En 2023, representantes de Caracas y Washington, bajo los auspicios del gobierno catarí, coincidieron en Doha en la urgencia de avanzar en la recomposición de sus relaciones. Los intercambios de opiniones tuvieron dos ejes: el levantamiento de las sanciones coercitivas unilaterales (sanciones) y la reanudación del diálogo con el sector más recalcitrante y retardatario de la oposición.
En esta ocasión, fue el propio mandatario venezolano quien dio la noticia: “Luego de pensarlo durante dos meses he aceptado, y el próximo miércoles (3 de julio) se reinician las conversaciones con el gobierno de Estados Unidos, para que cumpla los acuerdos firmados en Catar y para restablecer los términos del diálogo con respeto, sin manipulaciones”, dijo el mandatario en su programa televisivo.
El jefe de Estado venezolano demandó que los diálogos “sean públicos”, porque en el pasado, Caracas y Washington mantuvieron conversaciones secretas, pero desde la Casa Blanca filtraron contenido falso atribuido a los intercambios. “Ellos tratan de favorecerse para hacernos daño y sacan versiones que no son verdaderas”, denunció el mandatario.
Estabilidad política
“Yo quiero superar este conflicto de suma cero, de confrontación brutal y estéril con ellos, con el norte”, aseguró a renglón seguido. Con Estados Unidos quiero “diálogo”, “entendimiento” y “futuro” en los nexos bilaterales, “bajo la soberanía absoluta y la independencia de Venezuela”. “A Venezuela la tienen que respetar”, dijo Maduro, quien precisó que la delegación venezolana para los diálogos estará encabezada por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y por el gobernador del Estado de Miranda, Héctor Rodríguez Castro.
Con las sanciones que, en particular, la Casa Blanca ha impuesto al presidente Maduro, los sectores más radicales de la derecha, que en el pasado dinamitaron el camino electoral que hoy se impone, se frotan las manos ante el ascenso que ha tenido la candidatura de Donald Trump en Estados Unidos, y esperan un escenario que les permita obtener licencia para una especie de ‘linchamiento’ contra el chavismo.
El anuncio de Maduro coincide con el inicio, oficialmente, de la campaña electoral. Después de casi una década, este 28 de julio todos los sectores políticos, sin excepción, participarán en unos comicios que definirán el futuro del país en los próximos seis años.
El empeño de la oposición de exigir unas veces la renuncia de Maduro, otras alentando complots para asesinarlo, o pidiendo la intervención de fuerzas extranjeras, en general fracasó. Ahora han decidido ejercer la práctica electoral, en un ambiente de plenas garantías, confirmando la tendencia a la estabilización política en Venezuela.