viernes, abril 4, 2025
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Reformar la ONU ahora

Las Naciones Unidas ya no inspiran respeto entre los gobiernos y los pueblos. Es urgente una reforma que implica también la necesidad de reformar los foros multilaterales, para que cumplan con la misión para la cual fueron creados

Ricardo Arenales

En dos escenarios: en la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas, y esta semana, en las discusiones que a la comunidad internacional impone el estallido de un nuevo conflicto entre Israel y las fuerzas de la resistencia palestina a la ocupación de sus territorios, se ha planteado con fuerza el papel que cumple la Organización de las Naciones Unidas, ONU, y la necesidad de reformar este organismo.

Especialmente los países de la región denominada el Sur Global, y quienes se han venido agrupando en nuevos bloques de cooperación regional, como el G-77 más China o los BRICS, entre otros organismos, reclaman cada vez con más fuerza la necesidad de una reforma integral a la ONU.

El propio secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres ha terciado en la discusión y se inclina a favor de quienes reclaman reformas. “El mundo ha cambiado, nuestras instituciones no”. “No podemos responder eficazmente a los problemas tal como son, si las instituciones no reflejan el mundo tal como es. En lugar de resolver los problemas, corren el riesgo de convertirse en parte del problema”, precisó Guterres.

Nos quedó grande

El estadista hizo alusión a ‘crisis existenciales’ que vive el mundo, desde la crisis del clima a las ‘tecnologías disruptivas’ como la inteligencia artificial o las armas autónomas que funcionan sin control humano. Sobre este aspecto, pidió que se cree una “nueva entidad global” que contribuya a mitigar los riesgos y los beneficios para la humanidad.

“Nuestro mundo se está desquiciando. Las tensiones geopolíticas aumentan. Lo retos globales crecen. Y aparentemente somos incapaces de unirnos para responder”, advirtió Guterres.

En otro escenario, en París, donde participó en su condición de presidente pro tempore del G-77 más China, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel dijo que el mundo requiere con urgencia “un nuevo y más justo orden internacional”. “Deben replantearse las bases actuales que definen las relaciones Norte-Sur y la coexistencia en el planeta. No pasemos a la historia como los líderes que pudimos marcar la diferencia en el destino común y fuimos incapaces de lograrlo”, precisó el cubano en este foro.

Falencias

La discusión se centra alrededor de notorias incongruencias. La ONU es la única institución que reúne a la totalidad de los Estados del mundo, pero las recetas que apuntan a la solución de los grandes problemas de la humanidad no han tenido efecto alguno.

Las resoluciones de la ONU no han incidido en forma decisiva en la solución de grandes conflictos que han sacudido a la humanidad, como las pandemias, las olas migratorias o el cambio climático. Las misiones de las Naciones Unidas para grandes conflictos sociales o armados, como por ejemplo la que se envió a Haití, para citar apenas un caso, brillan por su ineptitud.

La reforma a la ONU implica también la necesidad de reformar los foros multilaterales, para que en efecto cumplan con la misión para la cual fueron convocados. Una cifra escabrosa mide de alguna manera las dimensiones del fracaso de las Naciones Unidas.

Prestigio venido a menos

“En los primeros meses de 2022, el número de personas que se vieron forzadas a huir de la guerra, la violencia y la persecución en todo el mundo superó por primera vez los cien millones”, dice un reciente informe de la Acnur (Agencia de la ONU para los refugiados). A su vez se mantienen activos medio centenar de conflictos armados en distintas partes del mundo, la mayoría de ellos silenciados, aunque la situación de violencia y expolio generalizado sea el principal motivo que lleva a los desplazamientos forzosos.

Por razones como esta, en los últimos tiempos el rol de la ONU se ha deteriorado continuamente y su influencia en los eventos globales y sobre los gobiernos se ha venido a menos. Una organización que alguna vez fue árbitro importante en el mundo ha quedado limitada por conceptos y doctrinas antiguos, que le impiden ser el organismo de gobierno global para el que fue concebida.

Ya no inspira respeto entre los gobiernos en cuestiones de legitimidad internacional, la aplicación del derecho internacional, la protección de la paz y la seguridad mundial, como lo hizo después de la segunda guerra mundial, y como sucedió después del colapso de la Unión Soviética y la caída del bloque socialista de Europa Oriental.

Durante las sesiones de la última Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de Bolivia, Luis Arce Catacora, dijo que la ONU debe mantener su carácter intergubernamental, pero sin subordinación a ningún poder hegemónico, político o militar, “porque las soluciones a los múltiples desafíos de la humanidad solo se harán realidad con el compromiso y la voluntad política de todos los países, priorizando el interés común de la humanidad, de los pueblos y de los sectores más vulnerables”.

Hegemonía en crisis

Detrás de estos argumentos, yace la idea de un “multilateralismo”, que va más allá de fortalecer los foros de encuentro o de debate y cuestiona las raíces profundas de las relaciones internacionales. Diversos observadores coinciden en señalar que estamos ante una profunda crisis de hegemonía del modelo unipolar de desarrollo, tras el fin de la Guerra Fría.

Armonizando con este debate muchos gobernantes y jefes de Estado han coincidido en foros internacionales con la apuesta por el fortalecimiento y creación de un nuevo orden mundial, que tiene que ver tanto con las relaciones internacionales como con el sistema económico vigente, que califican de injusto. El debate ha girado alrededor de una idea de desigualdad económica y política entre el Norte y el Sur.

“Se olvidaron que a nuestros países los invadieron varias veces los mismos que hablan de luchar contra invasiones. Se olvidaron que por petróleo invadieron a Irak, a Siria, a Libia”, señaló el presidente Gustavo Petro durante su intervención en la Asamblea General.

La Carta de las Naciones Unidas establece como principios fundacionales, mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar las relaciones de amistad entre las naciones, lograr la cooperación internacional en la solución de los problemas internacionales y finalmente, ser un centro para armonizar las acciones de las naciones en la consecución de estos fines.

El foro de la ONU mostró que la mayoría de socios consideran que el organismo multilateral no está atendiendo estas necesidades. Posteriormente, la vida, en su tozudez, mostró que tenían la razón. La crisis de Ucrania, y la de Palestina e Israel ahora, evidencia esta situación dramática.

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