jueves, abril 3, 2025
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Las reformas del presidente Árbenz

Las reformas de Jacobo Árbenz fueron más radicales que las de Juan José Arévalo, además habló claro: “Afirmo que el punto pragmático más importante de mi gobierno y del movimiento revolucionario de octubre es el relacionado con un cambio profundo en la atrasada producción agrícola de Guatemala

José Ramón Llanos

La Revolución de Octubre procurará “un cambio profundo en Guatemala, que ponga fin a los latifundios y entregue la tierra a miles de campesinos”.

Después de haber fracasado treinta veces en los intentos de derrocar al presidente Juan José Arévalo, elegido con el 85 por ciento de los votos emitidos en las elecciones de 1944, la CIA, aliada con la United Fruit Company, UFCO, y los latifundistas guatemaltecos, organizó la defenestración de Jacobo Árbenz Guzmán, elegido con el 65 por ciento de los votos sufragados en las elecciones de 1950.

El capitán Árbenz lideró el proceso revolucionario que derrocó a Ponce Vaides, títere que dejó en el poder el dictador Ubico en Guatemala. En la segunda quincena del mes de junio de 1944, Árbenz hizo parte de la Junta de Gobierno que dirigió a Guatemala, organizó las primeras elecciones realmente democráticas del país, en las que Juan José Arévalo es elegido presidente.

La naturaleza de la dictadura de Jorge Ubico

Jorge Ubico Castañeda fue un dictador permanente violador de los derechos humanos; utilizó el Ejército guatemalteco para ejecutar la represión y persecución contra los indígenas y los campesinos. El apoyo de Estados Unidos a este dictador no tiene ninguna justificación, ya que conocía la represión violenta de Ubico a cualquier movimiento o manifestación que reclamara democracia.

Una prueba de este conocimiento es la caracterización que hace la revista Times “La de Ubico es una de las más flagrantes tiranías mundiales”1. Otros dos historiadores estadounidenses afirman: “Ubico siguiendo los esquemas de sus predecesores, habitualmente utiliza el Ejército para intimidar a los guatemaltecos pobres y consolidar su poder. Asesinó a indígenas rebeldes y mató a líderes de trabajadores y a intelectuales y enriqueció a sus amigos.”2

Juan José Arévalo organizó, en1951, las elecciones que ganó Jacobo Árbenz, con 266.778 votos, contra 76.180 del General Miguel Idígoras Fuentes. Árbenz impuso las reformas políticas, sociales y económicas, jamás conocidas en el país.

Guatemala en los años cincuenta

Según el censo de 1950, el 2,2 por ciento de los terratenientes poseían el 70 por ciento de las tierras cultivables; la mayor inversión en la economía del país la tenían las empresas estadounidenses, más o menos 120 millones de dólares. Todo el sector industrial apenas empleaba 123 mil trabajadores y producía apenas el 14 por ciento del producto interno bruto. La agricultura aportaba casi todos los productos de exportación, encabezados por el café y el banano.

El Banco Mundial, en un informe de 300 páginas, reconocía “las desigualdades de la vida guatemalteca y la urgente necesidad de cambiarlas; imponer salarios que tuvieran en cuenta el nivel general de precios, imponer impuestos sobre las ganancias del capital, inversión pública en educación y salud”3.

Las reformas de Jacobo Árbenz fueron más radicales que las de Arévalo, además habló claro: “Afirmo que el punto   pragmático más importante de mi gobierno y del movimiento revolucionario de octubre es el relacionado con un cambio profundo en la atrasada producción agrícola de Guatemala, por medio de una reforma agraria que ponga fin a los latifundios y a las prácticas semifeudales entregando la tierra a miles de campesinos…”.

La reforma agraria de Árbenz

Guillermo Toriello como Ministro de Relaciones Exteriores

El 27 de junio de 1952, mediante el decreto 900, Árbenz inició la reforma agraria. Esta tenía como objetivo distribuir la tierra para entregarla a minifundistas y a pobres que carecían de ella. Toda propiedad mayor de 90 hectáreas, (has), que no estuviera cultivada, sería expropiada y las fincas que tuvieran entre 90 y 270 has que no cultivaran los dos tercios serían expropiadas; también fueron distribuidos los baldíos nacionales.

En total fueron asignadas a los sin tierra 600.000 has, entre 100 mil familias. Siendo consecuente con la reforma, el presidente Árbenz entregó 700 has de su propiedad y el ministro de Relaciones Exteriores, Guillermo Toriello, entregó 480 has suyas.

Además, Árbenz nacionalizó la electrificadora, también de la UFCO, construyó la carretera al Atlántico, para acabar con el monopolio de los Ferrocarriles de Centroamérica, de capital estadounidense. Mejoró los salarios y protegió el movimiento sindical. Incrementó las escuelas nocturnas, empoderó a las mujeres y estimuló el desarrollo cultural.

El historiador norteamericano Thomas Melville calificó así la bondad de la reforma agraria: “Una administración democrática, justa e imparcial de esta ley puede ir muy lejos hacia la destrucción del poder político de la minoría con sus intereses creados de terratenientes tanto nacionales como extranjeros”4.

Aporte del Partido Comunista

Aprovechando la legalización del partido, Carlos Manuel Pellecer y la dirección del partido abrieron locales donde organizar las escuelas partidarias. El nuevo secretario general propuso cambiar el nombre por el de Partido Guatemalteco del Trabajo. Los comunistas eran miembros del Departamento Nacional Agrario, organismo oficial que participaba en la distribución de la tierra. Este organismo tenía un total de 350 funcionarios, de los cuales solo 26 eran comunistas.

La valoración de Jacobo Árbenz

Después de su derrocamiento, Jacobo Árbenz, en una entrevista a la revista La Prensa Libre de San José, Costa Rica, opinó así sobre el apoyo de los comunistas: “Mi gobierno contaba también con la ayuda del Partido Obrero Guatemalteco (Partido Comunista). Hubo gran revuelo por la participación de ese partido en las actividades de mi gobierno, pero esto fue solo la excusa externa para la agresión”.

Y agregó: “Ese partido siempre se había distinguido por la intransigente defensa de todo acto del gobierno que favoreciera la clase trabajadora. Y esta acción decisiva siempre mantuvo sin desviaciones la unidad de los trabajadores a favor del gobierno”.

Los datos siguientes son una muestra de los avances que procuró el presidente Árbenz en la zona rural: en 1955, en la pequeña población de San Luis, se mejoraron las vías rurales y se construyeron puentes que permitieron por primera vez el servicio de autobús, tres veces por semana con el resto del país; el número de periódicos semanales recibidos pasó de 5 a 35. Se instaló una planta eléctrica diésel que por primera vez proporcionó alumbrado público y luz para 250 personas, la mayoría indígenas, les proporcionaba corriente a 20 radios, siete refrigeradores eléctricos y algunos molinos de maíz”.

Las escuelas aumentaron de 4 a 12 y la matrícula aumentó en más de 200 por ciento, con mayor asistencia de los niños indígenas. Llegó el cine con programación semanal. Algunas calles fueron pavimentadas.

El efecto positivo de estos cambios en una comunidad, en este caso el pueblo de San Luis, estimuló el acceso a las ideas y los debates de organismos tanto nacionales como extranjeros. Con esto, algunos pueblos por primera vez tuvieron acceso a la valoración de su situación y a pensar en términos políticos.

Así lo reconocen los autores del libro Fruta Amarga: “nuevas ideas arraigaron entre los guatemaltecos y al extenderse y al empezar a mover a la mayoría pobre del país por primera vez en la historia, los líderes del viejo orden –especialmente los que conducían el destino de la UFCO- no pudieron evitar alarmarse”5.

1 Stephen Schlesinger, Stephen Kinzer. Fruta Amarga. La CIA en Guatemala. Siglo XXI Editores, México, Colombia, p. 42.
2 Ibid. P.42.
3 Ibid. P.65.
4 Guatemala: la política de Reforma Agraria. New York. Free Press 1971.
5 Ibid. P 76
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