jueves, abril 3, 2025
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Israel: Triunfo amargo de Netanyahu

Desilusión de la población israelí con la clase política se expresó en las elecciones del pasado 22 de enero. Un partido de orientación centrista se convierte en segunda fuerza electoral

Yair Lapid, líder del partido Yesh Atid.
Yair Lapid, líder del partido Yesh Atid.

Los sectores ultraderechistas, liderados por verdaderos criminales de guerra, que probablemente tengan que comparecer ante la Corte Penal Internacional y que en política doméstica se muestran partidarios de la expulsión y desplazamiento de sus tierras del pueblo palestino fueron los ganadores de las últimas elecciones generales en Israel.

Sin embargo, el primer ministro Benjamín Netanyahu, que aspira a ser reelegido en el cargo, con su partido Likud (Consolidación), que participó en la jornada aliado al ultraderechista Yisrael Beiteinu (Israel Nuestro Hogar), obtuvo apenas 31 escaños de 120 que componen el parlamento unicameral.

Y aunque fue la fuerza electoral más votada, la alianza oficialista pasó de 42 parlamentarios a 31, lo que le significó una notable pérdida de apoyos políticos, muchos menos de los que esperaba el gobernante.

Semejantes resultados son expresión del desencanto de importantes sectores de opinión en contra de la clase política por la falta de soluciones a cada vez más numerosos problemas sociales y económicos. La paradoja es que mientras los judíos en Israel se quejan de los problemas, siguen votando por quienes anuncian continuar desarrollando una política neoliberal, con más recortes sociales para financiar la guerra.

Vías de diálogo

En declaraciones que reconocen su debilidad política, Netanyahu llamó a formar un gobierno “lo más amplio posible”. Sin embargo, el mandatario se encuentra ante la disyuntiva de aliarse con otros partidos ultraortodoxos, que representan a los colonos ocupantes de las tierras árabes o hacerlo con partidos de centro, que se muestran críticos frente al manejo del tema palestino y prefieren las vías del diálogo antes que la guerra.

Entre estas formaciones está el partido Meretz (Juntos), uno de cuyos dirigentes expresó durante la campaña que “el liderazgo de Netanyahu es una amenaza para el futuro”. Pero la sorpresa política, sin dudas, fue el repunte del partido centrista Yesh Atid, fundando hace apenas un año por el periodista Yair Lapid, que alcanzó 18 escaños parlamentarios y se convirtió en la segunda fuerza electoral.

La presencia de estos partidos, hasta ahora, dos semanas después de las elecciones, complica la formación de nuevo gobierno, pues su participación en una coalición mayoritaria estaría condicionada a mantener negociaciones de paz con el pueblo palestino y morigerar la política de constantes agresiones a los vecinos en el Oriente Medio.

La fiesta de Netanyahu se ha aguado además, por el reciente anuncio de la Autoridad Nacional Palestina, ahora con estatus de miembro observador de las Naciones Unidas, de que podría acusar a Israel por crímenes de guerra ante la Corte Penal Internacional.

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