El año 2013, termina con marcado ascenso en la lucha social y popular; ascenso expresado en las grandes movilizaciones en defensa de los derechos colectivos de los colombianos. Profesionales de la salud, la educación y la rama judicial; estudiantes, campesinos, pensionados, mujeres cabeza de familia, integrantes de la comunidad LGBTI, transportadores, ambientalistas, artistas, entre otros, se volcaron a las calles para exigirle al régimen la solución concreta a sus demandas históricas. El 2013, sin lugar a dudas, fue un año en el que la pugna social por los cambios estructurales, la paz con justicia social, y la democracia para Colombia, se hizo evidente.

La resistencia popular, sea pacifica o violenta, desvela la justa indignación de un pueblo contra un Estado despótico, que se niega a satisfacer las necesidades básicas de la inmensa mayoría de sus subordinados.
En nuestro país, por ejemplo, la dura realidad de los colombianos contrasta con el trasnochado discurso de los gobernantes, empresarios y banqueros, el cual hace referencia a un sostenido crecimiento de los sectores estratégicos de la economía nacional. Crecimiento económico que, contrario a las aspiraciones del pueblo, beneficia única y exclusivamente a los detentadores del poder en Colombia. Los movimientos sociales y políticos de izquierda debemos contribuir al esclarecimiento de esta y otras verdades históricas.
El avance de los diálogos de paz entre las FARC-EP y el gobierno Santos, la posibilidad real de terminar el conflicto armado y de sentar las bases constituciones para la construcción de una paz estable y duradera, así como el retorno de la Unión Patriótica al escenario político nacional también representan acontecimientos destacables en este 2013; acontecimientos que han despertado la estilada reacción de la extrema derecha y de los sectores oscurantistas del bloque de poder gobernante, renuentes desde siempre a cualquier probabilidad de cambio estructural en nuestro país.
La historia pareciera confirmar que, en Colombia, la clase dominante ya no puede ejercer su poder con la misma facilidad que lo hacía tiempo atrás, y que las clases dominadas (jamás resignadas a su suerte) se empiezan a organizar con el fin de romper el ciclo de feroz dominación al que fueron sometidas.
Por ello debemos estar atentos a los pasos calculados de quienes manipulan este infecto régimen con absoluta experticia. Régimen al que el profesor Jairo Estrada se ha referido como “…una democracia gobernable fundamentada en el fraude electoral, y en el clientelismo, la corrupción, el ejercicio estructural de la violencia y la movilización de recursos por los grandes poderes económicos que continúan siendo sus baluartes principales”.
A riesgo de equivocarnos, el fallo del orangután Ordóñez (enemigo público de la solución política al conflicto social y armado en Colombia), emitido contra el señor Gustavo Petro, configura el aporte de la ultraderecha colombiana a la mesa de conversaciones de paz de La Habana.
Por lo anterior, consideremos que el 2014 debe ser el año de la defensa popular a los diálogos de paz de La Habana. También el año en que los colombianos decidamos exigir con firmeza la refrendación de los acuerdos de paz, a través de una nueva asamblea nacional constituyente. La lucha política por la paz con justicia social deberá ajustarse a la necesidad inaplazable de dar vida a un nuevo tratado político, social, económico y cultural; un tratado que nos permita emprender, con garantías mínimas, la ardua tarea de construir una nueva Colombia.
Para ello, necesitamos avanzar en el fortalecimiento del frente amplio para la paz y la profundización de la democracia; frente amplio, habrá que decirlo, para cambiar necesidad por libertad; frente amplio para evolucionar del capitalismo al socialismo; frente amplio para convertir al ser humano en eje del desarrollo económico y social, para satisfacer sus necesidades materiales e intelectuales, para hacer realidad su derecho a gozar de la libertad, de la dignidad, y del cabal ejercicio de sus facultades decisorias.
2014 será un año de contiendas electorales en Colombia. Los comunistas del Quindío creemos que nuestra participación en elecciones es una opción vigente en la lucha por las transformaciones económicas, políticas y sociales de nuestro país.
Es por eso que invitamos a los quindianos a respaldar con su voto al camarada Carlos Lozano Guillén: director del semanario VOZ, vocero de Marcha Patriótica, hombre que ha dedicado su carrera política a la lucha por la paz con justicia social para Colombia, y candidato de la Unión Patriótica al Senado de la República. De igual manera, al compañero Hernando Hernández Tapasco, actual congresista y candidato del Movimiento Unidad Indígena y Popular por Colombia MUIPC a la Cámara de Representantes.
¡Por una Colombia sin guerra, en paz y con justicia social!
Armenia, 28 de diciembre de 2013.
Partido Comunista Colombiano
Comité Departamental Quindío