Era un intelectual orgánico y lo demostró en los tantos años en que se desempeñó como secretario general del Comité Regional de Bogotá y dirigente comunista en la capital.

Carlos A. Lozano Guillén
A Carlos Sánchez Ramos lo caractericé en el prólogo de su libro “Contribución al debate ideológico”, que recoge varios de sus textos teóricos sobre filosofía, materialismo histórico y cultura, escritos en el semanario VOZ y seleccionados por el autor, como “veterano militante comunista, profesor universitario, académico, estudioso de la realidad nacional y de los complejos fenómenos ideológicos y sociopolíticos que explican la realidad del ‘mundo cambiante’(…)” y agregaría ahora, sin quitarle una coma a lo anterior, personalidad decente, de buenos modales, caballero a carta cabal y ejemplar padre de familia.
Su esposa, hijas, hijo y nietas hablan de él no solo con profundo amor sino con admiración por su ternura y temple ideológico, sin que jamás pretendiera imponer sus ideas. Fue ejemplo de amplitud y tolerancia, sin renunciar a los principios fundamentales.
En la introducción del libro ya mencionado, expongo que Carlos “desarrolla el análisis partiendo del marxismo creador, aunque no reducido a conceptos clásicos sino con novedosos enfoques dialécticos que colocan siempre en el primer plano la emancipación política y social. La cultura, el humanismo y la educación, pareciera decirnos, encuentran su razón de ser si están imbricadas con procesos de transformación democrática. Es ahí donde encuentran sus potencialidades y la capacidad de enriquecerse en la praxis en la construcción de una nueva sociedad”.
Y así lo enseñó Carlos, a no caer en el dogmatismo. También a estudiar y trabajar. Era una especie de “filósofo de la praxis”, como dijera Gramsci, significa. “un humanismo absoluto de la historia”. Carlos Sánchez era un intelectual orgánico y lo demostró en los tantos años en que se desempeñó como secretario general del Comité Regional de Bogotá y dirigente comunista en la capital.
Durante varios años, hasta el fin de sus días, nos acompañó en el Consejo de Redacción de VOZ, escribiendo en la sección de Teoría y Crítica, que fundó Álvaro Vásquez del Real, sobre notas ideológicas, teóricas y culturales. Un verdadero aporte para la interpretación marxista de los fenómenos sociales y de la realidad colombiana. Carlos Sánchez nos enseñó y orientó, sin pedantería, sobre la mejor lectura del marxismo sin dogmas ni verdades reveladas. Repitió siempre la máxima leninista que el “marxismo no es un dogma sino una guía para la acción”. Insistió hasta la saciedad que cultura es inherente a la lucha social, no se substrae de la causa emancipadora. Como buen escritor era polémico, no comía entero, discernía en el análisis en la mejor aplicación dialéctica.
Su principal contradicción fue la propia parábola de su vida. Fue primero militante conservador y como tal se desempeñó como secretario de Educación y concejal de Bogotá. Fue después de trabajar en el Incora y de conocer la realidad agraria y las luchas campesinas que se hizo militante comunista.
Carlos Sánchez Ramos falleció en su residencia de la localidad de Suba en Bogotá, a los 88 años, en compañía de su querida familia, el pasado 3 de septiembre. Bachiller del Colegio de San Bartolomé y filósofo de la Universidad Javeriana. Fue profesor en el Colegio Mayor de Cundinamarca, la Universidad Pedagógica y la Universidad Autónoma. En el Partido Comunista estuvo vinculado a la labor pedagógica, su método dialéctico y nada complicado lo distinguía en las escuelas de cuadros de curtidos militantes y en especial de los jóvenes comunistas.
Nuestro reconocimiento y gratitud a Carlos a nombre del Colectivo de VOZ; hacemos llegar a su apreciada familia, a su esposa doña Cecilia de Sánchez, a sus hijos: Ricardo Romero y María Margarita Sánchez, a María Clara, María Consuelo, Carlos Eduardo y Juanita Nieto, María Cecilia y Cristina; a sus nietos: Margarita Romero, Ana Lucía Romero, Carolina Sánchez, Juan Alejandro Benítez, María José Sánchez, Mariana Sánchez y Martín Felipe Sánchez, los sentimientos de solidaridad y pesar ante la sensible pérdida. La de Carlos fue una vida fecunda. Deja demasiadas enseñanzas.