“Ya no somos dueños de nada”, dice cajamarcuna

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Flor Alba Castellanos, lideresa cajamarcuna. Foto Nelosi

El imperio descomunal de la transnacional AngloGold Ashanti en el municipio de Cajamarca (Tolima) se constituye en una fuerza descomunal y monstruosa que todo lo arrasa a su paso sin contemplación alguna.

Flor Alba Castellanos, lideresa cajamarcuna. Foto Nelosi
Flor Alba Castellanos, lideresa cajamarcuna. Foto Nelosi

Nelson Lombana Silva

El imperio descomunal de la transnacional AngloGold Ashanti en el municipio de Cajamarca (Tolima) se constituye en una fuerza descomunal y monstruosa que todo lo arrasa a su paso sin contemplación alguna. Es el capitalismo salvaje, del cual ha hecho referencia el Partido Comunista en distintos escenarios nacionales e internacionales y que alimenta a diario la apátrida clase dirigente liderada por el presidente Juan Manuel Santos Calderón.

La dirigente comunitaria Flor Alba Castellanos, presidenta de la junta de acción comunal de la vereda Puente Hierro de esta municipalidad, lo señala sin ambages al decir: “Como van las cosas, ya no somos dueños de nada en sí, venimos a ser personas desplazadas, quizás sin darnos cuenta de la gravedad del problema, pero realmente eso somos: desplazados”.

No es para menos. Dicha transnacional viene comprando a todo mundo. Solo un puñado de ambientalistas como Flor Alba hace resistencia y a través de talleres viene preparando a la comunidad para la consulta popular sobre la mina que se llevará a cabo en el mes de noviembre. Es una lucha desigual. Es como el gigante Goliat contra el pequeño David.

Todo el sistema ambiental está en inminente peligro. Hay que recordar que más del ciento por ciento de este territorio se encuentra concesionado a esta transnacional de origen africana, pero que tiene sus acciones en los Estados Unidos.

Todo se ha encarecido en este municipio, dice Flor Alba al rechazar categóricamente la presencia de AngloGold Ashanti en su región. “Soy ambientalista, no estoy de acuerdo con esta multinacional”, dice y agrega: “Noto que todo se ha encarecido, los arriendos han subido de precio. Es más: Se ha incrementado el vandalismo, el robo, se viene matando el ganado y nadie da razón. No estoy de acuerdo con la mina, porque esto nos genera problemas: sociales, económicos y políticos”.

Para completar la tragedia ambiental, el director de la corporación autónoma regional del Tolima (Cortolima), Jorge Enrique Cardozo, en forma inconsulta y de espaldas a la comunidad al parecer, ni corto ni perezoso le entregó la licencia ambiental para explotar el lecho del río Anaime, que baña a esta próspera región cajamarcuna, a un desconocido en la zona llamado Helver Cortés Porras, sacrificando a más de cuarenta familias que vivían de sacarle al río material de arrastre para la construcción, en forma artesanal, según señala la lideresa Flor Alba Castellanos.