Uribismo en decadencia: Artimañas y tribunales

0
Piedad Zuccardi y Juan José García.

Las movidas de la clase política colombiana dan mucho que pensar

Piedad Zuccardi y Juan José García.
Piedad Zuccardi y Juan José García.

Redacción política

Una nueva diatriba, tan repugnante y desesperada como la anterior sigue lanzando el duro y puro Centro Democrático en su afanado intento por desestabilizar el país. Esta vez el llamado fue a colmar las calles en la idea de rechazar los diálogos de paz entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno Santos, el pasado 15 de febrero. Nadie asistió. El tiro por la culata como popularmente se dice pues los marchantes no se vieron en las calles y el puñado de impulsores, furiosos y patrioteros de la marcha contra las FARC, parece no salieron de sus escritorios o de las redes sociales.

Y se dice repugnante porque a diario las astucias políticas de los altos consejeros del uribismo hacen de las suyas derrochando cinismo. A la frustrada marcha se sumaron hechos reprochables que muestran la decadencia del poder y el aislamiento provocado, peligroso eso sí, de los suyos en quedar fuera del panorama político.

Artillería

La publicación en la cuenta twitter del ex mandatario de una estremecedora foto de un agente de la Policía muerto en carreteras de la Guajira luego de un encuentro, al parecer, con un grupo de insurgentes, fue la tapa de la olla. La guardia pretoriana de Álvaro Uribe apeló sin sonrojarse a la fotografía y la multiplicaron adjuntando mensajes de terror por encima de cualquier consideración y respeto en la única idea de acumular millaje electoral. “Lo de rufián es un piropo”, dijeron en los corrillos del Congreso sus exiliados hoy en la Unidad Nacional.

Pero no es nuevo sustentar una campaña presidencial sobre el terror. De hecho la fórmula se repite. En 2002 con las mismas artimañas logró consolidar un grupúsculo de empresarios de alto poder, junto a figuras representativas de los partidos tradicionales que presionaron levantarse de la mesa de conversaciones del Caguán y dejar al presidente de la República Andrés Pastrana solo afrontando las crisis propias de un proceso de paz complejo por su dimensión con las FARC. El propio comandante de esa guerrilla en aquel momento, Manuel Marulanda, les notificó a los dirigentes liberales y conservadores que el presidente no soportaría la presión de los enemigos del proceso y lo llevarían a tomar decisiones equivocadas. Esa sentencia se cumplió y el Gobierno pateó la mesa ad portas de un documento de entendimiento de 11 puntos discutidos. Y el beneficiado luego de una matriz de terror fue el candidato presidencial Álvaro Uribe.

Solos y peligrosos

Hoy las tesis del terror siguen abanderadas por ese nombre pero reencauchado en cuerpo ajeno. Al lado de simpatizantes bastantes ambiguos que en la noche le profesan lealtad a su causa, pero a la luz del amanecer ponen sus servicios y fuerzas a la causa del jefe de Casa Nariño, Santa Marta, ciudad golpeada por la violencia paramilitar, fue el lanzamiento presidencial del Centro Democrático, y al igual que la convocatoria de la marcha contra las FARC, con el mismo discurso generador de miedo y desesperanza. Esta vez, la soledad brilló por su presencia.

Por la sencilla razón que son cada vez menos sus aliados. Casi dos centenares de parapolíticos que acompañaban al ex mandatario se enfrentan a condenas, procesos por concierto para delinquir o crímenes de lesa humanidad, luego de firmar pactos de sangre y votos con las cúpulas paramilitares en cada región del país. “Voten, voten antes de que los metan a la cárcel”, era la premisa del gobierno Uribe en sus dos periodos presintiendo que la estantería se caería.

Como efectivamente cayó, y se sigue cayendo, pues hace apenas una semana atrás fue llamada por la Corte Suprema de Justicia (CJS) una poderosa aliada en la costa norte de Colombia, Piedad Zuccardi, senadora del partido de la U, quien heredó la curul de su esposo Juan José García, condenado por peculado tras apropiarse ilegalmente de auxilios parlamentarios; hermano del también condenado por crímenes de lesa humanidad a 40 años de prisión, conocido en el gobierno Uribe como “el gordo” García.

Clase política tradicional

La historia de la familia García es diciente del significado de la alianza entre las mafias y la clase política tradicional del país. Ella, Zuccardi, es acusada de firmar pactos con los paramilitares alias Juancho Dique y Diego Vecino. Los departamentos de Bolívar y Sucre están a su merced. Según investigación de la Revista Semana, la familia García utiliza la política como su principal negocio. Las tenazas de la familia en la política se extienden desde las alcaldías menores de los dos departamentos hasta la alcaldía de Cartagena, pues según denuncias dadas a conocer por la revista, la enfermedad del destituido alcalde Campo Elías Terán Dix fue clave para que la familia García se apropiara de la burocracia en la Heroica.

La última aparición de la senadora Zuccardi fue justamente en la gala religiosa del jefe del ministerio público Alejandro Ordóñez, quien en medio de al menos setecientos invitados celebró el matrimonio de su hija, Natalia Ordóñez. Una misa en latín y de espaldas, tradición católica del siglo XVIII, fue el centro de encuentro de la oligarquía criolla con todos sus especímenes.

Predicciones

Allí estuvieron los inculpados, señalados, enjuiciados, procesados y algunos condenados por la Justicia de tener vínculos con el paramilitarismo o de ser igualmente imputados por delitos contra la administración de justicia. Se pavonearon en la fiesta apellidos encartados penalmente como los García Zuccardi, los Arrieta, los Valencia Cossio, los Londoño, los Dávila, los Corso, incluso los Palis Turbay, familia del novio, que también fue condenado por la procuraduría por haber cometido actuaciones en contra del Código Único Disciplinario.

Entre tribunales y fiestas la oligarquía colombiana define el futuro del pueblo colombiano. Dicen los entendidos en el asunto que se cuajó la candidatura del procurador Ordóñez a manteles y cocteles. Esos mismos analistas señalan que la última carta de la derecha recalcitrante por recuperar el poder es justamente Ordóñez. Situación que parece no disgustarle al jefe del ministerio público y dejaría en el mejor de los mundos al uribismo, pues lo contrario, serán los tribunales judiciales los escenarios para responder las desmandadas del poder.