Tragedia en el Mediterráneo: Europa castiga a inmigrantes

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Dramática escena de rescate de refugiados en el Mediterráneo.

A pesar de que calificó como “tragedia humanitaria” la muerte de miles de inmigrantes fallecidos en las costas de Lampedusa, la Unión Europea optó por una política represiva, de persecución y castigo, antes que protección humanitaria a miles de refugiados

Dramática escena de rescate de refugiados en el Mediterráneo.
Dramática escena de rescate de refugiados en el Mediterráneo.

Alberto Acevedo

La mayoría de los inmigrantes que este año han muerto frente a las costas de Lampedusa, sobre el mar Mediterráneo, muy cerca de la frontera italiana, se lanzan a una travesía suicida, acosados por la guerra y los conflictos sociales que viven en sus países de origen, pero también por el hambre, la miseria, y la expectativa que para ellos representa pisar territorio europeo.

A esta tragedia, que ha causado miles de muertos en los últimos tiempos, se suma otra, derivada de las decisiones que los ministros del Interior y de Relaciones Exteriores de la Unión Europea adoptaron el pasado 20 de abril, en el sentido de que van a redoblar los controles fronterizos, a privilegiar las medidas de represión, de persecución, y en últimas, de expulsión de los ciudadanos que en forma ilegal pisen suelo europeo, antes que desarrollar una política humanitaria de asistencia y protección al fenómeno de la inmigración.

De acuerdo a informaciones de distintas agencias internacionales de prensa, en el naufragio de una embarcación proveniente de las costas de África, en hechos acaecidos el pasado 18 de abril, habrían fallecido, ahogadas, 800 personas, procedentes de países que sufren conflictos armados, como Siria, Libia, Sudán. Eritrea y la República Centroafricana.

En un accidente similar, ocurrido el 12 de abril en el mismo perímetro, habrían muerto o desaparecido otros 400 tripulantes, provenientes en su mayoría de los países citados. Según la agencia Europa Press, ya antes de la tragedia del 18 de abril, en lo corrido del presente año habrían fallecido, en las mismas circunstancias, casi dos mil personas, diez veces más de las registradas en el mismo período del año pasado.

Camino de la represión

En su ilusión por alcanzar una vida mejor en suelo europeo, y para huir del infierno de la pobreza y de la guerra, en los últimos 15 años han muerto en el Mediterráneo unos 20 mil inmigrantes africanos, de acuerdo a estimativos de organismos humanitarios como Amnistía Internacional y otras ONG defensoras de derechos humanos. Tales las dimensiones de la tragedia.

Observadores de este fenómeno han recordado, que después de una tragedia similar en Lampedusa, en el año 2013, Italia lanzó el programa Mare Nostrum, que logró salvar miles de vidas en sucesivos operativos de rescate en alta mar, pero fue suspendido un año después por falta de apoyo financiero por parte de la Unión Europea. Para este año, la comunidad europea lanzó la iniciativa Operación Tritón, con apenas una tercera parte del presupuesto que antes, una sola nación, había invertido en su programa Mare Nostrum. Además, con una menor cobertura geográfica.

Tanto esta iniciativa comunitaria como un paquete de diez medidas adoptadas por la reunión de ministros de la Comunidad Europea, ratificado por los jefes de Estado del Viejo Continente, hacen énfasis en reforzar la seguridad fronteriza antes que privilegiar la búsqueda y rescate de inmigrantes del continente negro.

El objetivo de este programa es cortar el flujo de personas, fortaleciendo la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex), a la que se entrega más presupuesto, más barcos y aviones para patrullar el Mediterráneo. Para ello, Tritón recibirá un presupuesto mensual de 2,9 millones de euros, que sigue siendo una tercera parte de lo que el año pasado recibía Mare Nostrum.

Indiferencia

La estrategia en general busca un endurecimiento de las políticas migratorias en Europa, bloquear aun más las fronteras terrestres y marítimas, reforzar la seguridad en el mar y estudiar en los próximos días un programa conjunto de devolución rápida, al infierno de donde provienen, de las personas capturadas en alta mar, o ya acogidas por los distintos países receptores de inmigrantes.

En la orientación equivocada de esta estrategia, da cuenta el hecho de que en los últimos cinco años, Europa ha gastado 1.800 millones de euros en blindar sus fronteras, y apenas 700 millones en ayudar a los refugiados. Hay en general una actitud de indiferencia de los gobiernos de Europa central frente a este sobrecogedor drama. No todos los países reciben inmigrantes en forma proporcional. Algunos de ellos, como España y Gran Bretaña, coinciden en que desplegar un programa de protección podría ser un “mal ejemplo” que estimularía nuevas migraciones.

Gran Bretaña recibe un promedio de 143 personas inmigrantes al año, mientras que Líbano, en el mismo período, acogió a un millón de personas, provenientes de Siria.

Europa asume una doble moral frente a estas tragedias. Cuando se hundió el crucero Costa Concordia, muy cerca de donde ahora se registra la tragedia de los inmigrantes, se ordenó una minuciosa investigación para encontrar y castigar a los responsables. Una actitud similar acordaron las naciones europeas frente a dos recientes catástrofes aéreas, donde murieron varios centenares de pasajeros. Inclusive se habló rápidamente de indemnizaciones para los familiares de las víctimas.

Llegará un millón más

El naufragio de inmigrantes en el Mediterráneo recibe el tratamiento mediático de una ‘tragedia predecible’, de ‘una catástrofe de la naturaleza’. No hay una investigación exhaustiva, no hay responsables, ni siquiera hay nombres de las víctimas, ni interesa saberlo.

Las medidas coercitivas anunciadas por la Unión Europea, antes que frenar el flujo de inmigrantes, van a dispararlo. Así lo prevé, por ejemplo, el relator de las Naciones Unidas, François Crépeau, quien vaticina que Europa y otros países de la OCDE deberían asumir un programa para acoger a un millón de refugiados que vendrán en los próximos cinco años. En lugar de luchar contra la inmigración, hay que regularla, señala el relator, quien advierte que los estados europeos deberían asumir la protección internacional de personas que escapan del conflicto interno en Siria y otros países afectados por la guerra.

Organismos humanitarios del Viejo Continente van más allá, y piden una política activa de entrega de visas humanitarias para los inmigrantes, desde consulados y embajadas de países potencialmente receptores, establecer una política de respeto a los derechos humanos de los inmigrantes, de ayuda efectiva a los países que padecen conflictos internos, en muchos casos precipitados por la política intervencionista de las grandes potencias, y una investigación internacional a las redes del tráfico de personas y empresas que se benefician con el flujo de inmigrantes africanos.

Pero “la Unión Europea sigue de brazos cruzados, mientras cientos de personas mueren a la orilla de sus costas”, dijo la semana pasada Judith Sunderland, subdirectora de Human Rights Watch. “Son muertes que se podrían haber evitado si la UE hubiera lanzado un operativo de verdad para labores de búsqueda y rescate”, subrayó la vocera de HRW.