Todo proyecto estratégico debe contar necesariamente con la juventud

0
Foto: TRZ Stencil via photopin cc

Nelson Lombana Silva

Se percibe en el ambiente enrarecido de la lucha de clases a unos cuantos personajillos, que bien se podrían contar con los dedos de una mano y sobrarían, que se han empecinado por distanciarnos de la juventud, presentándonos como enemigo de ella. Al parecer el propósito es aislarnos de ella utilizando diversos artilugios innobles.

Foto: TRZ Stencil via photopin cc
Foto: TRZ Stencil via photopin cc

Entonces nos presentan sin conocimientos científicos, intolerantes, agresivos y como ser que siente fobia hacia la juventud. Quedaríamos cortos en la enumeración de epítetos agresivos y displicentes que nos achacan contra la juventud. Según esa tesis no les reconocemos ninguna importancia a los jóvenes.

Tremenda mentira. Tremenda infamia. No dudamos al decir que todo proyecto estratégico debe necesariamente contar con la juventud. No hacerlo así es condenar el proyecto por anticipado a fenecer sin pena y sin gloria. ¿Qué es lo que garantiza en el tiempo y en el espacio un proyecto estratégico? La juventud.

Las razones son diversas, evidentes y diáfanas: Todo está en movimiento, todo está cambiando, unos mueren, otros nacen. En fin, tenemos un ciclo biológico finito que trasciende en la juventud. El proyecto lo arrastra el veterano y lo continúa el joven. Su encuentro no es seco, radical o abrupto. El encuentro y su continuidad es producto de un proceso dialéctico. Es decir, el joven sale de las entrañas del viejo. Toma lo mejor para continuar la marcha. Es decir, el desarrollo del proyecto estratégico.

Origen

Así las cosas, la juventud no sale de la nada, sale de las entrañas de los viejos o veteranos, quien tiene la misión histórica de tomar lo positivo y descartar lo negativo para avanzar en una etapa superior de desarrollo. Ese es el principal desafío. Entre lo viejo y lo nuevo, existe una lucha frontal, características distintas y metodologías diferentes. Sin embargo, la juventud no se desarrolla por sí misma. O sea, por sus virtudes exclusivas.

Nada de eso. La juventud es ante todo un proceso que sale de las entrañas de los viejos. Dicho en otros términos: Su existencia y desarrollo está determinado por leyes objetivas y en su formación juega papel preponderante quienes antes eran jóvenes. Recordemos que el desarrollo de la humanidad no es ni cortado, ni de una vez y para siempre, ni aislado. Su desarrollo se presenta en forma de espiral. Es decir, con avances y retrocesos y permanentemente.

La realidad colombiana

El futuro de la juventud está determinado por su capacidad y la capacidad de los mayores. Nadie es una isla. Somos dialécticos. A la juventud bajo el capitalismo le resulta su futuro oscuro e incierto. Está rodeada de enemigos poderosos y desafíos elevados permanentemente. Empezando por su división de clase: la juventud rica y la juventud pobre.

Mientras la juventud rica vive prisionera en carros polarizados, blindados y escoltas en cantidades asombrosas, la juventud pobre se desliza en tugurios, cavernas llena de frustraciones. Vive prisionera en la cárcel de la pobreza.

Esa es la realidad de la juventud colombiana. Una realidad sombría e inexorable que el sistema pretende justificar al citar el azar, la suerte o el oportunismo. Incluso, cínicamente acude en muchos casos a la “ley divina”.

¿Cuáles son los principales enemigos de la juventud colombiana? El enemigo principal es el sistema capitalista neoliberal. Éste deshumaniza a la juventud, la cosifica y la lleva a los acantilados del naufragio. Tiene nombres propios: alcoholismo, prostitución, drogadicción y violencia.

Salir de esa encrucijada, evadirla o superarla no es tarea fácil. Tampoco la juventud puede salir avante única y exclusivamente por sus aciertos, tiene enorme responsabilidad los viejos o catanos, como la juventud tradicionalmente nos suele referenciar despectivamente.

Los catanos tienen solo dos caminos acerca de la formación de la juventud, que para bien o para mal juegan rol importante. Somos críticos o somos complacientes. Ser crítico es no darle el pez sino enseñarle a pescar; es corregir con amor y enseñar con el ejemplo; es ser exigente, por cuanto nada se consigue con facilidad, todo es resultado del esfuerzo.

Ser complaciente es justificar los errores; tolerar la mediocridad, el facilismo; es permitir una juventud sin ideales elevados, sin proyecciones y condenada al fracaso; es estimular la maleabilidad del espíritu, la ausencia de carácter, identidad y compromiso consigo mismo y con la humanidad adulta, su medio ambiente, su patria, su continente, su planeta, etc.

Esos personajillos que hoy asumen la complacencia son los que se van lanza en ristre contra los partidarios de la crítica permanente y propositiva. Muchos jóvenes se dejan arrastrar por esos partidarios condenando su presente y su futuro. Pero, también es cierto que hay juventud con ganas de superar la generación anterior y brillar con su propia luz dejando su impronta para la posteridad.

Unidad y discusión en la práctica

La controversia es lógica, normal y necesaria. El unanimismo impide el desarrollo de la humanidad; resulta ser éste una posición reaccionaria, antidemocrática y antidialéctica. El diálogo argumentado –por el contrario– humaniza, articula el desarrollo y la misma lucha revolucionaria por cambios de fondo. Nos hace libres, solidarios y optimistas ante los grandes retos y desafíos.

Como se trata de ser coherentes entre lo que se dice y se hace, ratificamos nuestro compromiso de estar abiertos a la juventud, sin prevención de ninguna naturaleza, sin agenda previa y sin otro interés distinto del que significa intercambiar conocimientos, puntos de vista y propuestas que hagan más feliz la existencia y más real la lucha. Paulo Freire decía: “Nadie educa a nadie, nadie se educa solo, todos se educan en comunión”. Un diálogo directo basado en la práctica. Es decir, un diálogo teórico-práctico, porque la juventud es parte de la humanidad y no simple juez de ésta.