Relaciones Cuba-EEUU: ¿El último eslabón de la guerra fría?

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Barack Obama y Raúl Castro.

El poco disimulado deseo de Washington de buscar un regreso de Cuba a la ‘democracia’ y el anuncio de sanciones contra Venezuela son el comienzo de una renovada estrategia norteamericana por imponer su política hegemónica en el continente

Barack Obama y Raúl Castro.
Barack Obama y Raúl Castro.

Alberto Acevedo

A propósito del anuncio de Washington y La Habana en el sentido de que ambos países reanudan relaciones diplomáticas plenas después de casi 60 años de hostigamientos de la potencia imperial contra el gobierno socialista de la isla caribeña, hay analistas que recuerdan que nunca en la historia reciente de la humanidad, los grandes imperios hicieron concesiones gratuitas o regalos, y menos a quienes han considerado sus ‘enemigos’.

Ciertamente, el mandatario norteamericano, el señor Obama, ha admitido que el embargo económico a Cuba resultó un fracaso y jamás en medio siglo pudieron doblegar la dignidad y la heroica resistencia del pueblo cubano, frente al hostigamiento y el asedio económico de su poderoso vecino del Norte.

Pero Obama expresa al mismo tiempo su deseo de que en Cuba se produzcan cambios dramáticos en la orientación política y económica de la isla. Digámoslo francamente: es el deseo poco disimulado de reincorporar a Cuba a la órbita del capitalismo y sepultar la experiencia de construcción socialista en la Isla de la Libertad.

En una rueda de prensa, posterior al anuncio de normalización de relaciones, Obama expresó: “Si nos acercamos, tenemos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en el que va a haber algún cambio generacional; creo que debemos aprovecharlo y tengo intención de hacerlo”. Es decir, el inquilino de la Casa Blanca abandona la estrategia del bloqueo económico a la isla, pero no renuncia a su política intervencionista, desconociendo el derecho del pueblo cubano a escoger su destino.

Recordemos además que hace poco el vicepresidente John Kerry habló de la actualización de la Doctrina Monroe, que confirma la actualidad de la política exterior norteamericana del ‘Destino Manifiesto’, es decir, de su empeño hegemónico y de dominio mundial, cuestión que atañe principalmente a sus intenciones frente a América Latina.

Estrategia petrolera

Algunos analistas, en Colombia y otros países, coinciden en señalar que el comienzo de una nueva etapa de relaciones entre el gobierno socialista de Cuba y el de Estados Unidos, es un anuncio histórico, que significa el fin del último eslabón de la guerra fría. Que tras el próximo intercambio de embajadores, será cosa de poco tiempo esperar que el Congreso de los Estados Unidos ponga fin al bloqueo económico.

Pero, ¿sí estaremos frente a la terminación de la guerra fría, o más bien ante el remozamiento de la estrategia de dominio imperial?

Al día siguiente del anuncio de cambios de su política frente a Cuba, Obama notificó la imposición de sanciones económicas contra Venezuela. Lo hace bajo el pretexto de que presiona al gobierno de Caracas para que libere a unos individuos que considera presos políticos, particularmente el señor Leopoldo López, inmerso en un complot criminal contra el gobierno de Nicolás Maduro.

La sanción contra Venezuela, por cierto, se da en momentos en que se desploman los precios del petróleo, en una jugada maestra de Washington dentro de su estrategia geopolítica. Que lleva implícita del mismo modo una guerra económica contra Rusia e Irán, pero también contra China, su principal rival económico.

El patio trasero

En el caso de América Latina, golpear a Venezuela es golpear a los países del ALBA. Pues al debilitar la economía de la revolución bolivariana, se golpea al conjunto de programas de ayuda y de subsidios al resto de países de la alianza bolivariana. Y es, además, una forma de golpear a la economía cubana, debilitando la solidaridad de sus vecinos.

Las finanzas cubanas, sin la ayuda de Venezuela, que debería dar prioridad a su subsistencia ante el derrumbe de los precios del petróleo, estarían ante una paradoja similar: aceptar los capitales de inversión que ‘generosamente’ ofrecerían las nuevas relaciones con su vecino del Norte, para salvar su economía.

Estos son los cálculos que entre el fin del año pasado y comienzos del presente, hacen no pocos observadores, que toman en cuenta los planes de la Casa Blanca frente al continente, considerado de nuevo su ‘patio trasero’.

En una mirada más amplia, hay que recordar que la apertura de Obama frente a Cuba se da en el marco de una ofensiva de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia, contra Irán y los países que se agrupan en el Brics, y en general contra todo aquel que se oponga a la hegemonía norteamericana.

Pieza fundamental

La intención de golpear a los Brics, bloque del que hace parte Brasil, la mayor economía latinoamericana, implica de contera golpear al resto de organismos de integración regional independientes, como el ALBA, Mercosur, Unasur y Celac. En ese contexto, Venezuela es la pieza fundamental de esa ofensiva contra la región.

Una ofensiva semejante podría plantear una respuesta urgente de los países que tienen gobiernos democráticos, progresistas y de izquierda en el continente, principalmente en la idea de darle la mano a Cuba en estos momentos no solo para apalancar su economía sino para blindar la revolución socialista.

Esta respuesta sin embargo no parece clara. Los organismos regionales de integración, varios de ellos propuestos por Chávez, parecen a la defensiva, en un inexplicable silencio. Mercosur ha celebrado pactos con la Alianza del Pacífico, criatura de los Estados Unidos para golpear la integración latinoamericana. Brasil, Ecuador, Uruguay y Argentina, varios de ellos países del ALBA, buscan acuerdos con la Alianza Pacífico. En esa perspectiva, Estados Unidos hace cálculos de que en dos o cinco años también en Venezuela se producirán cambios políticos que impliquen el desalojo del chavismo del poder.

Cuba no renuncia a sus ideas

Frente a este panorama, no podría afirmarse, con desborde de optimismo, como aseguran algunos, que estamos frente al desmoronamiento del último eslabón de la guerra fría y por consiguiente frente a una alborada de la democracia. La ofensiva de los Estados Unidos contra Siria, Irán, Afganistán, la guerra ‘antiterrorista’ contra el Estado Islámico, la idea de arrinconar a Rusia y China para recomponer un escenario unipolar, parecen contradecir esa idea.

En América Latina, hay sin embargo un escenario esperanzador, que puede definir si los planes de Washington marchan por un camino sin obstáculos, o se configura una respuesta regional frente a sus pretensiones hegemónicas. Tal escenario es la Cumbre de las Américas, prevista para abril próximo en Panamá, con asistencia de delegaciones de Cuba y Estados Unidos.

El presidente cubano, Raúl Castro, ha comenzado a dar respuesta a una nueva ofensiva imperial: “No debe pretenderse que para mejorar las relaciones con los Estados Unidos, Cuba renuncie a las ideas por las que ha luchado durante más de un siglo, por las que su pueblo ha derramado mucha sangre y ha corrido los mayores riesgos”.