Quito (Ecuador): Las utopías están vigentes

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Concierto de música africana. Foto JUCO.

En momentos en que la lucha por la paz mundial es más necesaria que nunca, jóvenes de todo el mundo fortalecieron de manera colectiva las políticas antiimperialistas, la solidaridad internacionalista y apoyaron el proceso de la Revolución Ciudadana del vecino país

Redacción JUCO

Llenos de esperanza, sueños y utopías, arribaron a Quito (Ecuador) más de diez mil jóvenes de organizaciones democráticas y de izquierda de todo el mundo, para discutir acerca de la paz mundial y el imperialismo, en el 18 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Del 7 al 13 de diciembre, los provenientes de más de cien países intercambiaron sus experiencias e hicieron denuncias sobre los abusos imperiales y del capital en sus territorios. También se solidarizaron con causas de diversos países de Asia, África, Europa, Oceanía y América, y apoyaron y defendieron procesos latinoamericanos como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre otros.

Al ser la paz un tema principal, las discusiones sobre Colombia fueron un eje transversal en la gran mayoría de paneles y seminarios. Los delegados de otras latitudes siempre quisieron entablar conversaciones con los colombianos para saber los pormenores de la guerra, las FARC y el proceso de diálogo en La Habana. Y fue aquí donde reconocieron a la Juventud Comunista Colombiana como la organización política juvenil de mayor importancia en Colombia; además, por ser una de las organizadoras del evento.

Cada día, además de las conferencias, talleres, seminarios y reuniones, los asistentes intercambiaron muestras folclóricas, gastronómicas, obras de teatro, conciertos, películas y libros, que evidenciaron diversidad cultural, aunque afectada por la imposición a sangre y fuego del proyecto económico hegemónico.

Algunas discusiones

Grandes carpas fueron adaptadas en el Parque Bicentenario, antiguo aeropuerto de la capital ecuatoriana, para desarrollar las reuniones y el alojamiento de algunas delegaciones. El gobierno del presidente Rafael Correa aportó a la realización del Festival y el mandatario inauguró los debates. El país anfitrión tuvo un gran espacio para mostrar sus experiencias de transformación.

Los delegados conocieron de boca de sus protagonistas la manera como Ecuador ha recuperado su soberanía, cómo dijeron “no” al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, a la base de Manta, al accionar de Chevron y a la soberbia del imperio estadounidense.

También la forma como han construido nuevas relaciones sociales con base –entre otras cosas- en una revolución educativa que amplió el acceso y mejoró la calidad. Orgullosos se sintieron de decir que invierten el 1,8% del PIB en educación, superados sólo por Dinamarca que invierte el 2,2%.

Cada continente tuvo un día para que sus delegados contaran sus problemas, procesos, resistencias, logros y la forma como enfrentan al capital y a las diferentes agresiones imperiales de países europeos, asiáticos y de América. Esto permitió establecer mejores redes de comunicación y acción para dar las peleas de manera global. “La derrota del imperialismo en un país es el triunfo de todos nosotros en el mundo”, dijo un joven comunista español.

De esta manera se obtuvo un mejor conocimiento de guerras imperialistas, invasiones, desempleo juvenil, falta de acceso a la educación, contaminación causada por las transnacionales, en algunos países de cada continente. De una u otra manera, se logró romper el cerco informativo de los monopolios de la comunicación en todo el mundo y conocer de primera mano diversas realidades, que exigieron fortalecer los lazos de solidaridad y trabajo mancomunado.

Evento político

El Festival, que es un evento netamente político, tiene una historia de 66 años. El primero se realizó en Praga, en 1947, dos años después de la segunda guerra mundial, organizado por la Federación Mundial de la Juventud Democrática, y su objetivo principal fue el reconocimiento a los jóvenes que habían derrotado el fascismo y el nazismo. Desde ese tiempo se establecieron prioridades para enfrentar el colonialismo, la defensa de los derechos humanos y la confrontación a los regímenes fascistas. Los 18 festivales han sido una lucha constante contra el sistema.

Los miles de jóvenes regresaron a sus casas conscientes del poder transformador que tienen en sus manos, para ser la fuerza que contribuirá al futuro de la paz, la solidaridad y unas nuevas condiciones sociales donde la riqueza del mundo pertenezca a quienes la producen.