Por siempre mujeres por la paz

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María Josefa Serna Lobo.

“Aunque los textos escolares decían que Colombia es un país democrático, pero lo que yo he vivido es la exclusión política, económica y de género desde la mitad del siglo XX hasta principios del siglo XXI”: María Josefa Serna Lobo

María Josefa Serna Lobo.
María Josefa Serna Lobo.

Es una mañana soleada, el calor de la ciudad contrasta con la exuberancia de los cerros bogotanos, entran los rayos de sol a la amplia sala, donde por doquier, está la muestra de los recuerdos que a través de fotos, cuadros y diminutas figuras, son testigos del silencio, cuando muchas lágrimas enjugan el rostro, al sentir la tragedia que deja la guerra; saber que manos criminales (el Estado) cortan la vida a Francisco Gaviria el padre de sus dos hijas, porque son ellos y ellas las figuras de la palabra del cambio y la verdad. Una compañera que ha vivido el conflicto, es María Josefa Serna Lobo, quien cuenta al semanario VOZ, con gran elocuencia quién es ella y qué generación representa.

María Josefa Serna: nací en la época de la violencia; aunque los textos escolares decían que Colombia es un país democrático, pero lo que yo he vivido es la exclusión política, económica y de género desde la mitad del siglo XX hasta principios del siglo XXI, a pesar de todas las luchas que las mujeres de todas las clases sociales hemos dado para conseguir los derechos que como ciudadanas nos corresponden. Tuve la fortuna de ser hija de una madre que me inculcó la rebeldía, me construyó el hábito del estudio y mi padre militar, disciplinado, estudioso, fuerte me decía “que ningún hombre te vaya a decir que te costeo un sancocho, porque tú misma vas hacer autónoma y para eso tenés que estudiar”. De manera que la formación de mis padres, el ambiente político de la universidad fueron los que me impulsaron a ser una dirigenta de la Juventud Comunista, y a través de la organización me destaqué en las luchas estudiantiles, desafiando el peligro que esta actividad representaba, no solo por la intransigencia del Estado, sino la sanción social de la época, por ser una mujer que rompe con los cánones de comportamiento, donde las mujeres eran para la casa y los hombres para la política y el trabajo laboral formal, entonces yo no era una mujer del común y eso me significó que hasta las mismas mujeres me criticaran. Era una época peligrosa en todos los sentidos, pero yo no tenía miedo, pues en los grupos de estudio que teníamos en la Juco y el Partido Comunista nos íbamos construyendo políticamente.

–¿A usted qué le representó estar en la política.

–Bueno, fue algo trascendental para mí, uno porque era ejemplo para las demás mujeres de mi entorno y otro porque supe interpretar el dolor de quienes han estado excluidos sobretodo de las mujeres que eran seres casi mudos para la sociedad, no se hablaba de reivindicaciones de género, a las mujeres la sociedad en general, y la izquierda en particular, solo nos quieren de adorno, les da mucha dificultad en la práctica aceptarnos y reconocernos como sujetas políticas; por ejemplo es difícil aceptar dentro del PCC y la UP la cuota de género que el gobierno obliga a los partidos en sus listas para las corporaciones; esta cuota debe quedar en los estatutos de los partidos de izquierda; pero yo diría debe ser paridad de género.

El Partido Comunista impulsaba una organización de mujeres, la Unión de Mujeres Demócratas, que planteaba los derechos de las mujeres muy en abstracto sin enfoque de género con la idea, que todavía existe , que cuando se haga la revolución todos los problemas de las mujeres se resuelven; y en esas generalidades, se perdía el valor de los aportes que estas mujeres hacían al desarrollo político y cuando yo cuestionaba esta manera de hacer política, me cuestionaban los compañeros y las mismas militantes, y por esto muchas veces los hombres me veían como un peligro y hacían alianzas para diezmar mi liderazgo porque su poder podía ser quebrantado.

Me tocó vivir una época de ascenso en las luchas sociales obreras, campesinas y estudiantiles, fueron los años 70, en esta época las mujeres nos destacamos por nuestra participación beligerante en todos los frentes de lucha y de trabajo. Muchas mujeres fueron dirigentes y presidentas de sindicatos obreros, fuimos miembros de consejos estudiantiles y destacadas dirigentes en el movimiento estudiantil como en mi caso. Un hermano decía: que yo “no podía ver una silla porque me paraba en ella y me echaba un discurso”.

–¿Aparte de la violencia cultural hubo otro tipo de violencia que la afectó?

–En los años 70 salimos a pintar consignas contra el estado de sitio, contra la militarización de las universidades, etc. Nos detuvieron con tres compañeros, esta detención me marcó, sentí la importancia de luchar por los derechos de las presas políticas, en esa ocasión me iban a meter a la celda donde estaban las prostitutas, la delincuencia común y no lo permití.

–¿Qué fue de usted después de terminar su carrera profesional?

–Bueno yo seguí en el activismo sobre todo en la lucha por la democracia pero luego con mi compañero Francisco Gaviria, decidí dedicarme a trabajar y a la crianza de las dos hijas; darles una crianza adecuada y más tarde después del asesinato de Pacho yo como madre junto a mi familia paisa fuimos un elemento determinante en su formación.

–¿De esa época a hoy que ha cambiado para las mujeres?

–Es de anotar que los grandes cambios que existen para las mujeres tanto en lo normativo, como en lo cultural no han sido gratis, nos la hemos jugado las mujeres, exigiendo el derecho a ser nosotras mismas, a pensar de acuerdo a nuestras convicciones, por ejemplo, la exigencia de igual salario tanto para los hombres como para las mujeres. El 30% en los campos de representación y decisión, ha sido un avance paras las mujeres, ya que nos permite adquirir la experiencia necesaria para el desempeño en lo público, hace que los derechos conquistados sean como parte de nuestro ser; nosotras tenemos que seguir luchando y sumando mujeres y hombres para las causas justas.

–¿Qué significa este 8 de Marzo para las mujeres?

–La conmemoración del 8 de marzo de 2016 para la mujeres colombianas es de trascendental importancia, si tenemos en cuenta que somos la mitad de la población y que damos vida a la otra mitad, estamos llamadas a mostrar nuestro indeclinable deseo de construcción de paz, paz con consecución de todos los derechos sin restricciones. Por eso cobra importancia la movilización con la consigna de un millón de mujeres por la paz, sin distingos ideológicos, de raza, edad o sexos, ahí estamos todas las imprescindibles, no hay jefaturas, si nos damos la autoridad femenina, todas unidas estaremos decidiendo la paz.

–¿Qué opinión le merecen los diálogos en la mesa de La Habana?

–En este 8 de marzo Día Internacional de las mujeres, es inaplazable exigir la paz del mundo y desde luego, la paz en Colombia, que a cada rato se ve amenazada por la intransigencia de estas elites que no quieren ceder nada; practican la ley del embudo. La consigna para la mayoría de mujeres colombianas es que por fin haya la verdad sobre el genocidio de la UP, la reparación y un rotundo no a la no repetición, cese bilateral del fuego, y que en la ratificación de los acuerdos, esté la presencia definitiva de las mujeres, donde seamos nosotras, las que decidamos sobre lo que nos corresponde, lo que deseemos y lo que consideremos, lo que nos conviene, sin distingos de ninguna naturaleza.