Hay que recuperar los parques para que vuelvan a ser un lugar de descanso y esparcimiento. Un remanso de paz y convivencia. Hay que organizarnos, denunciar y defender los parques de la ciudad musical de Colombia.

Nelson Lombana Silva

Los parques de la ciudad musical de Colombia han sido tomados por traficantes y consumidores de alucinógenos bajo la indiferencia e, incluso, complicidad de las autoridades civiles y policiales. A cualquier hora del día hay venta y consumo de marihuana, cocaína y otros alucinógenos, lo cual es preocupante.

Sin embargo, es más preocupante saber que son niños entre los 8 y 16 años, quienes más consumen y atropellan a la gente con sus patinetas. Para la muestra un botón: el principal parque de Ibagué, el Manuel Murillo Toro, ubicado sobre la carrera tercera y entre las calles 10 y 11, frente a la gobernación, supuestamente el más vigilado de la ciudad, por cuanto están a su alrededor oficinas públicas de la Gobernación, bancos, Cámara de Comercio, se encuentra literalmente inundado por esta problemática aguda, más la suciedad de la rejillas y la falta de funcionamiento de la pileta. Es un caos total.

El reportero gráfico, José Nelson Ramírez, que lleva más de 24 años desarrollando esta actividad en los parques de la ciudad, expresa con angustia e indignación la proliferación de estos males sin que haya hasta ahora acciones concretas para conjurar la situación. A pesar de sus continuas denuncias y llamados fervientes al alcalde Luis H. Rodríguez y al coronel Heredia, el vicio en niños pulula en el parque sin control alguno.

Ha recibido amenazas. Sin embargo, no renunciará a ser crítico a la grave situación que vive la ciudad y concretamente los parques de Ibagué: “Nací para morir, por eso no le temo a la muerte”, señala.

José Nelson Ramírez, que es miembro de la Asociación de los trabajadores de los medios de comunicación (Asoprensa) habló para las páginas web www.pacocol.org y www.semanariovoz.com de frente y sin pelos en la lengua, demandando solidaridad para conjurar esta aguda problemática que se presenta en los parques de la ciudad de Ibagué (Tolima):

—Cumple 24 años tomando fotos en los parques de Ibagué. Tiempo suficiente para conocer al derecho y al revés estos escenarios públicos. ¿Qué significa para usted esta larga experiencia laboral congelando y eternizando momentos?

—Es algo muy importante, algo que le nace y que lo hace uno con amor, con cultura y sentimiento. Creo que la fotografía es algo muy hermoso. Es congelar una imagen de alguien durante eventos que han pasado por estos parques, como el parque Manuel Murillo Toro, la plazoleta Darío Echandía o la plaza de Bolívar. Por estos sitios ha pasado gente muy importante y ha pasado por nuestros lentes.

—24 años después, ¿se podría decir que estos sitios han cambiado mucho, por ejemplo el parque Manuel Murillo Toro, ubicado frente al palacio de la Gobernación, sobre la carrera tercera, entre calles 10 y 11?

—El parque Manuel Murillo Toro ciertamente lo cambiaron. Quedó diferente. Se gastó plata a la lata. ¿Qué le falta a este parque –por ejemplo? Sentido de pertenencia. El gran problema es que nacimos en Ibagué y no queremos la ciudad. Nos hace falta sentido de pertenencia. Somos desordenados. Comemos algo y tiramos la basura al suelo. Los mandatarios hacen obras a medias y las dejan abandonadas. Obras que valen millones de pesos, dineros que salen de los impuestos que nosotros religiosamente pagamos, pero que son obras abandonadas.

Me duele en el alma, siendo simple fotógrafo o reportero gráfico, de la forma displicente como la autoridad municipal lidera el destino de la ciudad. Nosotros recibimos un taller sobre cultura y conocimientos generales de la ciudad, conocimientos que intentamos compartir con los personajes nacionales e internacionales que pasan por estos parques. Les decimos con entusiasmo cuáles son y en dónde están ubicados los principales sitios turísticos de Ibagué (Tolima).

Todo eso lo hacemos motu proprio, porque no tenemos el apoyo de la autoridad; lo hacemos porque amamos la ciudad, los parques que nos prodiga y nos da de comer. Este es mi sitio de trabajo, mi “oficina”, por eso peleo por mis parques. Incluso, he sido víctima de amenazas por defender los parques, especialmente el parque donde laboro, el Manuel Murillo Toro. Soy una persona correcta. No estoy dispuesto a aceptar cosas malas en estos parques.

El Murillo Toro está rodeado de bancos. La gente sale con su dinero y no hay quien quiera despojarlo de esos dineros. Nosotros denunciamos y eso nos ha causado graves amenazas. No siento miedo. Soy consciente que nací para morir. No estoy de acuerdo que vengan a afear el parque, lugar donde llegan nuestros niños, los mayores y los visitantes.

Entre la problemática gravísima que tenemos actualmente tenemos la forma sucia como permanecen las rejillas. Hemos hablado con la autoridad competente y nada. Le digo con franqueza: Al actual alcalde (Luis H. Rodríguez) le han faltado pantalones. Pero hay algo más grave: La presencia de muchachos en patinetas consumiendo a plena luz del día marihuana, a venderla, donde hay tantos niños y personas de bien.

Hemos tenido niños atropellados, lo mismo personas de la tercera edad. Es totalmente un desastre. No hay autoridad. Lástima los casi 320 votos que le dimos a este alcalde con mucha esperanza, pero lo que ha sucedido es un terrible desastre. A los fotógrafos nos ha tenido totalmente abandonados e igualmente los parques, que son tan importantes para nosotros.

—¿Cómo es posible que el parque Manuel Murillo Toro, corazón de Ibagué, es hoy un sitio de venta y consumo de alucinógenos?

—Esa es la verdad. Tengo suficientes pruebas. Tengo un registro que indica que es así. Hemos publicado fotos en el periódico regional, toda vez que este periódico nos ha ayudado, pero el alcalde no funciona, no ejerce sus funciones que tiene que ejercer. Lástima, lástima los votos que le colocamos a este señor.

Es impresionante. Tenemos a nuestro alrededor bancos incluso, Cámara de Comercio y llevo luchando hace más de cinco meses para que vengan a limpiar estas rejillas, totalmente sucias y nada. Denunciamos, nos ganamos amenazas y nada que la autoridad actúa. Eso me duele, porque yo sí tengo sentido de pertenencia, quiero mi ciudad.

Motu proprio mensualmente estamos haciéndole aseo al parque Manuel Murillo Toro. Recogemos todos los papeles y basuras y se recogen hasta seis lonadas de basura. Es increíble la suciedad. Le hago un llamado al señor alcalde para que deje su petulancia y arrogancia y venga a este parque y mire personalmente la grosería, la cochinada de esas rejillas.

Le quisiera recordar al alcalde que nosotros estamos pagando impuestos. Queremos que ponga a funcionar la pileta de este parque, porque sé que están en buenas condiciones por lo menos seis piletas en distintos parques de la ciudad. Señor alcalde: Ponga estas piletas a funcionar, no es gratis, es algo que constantemente estamos pagando.

Quiero llamar la atención también del señor coronel de la Policía, coronel Heredia, en relación a que necesitamos permanentemente dos policías auxiliares en este parque. El domingo 6 de julio –por ejemplo– fue el desastre total en este parque: Marihuana por lado y lado, en medio de niños, adultos, los padres quejándose, pero como no tenemos autoridad, no hay un alcalde que se amarre los pantalones, todo sucede con entera libertad y a plena luz del día.

—¿Cómo explicar que se consuma droga a plena luz del día en un parque como este ubicado en el corazón de Ibagué, frente a la gobernación, rodeado de cámaras, agentes secretos y uniformados?

—Aquí consumen droga a las nueve de la mañana, a las dos de la tarde, a las cuatro de la tarde… a cualquier momento la consumen. Llamamos al cuadrante, viene, los desplaza, él se va e inmediatamente regresan. Por eso es que decimos que deben permanecer dos auxiliares todos los días. Se han cogido personas, pero como son menores de edad, al instante son puestos en libertad.

Hay que hacer un trabajo en conjunto para recoger todos esos jovencitos fumadores, usando las patinetas, haciéndole daño a la gente para traer la organización y la calma a los parques, especialmente al Manuel Murillo Toro. Citar a los padres y definir con ellos estrategias para superar la crisis aberrante que se vive a diario. Lo terrible es que cada día se están dañando más y más nuestros jóvenes. Es increíble ver niñas de 12, 14 años consumiendo droga, niños de 8, 9 años consumiendo droga y aun menores que van rumbo a tomar ese camino.

Alcalde: ¿Dónde está la autoridad que nosotros le dimos a través del voto? Usted nos habla de la seguridad humana. ¿En dónde está la seguridad humana en este parque cuando tenemos una mano de jovencitos consumiendo droga, cuando tenemos unas rejillas llenas de dengue, llenas de zancudos, que huele a todo menos a bueno? Es increíble lo que pasó en las recientes fiestas folclóricas, exactamente el día de la lechona. ¿Cómo es posible que coloquen esas lechonas sobre esas rejillas fétidas y mal olientes? ¿Qué hace la Secretaria de Salud?

Hoy la ciudad es un desastre. El robo de carteras por el centro se ha intensificado. Los comerciantes protestan con justa razón ante la ausencia de autoridad. Lo que hay es represión y persecución injusta para la persona que se rebusca el diario. Para ella sí hay autoridad y de qué manera.

Hay que hacer una reunión urgente y entre todos mirar cómo vamos a defender la vida sana en los parques. Los fotógrafos podemos ayudar porque tenemos amplio conocimiento sobre quién es quién. Nosotros sí sabemos quién es el turista y quién es el ibaguereño.

—Usted habló con el coronel Heredia y le planteó la problemática sobre el consumo de alucinógenos. ¿Qué le contestó?

—Me dio tristeza lo que el coronel me contestó a mi requerimiento, en el cual le hice un relato detallado de lo que venía sucediendo especialmente con los menores con el consumo y tráfico de droga y las patinetas. Es triste –le dije– ver niños de 8, 9 añitos consumiendo libremente droga. Le pido que nos ayude a resolver esta problemática. La respuesta triste que me da es la siguiente: “El alcalde se comprometió a hacer un sitio para que estos muchachos jueguen con sus patinetas y como no lo ha hecho, tienen que estar en los parques”.

Queda uno anonadado con esa respuesta. No hay justificación alguna. O sea, nosotros que luchamos por el parque, trabajamos en el parque y bregamos por la disciplina y el orden, que pagamos Cámara de Comercio y demás impuestos, nos toca vivir entre la grosería, el desorden y el vicio. Hay que dejarlos que ellos vendan y consuman su marihuana libremente. Esa no es la respuesta, señor coronel, qué pena.

—¿Esos niños que trafican y consumen marihuana son procedentes de otros barrios o son del sector? Es más: ¿Son niños pobres o niños de altos estratos?

—Hay de todo. Vienen niños pobres como vienen niños de 16 años, hijos de papi y mami, en camionetas último modelo a consumir la droga, son carros de 70 y 80 millones de pesos. Vienen con las patinetas y otros en bicicleta. La situación es grave, por eso le digo al alcalde que se amarre los pantalones como tiene que ser. Señor alcalde: usted es ibaguereño, tenga sentido de pertenencia y dese cuenta de los problemas que sacuden a la ciudad. Me pregunto: si eso es aquí, en un parque tan central, ¿qué estará pasando en los demás parques?

—A propósito, ¿esta problemática que usted denuncia se presenta solamente en el Manuel Murillo Toro? ¿Qué conocimiento tiene usted?

—El problema es generalizado en todos los parques de la ciudad. Pase usted, periodista, a cualquier hora, después de las siete de la mañana, pase por el parque Andrés López de Galarza a ver qué ve. El desastre allí también es total: Hay prostitución, drogadicción, consumo de chirrinche. Este sector se ha tomado abiertamente los parques de Ibagué con la complacencia e indiferencia de las autoridades. Esa es la realidad.

Los atracos son continuos. Me impresiona como buen ibaguereño la situación que estamos viviendo actualmente. Me duele en el alma, porque quiero mi ciudad, mis parques. Y seguiré luchando así el alcalde se ponga bravo y me sigan amenazando. Repito: No le tengo miedo a la muerte.

Hay que recuperar los parques para que vuelvan a ser un lugar de descanso y esparcimiento. Un remanso de paz y convivencia. Hay que organizarnos, denunciar y defender los parques de la ciudad musical de Colombia.

—¿Por qué tanto vicio y tanto atraco en los alrededores de la estación de Policía, caso de la calle 21 donde precisamente queda el comando de la Policía?

—Que cada quién saque sus propias conclusiones. No es complicado deducir…