La administración Peñalosa: “Puro neoliberalismo salvaje”

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Bogotá en la encrucijada bajo la administración de Enrique Peñalosa, un encantador de serpientes.

Bogotá se debate en una enorme crisis social. La administración de Peñalosa no despega y se acrecientan los problemas en salud, educación, seguridad y movilidad, entre otros. Se extiende la idea de la revocatoria del mandato

Bogotá en la encrucijada bajo la administración de Enrique Peñalosa, un encantador de serpientes.
Bogotá en la encrucijada bajo la administración de Enrique Peñalosa, un encantador de serpientes.

Hernando López

Los extranjeros que llegaban a Bogotá hasta hace pocos años en los vuelos de Avianca, se sorprendían del anuncio de las azafatas al aterrizar: “Bienvenidos a Bogotá a 2.300 metros más cerca de las estrellas”. Alguien decía hace unos días, que dicho anuncio se podría remplazar ahora por el de “bienvenidos a Bogotá la ciudad de las maravillas”. En solo cien días, el actual alcalde Enrique Peñalosa, presentó un balance irreal, que no se corresponde con la cotidianidad. La ciudad está en el peor momento de los últimos años, destrozada por el burgomaestre avivato que prometió miles de cosas y que está haciendo todo lo contrario, porque la ha empujado por un despeñadero sin retorno.

Enrique Peñalosa se cree a sí mismo un gurú de los temas urbanos y se ufana de las continuas invitaciones en todas las latitudes a dar conferencias sobre la buena administración de la ciudad, aunque no hay certeza que así sea; es una especie de encantador de serpientes que, por lo demás, resultó descrestador y mentiroso al exhibir en su hoja de vida títulos que no tiene.

Quienes lo apoyaron, los más sensatos, añoran a la izquierda, los demás pasan de agache, inclusive los que hacen parte de la coalición del gobierno, acomodados con las cuotas burocráticas, las gabelas del poder y la mermelada que abunda.

Situación dramática

Pasados casi seis meses de la posesión de Peñalosa, la situación es más dramática. Las encuestas lo muestran cuesta abajo. Nadie en tan poco tiempo había logrado ese récord. Algunos hablan de adelantar la resistencia civil y popular, no la de Uribe Vélez, coadministrador de la capital, sino la que se apoya en la movilización de las masas en defensa de sus derechos y por el buen vivir.

En movilidad, por ejemplo, son mayores los nudos del tránsito y los “trancones”, con parte de la malla vial en mal estado sin que se inicie siquiera la reparación. La solución de Peñalosa es cobrar para que los burgueses paguen el derecho a circular en los días de pico y placa, lo cual no resuelve ningún problema pero sí agrava la movilidad por el mayor flujo vehicular en las calles. Amén del proyecto de establecer peajes urbanos y otros desmanes del hombre de los bolardos, la gran obra de su primera administración.

Un dirigente sindical distrital caracterizó al gobierno de Peñalosa de “puro neoliberalismo salvaje”. Quiere arrasar con lo poco que queda del patrimonio público, en particular con la “joya de la corona” la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) en la mira de la voracidad de las transnacionales, unas ya apoltronadas en Colombia, otras con ganas de llegar para aprovechar la “confianza inversionista” promovida por Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos y los neoliberales de viejo y nuevo cuño.

Sin avances sociales

No hay un solo avance social, ni siquiera en seguridad a pesar de los datos de los primeros cien días, que pretenden demostrar la disminución de los atracos callejeros, el robo de celulares y el hurto en viviendas y tiendas en los barrios. La realidad es otra. La inseguridad ha crecido, basta ver a diario los noticieros de televisión que emplean más de la mitad del tiempo en informar de robos a mano armada, atracos callejeros, toma de rehenes en los autobuses, fleteo, asalto a residencias y a pequeños supermercados en los barrios.

El retroceso en salud y educación es evidente. En la primera está en marcha el plan para fusionar hospitales sobre la base de cerrarlos en algunas localidades con los consecuentes despidos y la deterioro del servicio. Y en la segunda, hace unas semanas William Agudelo, presidente de la Asociación Distrital de Educadores (ADE), denunció que “las distintas estrategias de privatización, hacinamiento para cumplir con la jornada única y sobrecarga laboral, son algunos de los problemas de la educación bogotanas. Un asunto que no es responsabilidad de los docentes y los estudiantes”.

El magisterio está en situación de movilización y de protesta porque el alcalde ha ignorado sus peticiones en medio de privatizaciones. Agudelo le dijo a VOZ a propósito de la jornada única: “Hay muchos estudiantes que están desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde solo con un agua de panela. Es indigno. Eso es lo que esperamos que cambie”.

La venta de la ETB

Con el Plan de Desarrollo, casi aprobado por la maquinaria oficialista, se pretende decidir sin mayor discusión ni estudios serios de factibilidad, la venta de la ETB. Se ha subvalorado la empresa por parte de las actuales directivas, al tiempo que sobrestiman los problemas, desconociendo que gracias a los aportes de la empresa se financia buena parte de la Universidad Distrital. Sin ellos, queda en entredicho la supervivencia del histórico centro universitario de la capital del país. Gracias a la ETB Internet llega a 385 colegios de manera gratuita.

El presidente peñalosista de la ETB, Jorge Castellanos, manejando cifras mentirosas, asegura que la empresa perdió, en 2014, 38 mil millones de pesos, pero Sintrateléfonos y Atelca aseguran que de conformidad con los balances acreditados las utilidades fueron más de 370 mil millones de pesos; en 2015 las utilidades pudieron estar cerca a los 200 mil millones. La ETB es una empresa rentable que le proporciona a Bogotá buena parte de su presupuesto social con inversiones en educación e infraestructura.

La presentación de cifras que disminuyen el capital y las utilidades de la ETB por parte de la presidencia de la misma es un acto indolente, pues la coloca en el camino de la privatización y a menor precio. Un abuso con la ciudadanía. Lo cierto es que la determinación del alcalde, secundado por la mayoría de los concejales, coloca a la ETB no solo en el camino de la privatización sino también a un menor precio. “Equivaldría a un regalo a las transnacionales o monopolios de las telecomunicaciones” dice un dirigente de Sintrateléfonos.

Por esta razón, tan demencial medida, “criminal con Bogotá”, asegura un ciudadano del común, es repudiada en todas las localidades y sectores del Distrito Capital. Es una de las consignas de compromiso en todas las movilizaciones populares. Por esta y otras razones ya comienza a extenderse la idea de la revocatoria del mandato al impostor.

Despidos a granel

Peñalosa es una ficha del neoliberalismo, de las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Es un neoliberal primitivo, abomina lo público por eso quiere vender lo poco que le queda a Bogotá de su patrimonio, repudia los subsidios hasta el punto que pretende eliminar la tarifa diferencial para los estudiantes y todo subsidio a la tarifa del transporte para los más necesitados, cree que el Estado es para la función pública con el fin de garantizar el interés privado que es lo dominante en la sociedad según él. Viene en camino otro impuesto por valorización y nuevos tributos distritales. Mientras reduce impuestos y obligaciones a los empresarios con el cuento de siempre: “son los que dan empleo y producen riqueza”. Para Peñalosa no existen los trabajadores ni los proletarios.

La Central Unitaria de Trabajadores denunció que están en camino los despidos de más ocho mil funcionarios, casi la tercera parte pertenece a la Secretaria de Integración Social a cargo de María Consuelo Araújo, “la Conchi” le dicen sus amigos, ex canciller de Álvaro Uribe Vélez y quien pertenece a una familia del Cesar, con estrechos vínculos con la parapolítica.

Bogotá está abocada a una grave crisis social de consecuencias impredecibles. Peñalosa ignora el proceso de paz y la necesidad de ubicar a la principal ciudad colombiana en función del posacuerdo, quiere convertirla en el paraíso de las transnacionales, de los grandes negocios financieros y del gran capital, con millones de sus habitantes en la condición de pobreza y de pobreza extrema, oculta por la mole de ladrillos de la gran urbe.