«Las elecciones no fueron libres». La mayoría de las verdaderas fuerzas de la oposición fueron prohibidas. Las organizaciones antifascistas se han visto obligadas a la clandestinidad, y sus líderes expulsados ​​al exilio o arrestados.

Greg Butterfield
Mundo Obrero

Las elecciones celebradas en Ucrania el 26 de octubre llevarán a seis partidos de extrema derecha al gobierno para los próximos cinco años, excluyendo cualquier oposición significativa, de acuerdo con las encuestas de boca de urna.

Estas elecciones anticipadas fueron anunciadas en agosto por el presidente Petró Poroshenko, el multimillonario mascarón de proa de la junta de oligarcas, políticos neoliberales y fascistas que tomaron el poder en Kiev durante un violento golpe de Estado en febrero pasado.

«De acuerdo con los primeros resultados de las elecciones, el ganador es el partido de la guerra en lugar del de la paz», dijo el primer ministro de la República Popular de Donetsk Alexander Zajarchenko. Los líderes de la Junta «Yatseniuk, Turchínov, Lyashkó y el propio Poroshenko, todos estos políticos respaldaron las acciones militares contra nosotros».

«Las elecciones no fueron libres, es una farsa», agregó el viceprimer ministro de Donetsk Andrei Purgin. «La gente se siente intimidada, el este de Ucrania no está representado. Hay hombres armados por todas partes en todo el país» (RIA Novosti, 26 de octubre).

Las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk declararon su independencia de Ucrania después de los referendos populares en mayo. Los jóvenes repúblicas de la región minera de la cuenca del Donéts resistieron meses de brutales crímenes de guerra por las fuerzas de Kiev, con más de cinco mil muertos y 824 mil refugiados, según las Naciones Unidas (PressTV, 24 de octubre).

Hoy en día, se están preparando para un asalto militar renovado.

«El alto el fuego que hemos discutido desde septiembre 5 fue utilizado por Kiev para reposicionar tropas, conseguir nuevas fuerzas y nuevas armas», dijo Zajarchenko.

La inteligencia militar de Nueva Rusia, como se conoce a la unión de Donetsk y Lugansk, predice una nueva ofensiva militar de Ucrania que comenzaría alrededor del 28 de octubre.

En septiembre, Rusia y la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa negociaron un acuerdo de alto el fuego entre Kiev y las Repúblicas Populares. Mientras que las fuerzas neorrusas enfrentan una intensa presión de Moscú para cumplir con los llamados acuerdos de Minsk, incluso ante las constantes violaciones del alto el fuego por parte de Kiev, sus enemigos respaldados por los EEUU y la OTAN no han sufrido tales limitaciones.

Durante semanas, ha habido signos ominosos de que Kiev está preparando una nueva ofensiva.

El líder de la milicia y comandante de la Brigada Fantasma Alexey Mozgovoy, un opositor abierto del acuerdo de Minsk, dijo: «Todos los días se confirma que el enemigo está concentrando fuerzas, que nuevas columnas están llegando. No sólo la artillería pesada no se retiró detrás del territorio ‘neutral’ [según lo estipulado en el acuerdo de Minsk], sino que se está aumentando a diario» (Fort Russ, 22 de octubre).

El ex ministro de Defensa de Donetsk Igor Strelkov dio la voz de alarma el 23 de octubre, declarando: «Ha comenzado un movimiento de las Fuerzas Armadas de Ucrania de todas las direcciones hacia las posiciones iniciales para un ataque a Donetsk» (Rusvesna.su).

Strelkov explicó que lo más probable es que Kiev planee un ataque relámpago para capturar la capital de Donetsk y dividir a las Repúblicas Populares.

Hay varios motivos para un ataque relámpago. En primer lugar, sería prevenir cualquier respuesta militar de una Federación Rusa reacia a ayudar a las fuerzas neorrusas. En segundo lugar, las tropas ucranianas inquietas no son fiables en una larga ofensiva. Y en tercer lugar, como los invasores desde Napoleón a Hitler aprendieron a su pesar, es suicida atacar a los lugareños durante el brutal invierno ruso.

EEUU declara elecciones «libres y transparentes»

De acuerdo con las encuestas de boca de urna, el Bloque de Poroshenko lidera las elecciones parlamentarias con el 22,2% de los votos, seguido por el Frente Popular del primer ministro Arseni Yatseniuk con 21,8%. Estos partidos de derecha neoliberal son los más favorecidos por Washington y la Unión Europea.

Otros cinco partidos pasaron el umbral del 5% para entrar en el Parlamento. Cuatro de ellos son partidos de extrema derecha o abiertamente fascistas: Samopomich (Autoayuda), Partido Radical, Svoboda y Patria.

Se espera que varias figuras neonazis tomen asiento bajo sus auspicios, incluyendo el notorio líder del Sector Derecho Dmitro Yarosh (RIA Novosti, 27 de octubre).

El Bloque de Oposición, que recibió alrededor de un 9% de los votos, se compone de antiguos miembros del Partido de las Regiones, del presidente depuesto.

Entre las organizaciones que llevan a cabo las encuestas a boca de urna, «objetivas y oficiales» internacionales, están el Instituto Republicano Internacional (IRI) con sede en EEUU (RIA Novosti, 26 de octubre). El IRI entrenó y financió a las fuerzas golpistas en Ucrania y ayuda a movimientos contrarrevolucionarios en todo el mundo, desde Venezuela hasta Siria.

La mayoría de las verdaderas fuerzas de la oposición fueron prohibidas. Las organizaciones antifascistas -como la marxista Unión Borotba (lucha) y otros participantes en el movimiento de masas contra el golpe de estado- se han visto obligadas a la clandestinidad, y sus líderes expulsados ​​al exilio o arrestados.

El Partido Comunista de Ucrania (KPU), anteriormente uno de los partidos más grandes en el parlamento, no alcanzó el umbral de voto del 5%. A pesar de que su nombre apareció en la boleta electoral, a los candidatos del KPU les fue prácticamente prohibido hacer campaña. Antes, los delegados electos del partido habían sido expulsados ​​del Parlamento por una ley extraordinaria, y en la actualidad el KPU se enfrenta a la prohibición pura y simple por un caso judicial interpuesto por el Ministerio del Interior.

«Cualquiera que sea el resultado de la votación, el Partido Comunista no reconoce las elecciones como democráticas ni legítimas», dijo el líder del KPU Peter Simonenko durante una reunión con miembros del Parlamento Europeo (KPU.ua).

Sin embargo, el embajador estadounidense Geoffrey Pyatt se apresuró a declarar las elecciones como «libres y transparentes» (Kiev Post, 26 de octubre). Junto con la funcionaria del Departamento de Estado Victoria Nuland, Pyatt fue uno de los arquitectos del golpe de febrero.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, una de las partes supuestamente neutrales en el acuerdo de alto el fuego de Minsk, también declaró que las elecciones fueron «esencialmente libres y justas», a pesar de algunas «irregularidades» (RIA Novosti, 27 de octubre).

Sin embargo, a la mañana siguiente, los medios de comunicación independientes y activistas en Ucrania ya habían documentado cientos de casos de intimidación a los votantes, ataques contra candidatos de la oposición, llenado de urnas y otros fraudes.

Incluso el Ministerio del Interior de la Junta, encabezado por el fascista Arsen Avakov, reportó 330 violaciones, incluyendo la compra de votos, intimidación y falsas papeletas dadas a los votantes (Ministerio del Interior de Ucrania).

Odesa «escupió a Poroshenko»

Las elecciones se llevaron a cabo en las zonas del sureste de Ucrania, así como las áreas ocupadas de Donetsk y Lugansk, donde la población vive bajo la represión violenta del régimen de Kiev.

En Sláviansk, una ciudad en Donetsk sitiada durante meses antes de su ocupación por las fuerzas ucranianas en julio, la participación fue sólo del 13%. Los residentes informaron que los únicos votantes eran tropas de ocupación y funcionarios, y que los centros de votación estaban rodeados de soldados camuflados armados con armas automáticas y «patrióticas» cintas amarillas (Agencia de Noticias Novorossia 27 de octubre).

En Járkov, la segunda ciudad más grande de Ucrania, la gente tuiteó fotos que muestran a «observadores electorales» enmascarados en los colegios electorales.

En Odesa, donde los neonazis enviados desde Kiev masacraron al menos a 48 antifascistas y sindicalistas el 2 de mayo, la participación era sólo del 8,8% hasta el mediodía del 26 de octubre. Los funcionarios electorales hablaron de una participación del 39% al final del día -una virtual imposibilidad dada la cifra anterior- pero sigue siendo la más baja jamás registrada en la historia de la ciudad (Timer.od.ua).

Tal vez una de las razones fue la visita de campaña del presidente Poroshenko el 23 de octubre, cuando declaró que la masacre del 2 de mayo y la quema de la Casa de los Sindicatos de Odesa habían sido necesarias «porque vemos ahora lo que sucede si no hubiéramos detenido el intento de los separatistas».

También proclamó monstruosamente a Odesa como una «Ciudad de Bandera», en homenaje a Stepan Bandera, el colaborador con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial (Rushor.su).

El Diputado Foral de Odesa y activista de Borotba exiliado Alexei Albu dijo: «Creo que las elecciones en Odesa fueron nuestra victoria. Los residentes de Odesa hicieron la elección más importante: no apoyar al régimen».

«Odesa ha demostrado que más del 70% no apoyan a la Junta, no apoyan la farsa electoral, y no apoyan la política del gobierno».

«El 70% respondió a nuestro llamamiento y boicoteó las elecciones, o fue y votó nulo, o votó en contra todos, o por partidos de la oposición», dijo Albu. «Incluso una enorme cantidad de urnas rellenas no pudo salvar la situación».

Albu es cofundador del Comité para la Liberación de Odesa, que hizo un llamado a boicotear las elecciones simuladas.

«Esta fue la respuesta de Odesa a Poroshenko por declararla una ‘ciudad de Bandera’. El pueblo de Odesa escupió en la cara y se limpió sus pies en él» (Borotba.su).

Traducción de David Moreno para SemanarioVoz.com