En defensa del Buen Vivir

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Evo Morales y Dilma Rousseff se postulan a la reelección.

Un conjunto de conquistas sociales al servicio de los sectores más humildes de la población y una política honesta de integración regional se someten al escrutinio de las urnas el próximo mes en América Latina. Elecciones en Brasil, Bolivia y Uruguay

Evo Morales y Dilma Rousseff se postulan a la reelección.
Evo Morales y Dilma Rousseff se postulan a la reelección.

Alberto Acevedo

Entre el cinco y el 26 de octubre próximo, se realizarán tres procesos electorales cruciales en América Latina. Brasil, Bolivia y Uruguay escogen, acudiendo a la voluntad popular, a su próximo mandatario. En los casos de Brasil y Bolivia, los actuales gobernantes se someten a procesos de reelección, mientras que en Uruguay se postula, con gran aceptación entre el electorado, el candidato del Frente Amplio, Tabaré Vásquez.

Los tres países han optado por escoger el camino de la elección de gobernantes progresistas o de izquierda, que le han imprimido a sus respectivos países una impronta de cambios democráticos, de alineamiento en procesos de cooperación regional de contenido antiimperialista y contrahegemónico, que han marcado, junto a Cuba, Venezuela, Ecuador y otros países, un rumbo de defensa de la soberanía nacional y la autodeterminación.

Esa es, digamos, la característica general de lo que se pone en juego en tales justas electorales. Para cada país, sin embargo, se dan unas particularidades.

En el caso de Bolivia, un sondeo de opinión cuyos resultados se revelaron el pasado 16 de septiembre, indican que el presidente Evo Morales se consolida como favorito para las elecciones generales del 12 de octubre. Aventaja en 40 puntos a su inmediato contendor, Samuel Doria, de la Unidad Democrática, en tanto que otros candidatos bordean apenas un 10 por ciento o menos de simpatías.

Logros del mandato indígena

Evo cuenta a su favor los logros socioeconómicos alcanzados desde el año 2006, cuando llegó al poder. Nacionalización de empresas y sectores estratégicos: hidrocarburos, minería, telecomunicaciones. Repartición de la riqueza nacional mediante bonos asistenciales y un mayor protagonismo de sectores sociales que, como los indígenas, fueron secularmente marginados.

Bajo el gobierno de Evo Morales, Bolivia dejó de ser el país más pobre y desigual de América del Sur, para liderar el mayor crecimiento de la subregión en el último año.

En el caso de Uruguay, el Frente Amplio, un partido político de carácter progresista, lleva una década en el poder. Para las elecciones venideras, que se llevarán a cabo el 26 de octubre, este movimiento postula el nombre del ex mandatario Tabaré Vásquez, de 74 años de edad, mientras que la derecha conservadora, intentando entablar un juego generacional y con un discurso de ‘renovación’, postula a Luis Alberto Lacalle, de 41 años de edad, a nombre del Partido Nacional.

El Frente Amplio, durante la gestión del actual mandatario, José Mujica, ha perdido adhesiones en algunos sectores de la clase media. Mantenerse en el gobierno implica hacer esfuerzos por ganar a una franja de electores indecisos y a otros que fluctúan entre el Partido Colorado y el Frente Amplio. Deberá mostrar un discurso atractivo para la gente del campo, trabajadores independientes, jubilados y otros sectores. Y aunque el gobierno del Frente Amplio ha hecho énfasis en mitigar la miseria, superar la inequidad social y adelantó programas de empleo y de entrega de subsidios a los más pobres, hay sectores sociales que reclaman mayor compromiso en la edificación de un modelo de desarrollo verdaderamente antineoliberal y de reformas sociales democráticas.

La burguesía se maquilla

En el caso del Brasil, la situación es más compleja. Con la muerte, en un accidente de aviación, del candidato del Partido Socialista Brasileño que se enfrentaba a la actual mandataria, Dilma Rousseff, en reemplazo de aquel ha aparecido la aspirante Marina Silva, que fue presentada con gran espectacularidad como una opción ‘fuerte’ a la propuesta del Partido de los Trabajadores y a quien las encuestas le atribuyen un empate técnico del 50 por ciento con Dilma.

Como en procesos electorales en los otros países, la derecha brasileña maquilla su discurso, hace promesas de renovación y cambio, y promete ‘volver’ al país por el camino de la ‘normalidad’ y de la civilidad.

Esto, en otras palabras, significa algo así como un reversazo en el proceso de reformas sociales avanzadas y regresar los privilegios a los sectores más poderosos de la burguesía y a la banca nacional e internacional.

Vuelta al pasado

Marina Silva, que ha recibido el apoyo de los sectores conservadores del Brasil, propone bajarle el perfil a Mercosur y acercarse a la Alianza para el Pacífico. Subestima a Unasur y critica las propuestas de los países que integran el bloque económico de los Brics, que recientemente se reunieron en Brasil y propusieron una agenda económica alternativa a la política neoliberal del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Un triunfo electoral de Marina Silva en Brasil sería el más amplio avance estratégico para Estados Unidos en mucho tiempo. Después de un largo período de aislamiento y desprestigio en la región, conseguir que la mayor potencia económica de América Latina vuelva a un gobierno de corte neoliberal significa un cambio de modelo que golpearía duramente la política de integración regional de inspiración bolivariana y nacionalista puesta en marcha por la mayoría de países de la región. Avances de este tenor son los que hoy están en juego en los procesos electorales de las próximas semanas.