El Tolima en el laberinto sin general

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Paisaje tolimense. Foto: John Ocampo via photopin cc

Nelson Lombana Silva

Si hay algo que quedó claro en el pasado debate electoral del 9 de marzo para elegir parlamento colombiano es que en el departamento del Tolima su tradicional clase dirigente carece de regionalismo, identidad regional y sentido de pertenencia. Carece de amor por su terruño y sus paisanos. Es una clase dirigente intrascendente, mediocre, metida en hechos de corrupción y narcotráfico hasta los tuétanos.

Paisaje tolimense. Foto: John Ocampo via photopin cc
Paisaje tolimense. Foto: John Ocampo via photopin cc

Es una vergüenza. Esta dispuesta a vender la dignidad y el bienestar de la sociedad por billetes al mejor postor, sin sonrojarse ni el más mínimo sentimiento de consideración hacia un pueblo valiente que resistió heroicamente la invasión del ibérico durante la conquista y la colonización. El pijao fue duro de vencer, hizo resistencia con dignidad y patriotismo. No le hizo concesiones al enemigo de clase. En cambio, la clase dirigente de hoy es cobarde, ambiciosa, traicionera y trásfuga que, como dice el dicho popular: “Vende hasta su madre por un peso”.

No es fortuito o casual que las “aves cuaresmeras” se hayan llevado de este territorio, corazón de Colombia y bañado por el río de la Magdalena en vía de extinción, cerca de 270 mil votos. Hay una serie de factores objetivos que se conjugan y que posiblemente explican esta calamitosa realidad.

La descomposición del régimen capitalista es cada vez más evidente. La putrefacción hace metástasis en una clase dirigente corta en valores humanos y ubérrimos en triquiñuelas para satisfacer sus apetitos personales, quebrantando la memoria histórica y los sueños lisonjeros de un pueblo que se debate en el lodo de las más crudas y urgentes necesidades.

La mafia del narcotráfico y del paramilitarismo es una realidad inexorable que cabalgan por las empinadas cordilleras y extensas llanuras. Dos ex presidentes del Parlamento estuvieron temporalmente presos por estos menesteres: Luis Humberto Gómez Gallo (fallecido), conservador, y Carlos García Orjuela, liberal en su momento, después del Partido de la U y ahora del Centro Democrático, como buen “travesti político”.

Alberto Santofimio Botero, que durante más de 20 años se apropió del departamento como su finca, no solo salió salpicado con la íntima relación con Pablo Escobar Gaviria sino condenado por el asesinato del jefe del Nuevo Liberalismo Luis Galán Sarmiento.

El ex gobernador Óscar Barreto Quiroga suspendido sus derechos políticos por 11 años y no precisamente por honrado y defensor de los intereses de los tolimenses.

A esos simples ejemplos habría que sumarle personajes “camuflados” que con salario de parlamentario tratan de mantenerse de bajo perfil para no llamar la atención ni suscitar duda y suspicacia. Con la complicidad de los medios de incomunicación y la Justicia se mueven silenciosamente por calles y avenidas de la ciudad musical de Colombia como peces en el agua. Traman desde la oscuridad y en recintos pequeños y clandestinos.

Como no maneja relaciones humanas y políticas, sino intereses económicos, pues le resultó fácil a esta clase dirigente vender 270 mil votos al mejor postor. ¿Qué se puede esperar de una clase política sin historia y sin ética?

Hace rato el Tolima está acéfalo. Esta clase dirigente es una afrenta al heroísmo del cacique Calarcá, al heroísmo del general Melo y de tantos hombres y mujeres que dieron sus vidas por su región y por su pueblo. ¡Qué vergüenza!

Hay un desafío enorme para la izquierda tolimense. Se trata de construir un liderazgo que interprete fiel y coherentemente los anhelos de todos los tolimenses. La izquierda debe asumir esta tarea, porque la derecha está enferma, descompuesta y sumergida en las aguas turbias de la corrupción y el oportunismo.

Para ello es indispensable la unidad y la grandeza. Sí, la unidad es el camino. Se trata de destruir toda una parafernalia obsoleta de esta mediocre pero violenta clase dirigente derechista y construir una parafernalia basada en los valores éticos, en la justicia social, en la paz y en el desarrollo colectivo de todos. Esa tarea es propia de la izquierda tolimense. Hay que recuperar la presencia del Tolima en el concierto nacional y la vía más expedida es contando con las masas debidamente organizadas, politizada y concientizadas. Hay que denunciar a esos vendedores de votos, son mercaderes clásicos de la politiquería y recuperar la identidad tolimensista.