El río Magdalena en la mira de la privatización

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Foto: The Magdalena River via photopin (license)

El infame y desalmado proyecto al parecer fue concebido y elaborado en inglés, documento que supera las 800 páginas y que los ambientalistas a duras penas han podido traducir hasta ahora el 50% aproximadamente.

Foto: The Magdalena River via photopin (license)
Foto: The Magdalena River via photopin (license)

Nelson Lombana Silva

A cuentagotas viene conociendo la comunidad la infame decisión de la burguesía en cabeza del presidente Juan Manuel Santos Calderón de privatizar el río de la Magdalena, el río patrio de tanta historia y reconocimiento nacional e internacional.

Una decisión apátrida y miserable de entregar este imponente río a las multinacionales y transnacionales para que se hagan más ricas y poderosas a costa de lo que es de todos los colombianos.

El infame y desalmado proyecto al parecer fue concebido y elaborado en inglés, documento que supera las 800 páginas y que los ambientalistas a duras penas han podido traducir hasta ahora el 50% aproximadamente.

Hace poco se hizo un evento en el municipio de Natagaima (Tolima) precisamente para socializar esa parte traducida. Los ambientalistas y líderes comunitarios que habitan la rivera de la fuente hídrica lanzaron una campaña que busca crear conciencia entre los campesinos e indígenas de Colombia sobre este exabrupto del régimen capitalista liderado por el presidente Santos.

Al parecer se proyecta construir diez hidroeléctricas utilizando estas aguas, energía para exportar a las grandes urbes de países extranjeros, en detrimento de la Madre Naturaleza y del río sumido en la más espantosa contaminación.

La libertad de comercio es la única ideología predominante en el capitalismo. El dios dinero es la lógica y se impone destruyendo toda manifestación de solidaridad y humanismo. ¿Dónde queda el respeto por la naturaleza? ¿Dónde queda la soberanía nacional? ¿Dónde queda el interés colectivo de la nación?

Todo queda reducido al cálculo egoísta de la clase dominante, la burguesía, como bien lo enunciaron Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista escrito en 1847. Esta clase dominante no maneja relaciones humanas, maneja relaciones económicas.

La intención de privatizar el río no es un hecho aislado y circunstancial. Es el desarrollo del Plan Colombia que concibió los Estados Unidos a partir del año 2000 y que tuvo pleno respaldo por parte de la clase dirigente nacional, la cual habla español pero piensa en inglés. Es la ejecución siniestra de la ofensiva al sur o Estrategia Andina diseñada por el imperialismo.

Bien dice Germán Castro Caycedo: “Se trata de una guerra que no confronta a un enemigo en particular – aunque esgrima pretextos como la guerrilla y el narcotráfico –, sino que busca apropiarse de los recursos estratégicos. En nuestro caso, el agua dulce y la espectacular diversidad de nuestras selvas”[1. Castro Caycedo, Germán. Nuestra guerra ajena. Editorial Planeta. 2014. Primera edición. Página consultada 80.].

Agrega el destacado escritor: “La orientación de este conflicto privatizado está en confrontar todo aquello que se oponga o se resista a la privatización y apropiación de recursos previamente ubicados: gas, petróleo, agua dulce, biodiversidad”[2. Ibíd. Página consultada 80.].

El cuento peregrino de los Estados Unidos y la oligarquía colombiana era que el Plan Colombia era para acabar con el narcotráfico, después se pudo establecer que era contrainsurgente y ahora se sabe que era para apoderarse de nuestras riquezas naturales.

El plan contempla que quien se oponga será neutralizado usando los métodos más ruines como la cooptación, la amenaza o el asesinato. Todo está fríamente calculado, como diría el Chapulín Colorado. No en vano dicen el inglés Mackinder y el estadounidense Spykman: “Quien controle el agua dulce controlará la economía universal y, como corolario, controlará la vida en un futuro no lejano”.

En esas condiciones, se debe globalizar la lucha y la resistencia por la defensa de la soberanía nacional, la defensa de nuestros recursos naturales, nuestra biodiversidad y la dignidad de los pueblos. Debe ser una lucha unitaria. Una lucha ambientalista, pero sobre todo, una lucha política. Separar la lucha política de la lucha ambientalista es un error, porque la entrega de la patria a las multinacionales y transnacionales son decisiones políticas. Resulta contradictorio decir que se lucha por el ambiente y a renglón seguido apoya a los mismos que han venido entregando la soberanía nacional. Allí no hay coherencia.

Algunas actividades se vienen desarrollando en relación con el río de la Magdalena. Se viene organizando actividades de cabotaje para llamar la atención, sobre todo en comunidades ribereñas. Se desarrollan foros y debates sobre el particular, lo cual es sumamente importante. Los comunistas llamamos a apoyar estas iniciativas y a profundizar la organización del paro cívico regional o subregional. La consigna debería ser: romper con el analfabetismo, la insolidaridad y la indiferencia. Solo la unidad y la movilización popular pueden parar este siniestro plan imperialista contra la patria y la madre naturaleza en su totalidad.