La buseta no contaba con las normas de seguridad exigidas por la ley, carecía de extintores y no contaba con salida de emergencia. Estas artesanales soluciones son comunes en la zona, pero lo peor es que no hay control por parte de las diferentes autoridades de tránsito.

accidente fundacion magdalena

El drama que viven las familias de 33 niños que fallecieron al interior de una buseta mientras esta se quemaba el pasado 19 de mayo en el municipio de Fundación (Magdalena) es indescriptible y muestra lo artesanales que funcionan las cosas en el país.

Como presuntos responsables de estos hechos fueron asegurados Manuel Salvador Ibarra Plaza y Jaime Gutiérrez Ospino, líder espiritual y conductor de bus, respectivamente. Servidores del CTI de la Dirección Seccional Magdalena, con apoyo de la Sijin, adelantaron los actos urgentes que permitieron determinar las causas del accidente.

Se estableció que Ibarra Plaza contrató el vehículo para trasladar a los menores. Sin embargo, según el experticio técnico realizado al automotor, se detectó que este solo contaba con el sistema de funcionamiento a gas, por lo que tanto el conductor como el líder espiritual, al no conseguir que les vendieran este combustible por las condiciones precarias en que se encontraba la buseta, habrían decidido instalar un dispositivo artesanal irregular para el suministro de gasolina.

Este sistema consistía en colocar una manguera al carburador y suministrar la gasolina para hacer funcionar el vehículo. Con ello los hoy procesados lograron realizar tres viajes antes del siniestro. En el informe pericial se indica que, al parecer, el bus se apagó en dos ocasiones por falta de gasolina, en las cuales al manipular el dispositivo instalado permitió que se regara combustible alrededor de la tapa del motor, lo que ocasionó que se produjera una chispa en el motor de arranque, causando el incendio y posterior muerte de los menores.

La buseta no contaba con las normas de seguridad exigidas por la ley, carecía de extintores y no contaba con salida de emergencia. Estas artesanales soluciones son comunes en la zona, pero lo peor es que no hay control por parte de las diferentes autoridades de tránsito.

Los pequeños habían asistido a la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia y cuando ocurrió la tragedia iban a ser llevados a sus casas ubicadas en el barrio Altamira.

Rosiris Hernández, una mujer que acompañaba al grupo de pequeños en el traslado a sus hogares, pudo rescatar a varios de ellos junto con un mototaxista que fue la primera persona en llegar al lugar del siniestro.