“Si en verdad quieren valorar nuestro sufrimiento y nuestros muertos, que las verdades por las que ellos murieron sean resarcidas. Las mujeres hemos llevado a cuestas la cruz de esta guerra”

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Quimbaya Inti

Escuchando con sorna una entrevista por parte de futuros periodistas a un grupo de “víctimas” sorprende una vez más la realidad social y estatal en la que estamos; los chicos querían centrar sus preguntas de manera fría en la ley de Víctimas y la Restitución de Tierras; entre los ahí reunidos una mujer habló y les contestó que ella nunca había poseído la tierra, que a ella en cambio, le habían desaparecido a su compañero (el amor de su vida, dijo realmente), encarcelado a su hermano, asesinado a su amigo; que además su historia familiar daba cuenta de que en la época de la violencia habían asesinado a su bisabuela por ser liberal y que su abuelo y los hermanos de este, habían tomado venganza y tuvieron que huir de su región. Después de esto añadió que sabía poco de esa ley, que seguro no serviría en su caso para nada; otra de las mujeres añadió con sapiencia que era mejor que hubiera ley a que esta no exista, que esperaba poder sumarle verdad a la ley, a lo que un abogado que se encontraba entre los presentes agregó que los hechos preceden la ley y está la 1448 de 2011, que reconoce el conflicto armado que fue invisibilizado por otros gobiernos; alguien más añade que en últimas eso era cierto, pero que un día nacional de víctimas, para que se hagan conciertos y que la gente use camisetas blancas a él no le devolverá nada, que debería incluírsele leyes y acciones que garanticen transformaciones sociales, que fue por lo que asesinaron a los suyos.

Los chicos atónitos, solo atinaban a mirarse entre sí, mientras una de las presentes les cuenta acerca de cómo asesinaron hace varias décadas atrás, a su padre un líder sindical y les pregunta qué saben ellos de cómo se dio el exterminio de este movimiento en el país; les preguntó si en el colegio o en la universidad les habían hablado de esto, la respuesta fue no; les pregunta entonces si con el tema de la paz ellos estarían dispuestos a por ejemplo, gestionar espacios y convocar a otros estudiantes para que escuchen la verdad de personas como ellos; que eso sería una forma de reparación y de prevención social, que le parece insólito y revictimizante que las nuevas generaciones se formen de espaldas a esta realidad. Mientras los chicos tienen el rostro transfigurado por la verdad frente a sus ojos, surge otra propuesta: “que aquello de pedirles perdón vaya acompañado de leyes por el derecho a la salud y a la educación”, dicen que no quieren que después de 30 años como en lo del Palacio de Justicia les pidan un perdón que no sabe a nada, que no va acompañado de nada, de ninguna obra de restitución social; al finalizar nuevamente habla la mujer a la que le asesinaron su padre y dice “si en verdad quieren valorar nuestro sufrimiento y nuestros muertos, que las verdades por las que ellos murieron sean resarcidas. Las mujeres hemos llevado a cuestas la cruz de esta guerra”.