Según las Naciones Unidas, se requieren al menos 20 mil millones de dólares para alimentar 60 millones de desplazados en el mundo

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Ninguno de los países integrantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ni los del Grupo de los 7, que congrega a las mayores potencias industriales del planeta, tampoco las potencias que integran la OCDE, asistieron a la cita de la Cumbre Mundial Humanitaria, convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, para los días 23 y 24 de mayo en Estambul, capital de Turquía.

Esto llevó a que tanto Ban Ki-moon como el presidente Recep Tayyip Erdogan, anfitrión de la reunión, se declararan “decepcionados” ante la falta de compromiso de los líderes de las grandes potencias. Ambos estadistas habían reclamado ‘la solidaridad para ayudar a las personas más vulnerables’ en el mundo.

En una convocatoria a la cumbre, conocida desde mediados del año pasado, la ONU había hecho un llamamiento para que “ninguna persona que esté en un conflicto armado, ninguna con pobreza crónica y ninguna que viva con el riesgo de peligros naturales y el aumento de los niveles del mar, quede en el olvido”.

En el mundo, cerca de 130 millones de personas son víctimas de conflictos armados y desastres naturales, aseguran las Naciones Unidas; una cifra que por cierto, va en aumento. En Faluya, en Irak, hay más de 50 mil refugiados, asediados y a merced del Estado Islámico, a quienes “nadie les ayuda, nadie llega hasta ellos”, según palabras de Jean Egeland, del Consejo Noruego para los Refugiados.

Con apenas el uno por ciento del gasto militar mundial, se cubrirían satisfactoriamente las necesidades de estas personas, indicó una fuente de la Naciones Unidas. De momento se requieren 20 mil millones de dólares para alimentar y proteger a más de 60 millones de refugiados. Pero las grandes potencias dieron la espalda a este problema, considerado una verdadera tragedia humanitaria.