Crisis en Brasil: Preparando el ‘Caracazo’

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Dilma Rousseff se ha lanzado a la reconquista de apoyos populares.

Desaciertos en la gestión del gobierno de Dilma Rousseff han generado un importante nivel de descontento social. La burguesía aprovecha para intentar desmontar el proceso de reformas sociales del gobierno de izquierda. Los más recalcitrantes hablan incluso de golpe de estado

Alberto Acevedo

Dos grandes movilizaciones, en el lapso de un mes, exteriorizan el malestar de un amplio sector de la sociedad brasileña frente a la gestión económica de la presidenta Dilma Rousseff y del Partido de los Trabajadores (PT). La última de estas protestas se realizó el pasado 12 de abril y contó con la presencia de manifestantes en unas 20 ciudades. Sin embargo, ésta fue considerablemente menor a la realizada el 15 del mes anterior, lo que implicaría una disminuida presencia de lo que se ha denominado la ‘oposición’.

Los planes de ajuste fiscal anunciados por la mandataria, un menor crecimiento de la economía, debido en buena parte a factores externos como la caída de los precios del petróleo, el aumento de impuestos, ya de por sí altos, que le imprimen un cierto tinte neoliberal a la gestión económica del gobierno, pero, ante todo, los escándalos de corrupción en las altas esferas del estado, han sido factores determinantes para este estado de malestar social.

Sin embargo, la obra social de las administraciones del PT, primero bajo el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, y ahora bajo la presidencia de Dilma Rousseff, tienen a su favor un sólido inventario, comenzando por la realización del programa Hambre Cero, que sacó de la pobreza a 36 millones de brasileños. Los hogares de esos compatriotas cuentan hoy con televisión, lavadora eléctrica, celulares, e incluso algunos de ellos compraron auto.

Las conquistas sociales alcanzadas por los brasileños bajo el gobierno del PT, son enormes. Pero hoy se puede ver, sin embargo, que ni en la administración de Lula ni ahora bajo Dilma el PT fue capaz de establecer estaciones de radio y televisión sociales y gubernamentales que le disputaran el manejo de la opinión pública a la burguesía tradicional, como sí lo han hecho los gobiernos progresistas de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Y esos medios resultan imprescindibles para divulgar y defender la obra social del gobierno.

En esas condiciones, hoy resulta paradójico que en materia de comunicaciones el gobierno de Dilma esté a la defensiva, enfrentado a la prensa de la burguesía, en manos privadas y representando poderosos intereses económicos. En ese equilibrio de poderes, la derecha ha movilizado amplios sectores de opinión, a los que les inculca la consigna de pedir la renuncia de Dilma, la salida del PT del gobierno, e incluso, los más recalcitrantes, voceros de un sector fascista de la burguesía, reclaman el golpe militar.

Críticas

Esto es, nada de reformas sociales, nada de gobiernos progresistas. La idea es volver al país al anterior estado de cosas. Justamente las pretensiones que exteriorizaron en la anterior campaña electoral, respaldando la candidatura de Marina Silva.

Los privilegiados de arriba intentan sacar tajada del caos. A los sectores populares, a los partidos de izquierda, esta coyuntura les impone revisar las tareas de la unidad, un programa de rectificaciones en el gobierno y salvar el proyecto de reformas democráticas.

El conocido teólogo y líder social Frei Betto, que acompañó el primer gobierno de Lula, asesorando el programa Hambre Cero, dice que se ha desdibujado el papel de la izquierda, pues ahora en el poder, en la emulación con los poderosos, se ha olvidado de la ética.

“¿Dónde están los líderes del PT -se pregunta Betto- que los fines de semana regresan a las favelas y las periferias?”. El líder cristiano critica a los dirigentes del PT que incrementaron su patrimonio familiar en los últimos años, que transformaron el partido en el organismo que al llegar al Palacio de Planalto eligió “asegurar su gobernabilidad con el mercado y con el Congreso”, olvidando que la única salida es “buscar la gobernabilidad estrechando sus relaciones con los movimientos sociales”. De lo contrario, “es el comienzo del fin”. Para Betto la clave está en la ética, después viene la línea política.

Cambios

Una cuestión adicional a considerar es el escándalo por corrupción, que, a decir verdad, no ha tocado solo a los dirigentes del PT, sino a todo el abanico de partidos con representación en el Congreso, incluidos desde luego los de la burguesía. En la investigación judicial, hay elementos que indican que este fenómeno viene de gobiernos anteriores al actual régimen de izquierda. Y bajo el gobierno de Dilma Rousseff se ha puesto en prisión a un número de corruptos, en una cifra como no se había visto antes bajo gobiernos anteriores.

El panorama de desventajas para Dilma Rousseff comienza a cambiar. El momento más fuerte de la oposición parece haber quedado atrás. Dilma ha tomado la iniciativa política. Viene recomponiendo alianzas y apoyos dentro del gobierno, muestra unas perspectivas de reactivación económica, mantiene el nivel de empleo a pesar de los sabotajes del empresariado, dispuso significativos descuentos en el impopular impuesto a la renta, diseña un aumento de salarios por encima de la inflación, nombró a Lula como como coordinador ad hoc del gobierno y en varios ministerios nombró a connotados líderes de izquierda.