Córdoba y sus campesinos buscan unidad

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Con 400 personas se realizó el 2 de marzo la Precumbre en Montería. Aquí narramos cómo suceden, paralelamente, historias que reflejan país.

La Precumbre estaba preparada en un gran auditorio de la asociación de maestros de Córdoba (Ademacor). Un agradable espacio lleno de árboles y brisa. Al lado opuesto de este está el río Sinú. Su ribera es un gran sendero ecológico. Árboles gigantes dan sombra a un sector donde la temperatura sube cada hora. Según habitantes de Montería, este es uno de los senderos más grandes de Colombia, tiene dos kilómetros de trayecto. También saben que por el Sinú ya no bajan bocachicos. Las represas que en la región hay, y quieren montar, los exterminaron a todos, cuando antes ese río era una fuente de alimento para gran parte de la población.

Las campañas políticas nos recibieron desde el primer momento. En Valdivia una caravana que cerró la vía por un largo tiempo iba haciéndole memoria a un alcalde asesinado hace tres años y al mismo tiempo haciendo campaña con unos candidatos de la región, por cierto muy oportunistas con la situación.

Las calles están atestadas de campañas políticas y se nota que Uribe es dueño de esa tierra, porque su rostro está por todos lados. Campañas costosas. Pasan caravanas azules, rojas, blancas, de todos los colores de la derecha que son los que más dinero tienen, gente desentendida corriendo y gritando, mototaxistas pitando. Según cuentan, a estos últimos les pagan a 70 mil la salida, es decir que les va muy bien, porque hay varias salidas al día.

Camionetas con mujeres casi desnudas bailando. Esto es pura payasada, porque es un gasto de dinero que no aporta propuestas a la realidad tan cruda del país y sobre todo de esa región donde la desigualdad es amplia y el conflicto armado también tiene mucha fuerza.

En un pueblo cercano a Montería, Sahagún, ya casi todos los votos están comprados, pagan a 120 mil cada uno. Todo se llena de campañas, de sonrisas y apretones de manos, y cuando ya son elegidos nadie vuelve a aparecer por esos lados. Se nota el abandono.

Precumbre

“Necesitamos que el estado sepa quiénes somos nosotros, cuál es nuestra historia y en qué situación estamos, que no viva con suposiciones, que no nos engañen más”, dice un campesino en el saludo a la Precumbre, cuando todos estábamos dispuestos a un trabajo de formación y conciencia.

400 personas de diferentes sectores sociales estuvimos allí reunidos en torno a la socialización del ambiente social que vive Córdoba, así como lo han hecho en las demás regiones de Colombia, todos con un factor común y es la tierra y todas sus particularidades, porque la mayor afectación es del despojo. “Aquí la tierra la quieren tener unos cuantos que nos sacan a la fuerza sin respetar nuestros derechos”. Ellos luchan porque la distribución sea equitativa.

Una de las estrategias del gobierno para desalojar territorios es dividir y negociar por separado con cada grupo social. Aquí se ve una de las diferencias con los campesinos y los indígenas.

“Los indígenas de Alto Sinú se están contradiciendo. Antes decían que no vendían, ahora sí. Están vendiendo por cualquier peso. En pocos años van a construir la represa Urrá 2 y los van a sacar porque supuestamente ya vendieron. Necesitamos unirnos, trabajar de la mano, si no esta disgregación nos va a arruinar”, dice una mujer del Alto Sinú a quien le preocupa la situación de desplazamiento y violencia en su región, y agrega: “Han perdido sus costumbres, ya no viven ni piensan como antes, porque el dinero fácil los cambió, y el estado los engañó, no les contó en realidad qué es lo que va a suceder, los volvieron perezosos”.

Salieron cinco mesas de trabajo, distribuidas así: 1) Ciudad región, 2) Modelo de despojo, 3) Territorio, territorialidad y prácticas culturales, 4) Salud, educación y servicios públicos, 5) paz con justicia social. Son mesas que tienen conexión con las demás precumbres del país y que unifican las dificultades, por temáticas, que vive la nación.

“Esta Precumbre es una preparación. Los que venimos aquí debemos saber qué nos convoca y luego saber por qué vamos para Bogotá. Debemos debatir qué es lo que allí vamos a decir”. Las organizaciones sociales seguirán en su labor que es larga y nada fácil, pero “no nos dejamos opacar y por el contrario cada vez adquirimos más fuerza y conciencia”.

Montería arde, se calienta, la temperatura sube, algunas veces llega a 42 grados. Bastantes horas de camino se gastaron los campesinos que con alguna esperanza llegan a plantear soluciones a todas las dificultades que viven en sus regiones. Son tantas que buscan una salida inmediata. Hidroeléctricas que los hacen desplazar y perder sus tierras, conflicto armado que temen por sus vidas a cada paso.

Los estudiantes y demás sectores de la ciudad estuvieron allí unificando ideas, apoyando una lucha que también les compete. Entre todos proponen un paro agrario después de la cosecha, que es a final de abril o principio de mayo.

Este fin de semana en Tierralta (Córdoba) se realizará la primera escuela de constituyentes de mujeres, donde ellas también se preparan y aportan para un país justo.

Agencia Prensa Rural