Conferencia internacional por un mundo sin armas nucleares

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La proliferación de armas nucleares pone en peligro la existencia de la humanidad.

El 90% de los países dice no a nuevos ensayos nucleares. Pero la humanidad es rehén de las grandes potencias, que torpedean la firma de un tratado de no proliferación

La proliferación de armas nucleares pone en peligro la existencia de la humanidad.
La proliferación de armas nucleares pone en peligro la existencia de la humanidad.

Alberto Acevedo

A instancias de las Naciones Unidas, un numeroso grupo de países suscribió, en 1968, un Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, que en su artículo VI plantea que los estados parte del acuerdo se comprometen a emprender negociaciones dirigidas hacia un tratado de desarme general y completo, bajo supervisión internacional.

Establece el acuerdo que cada cinco años estas naciones harán una conferencia internacional para revisar sus contenidos y objetivos, y avanzar en la meta final de alcanzar un mundo sin armas nucleares. Una de esas revisiones se realiza en estos momentos en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, donde está sesionando desde el 27 de abril pasado la Conferencia Internacional de examen del Tratado de No Proliferación Nuclear, y cuyas deliberaciones se extenderán hasta el 22 de mayo.

Uno de los organismos más dinámicos en el impulso de estas iniciativas es la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TCPE), fundada en 1966. Desde entonces, 164 países han ratificado el TPCE, lo que indica que se ha hecho un esfuerzo grande hacia la prohibición de ensayos.

Consecuencias catastróficas

Esto indica que hay dos grandes corrientes de pensamiento en cuanto a este tema. De una parte, quienes se inclinan porque no se realicen nuevos ensayos nucleares, y de otro lado, los se pronuncian resueltamente por la prohibición total de las armas nucleares. Sin embargo, se ha logrado hasta ahora eliminar la proliferación horizontal, es decir: evitar que nuevos países adquieran este tipo de arsenales, y de otro lado la proliferación vertical, que indica que los países que poseen este tipo de armas desarrollen sistemas más avanzados y sofisticados de destrucción masiva.

En la conferencia anterior de revisión, los participantes suscribieron una declaración en la que reconocen “las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de las armas nucleares” e instan a los países que las poseen a dar pasos en firme hacia su total erradicación.

Desde esa conferencia, hace cinco años, hasta ahora, se han realizado tres conferencias internacionales sobre el impacto humanitario de los arsenales nucleares. Una en Oslo, en 2013; otra en Nayarit (México) a principios de 2014, y otra en Viena, el pasado mes de diciembre. En el evento de Viena se dio una particularidad: entre los 158 países asistentes, enviaron delegaciones, por primera vez, varios gobiernos poseedores de armas nucleares: Estados Unidos, Gran Bretaña, India, Pakistán y China.

Avances y desafíos

En todos estos eventos, se encontraron nuevos puntos de coincidencia:

*Los gobiernos no disponen hoy de la capacidad de asistencia adecuada para atender a un elevado número de víctimas, como lo demuestran las tragedias naturales de Haití y Nepal.

*El uso de armas nucleares tendría consecuencias catastróficas y duraderas en la salud humana, el medio ambiente y el desarrollo económico de las naciones.

*Una explosión nuclear afectaría no solo la zona de descarga, sino a otros países y poblaciones por el efecto radioactivo, como lo indican las experiencias de Chernóbil y Fukushima.

*El mundo está expuesto, de manera real, a detonaciones accidentales por error, por descuido en la tenencia de armas nucleares. Desde 1945 hasta hoy, se han registrado varios episodios de falsas alarmas o interpretaciones erróneas de información clasificada en manos de organismos de inteligencia militar.

Y a pesar de que el 90% de los países dice no a los ensayos nucleares y un fuerte grupo de éstos se pronuncia por la eliminación total de los arsenales, la verdad es que la humanidad es hoy rehén de los intereses de la grandes potencias armamentistas, que aplazan indefinidamente o torpedean la firma de nuevos acuerdos y avances. En este caso, han dicho organizaciones no gubernamentales, solo la presión de la sociedad civil hará que los gobiernos se muevan de esas posiciones insensatas y se pueda avanzar hacia un mundo sin armas nucleares.