Conferencia Global en Brasil busca disminuir el trabajo infantil

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La agricultura es el sector en el que más niños trabajadores hay: 98 o 59% de ellos. Foto web OIT.

Aunque sin tocar el modelo económico como causa del problema, la reunión hizo recomendaciones que de tomarse en cuenta disminuirían las aberraciones del capital contra los niños

Juan Carlos Hurtado F.

Representantes de los gobiernos, organizaciones de empleadores y de trabajadores que participaron en la III Conferencia Global sobre Trabajo Infantil, se reunieron en Brasilia, Brasil, del 8 al 10 de octubre pasado, para evaluar los progresos realizados desde la Conferencia Mundial sobre Trabajo Infantil de La Haya de 2010, analizar los obstáculos restantes y ponerse de acuerdo sobre las medidas para fortalecer acciones que eliminen las peores formas de trabajo infantil hasta 2016, así como para erradicarlo en todas sus formas.

Para la Organización Internacional del Trabajo, OIT, el trabajo infantil adopta muchas formas diferentes, por lo que una prioridad es la eliminación inmediata de las peores.

Todas las formas de esclavitud como la venta y la trata de niños; la servidumbre por deudas y la condición de siervo; y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados. La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas. La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes. Y, el trabajo que daña la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

Algunas cifras

Entre las clasificaciones de este organismo de las Naciones Unidas el “trabajo infantil peligroso” constituye la categoría más importante. En este se calcula que hay 115 millones de niños de entre cinco y 17 años de edad que trabajan en sectores tan diversos como la agricultura, la minería, la construcción, la manufactura, la industria de servicios, la hotelería, los bares, la restauración, los establecimientos de comida rápida y el servicio doméstico.

La OIT estima que unos 22 mil niños mueren en el trabajo cada año y se desconoce el número de lesionados o que caen enfermos debido a este. El 53% de los niños trabajadores en el mundo es víctima de trabajos peligrosos. El trabajo peligroso ha aumentado entre los niños de 15 a 17 años de edad; en cuatro años, de 2004 a 2008, subió en un 20% – pasando de 52 a 62 millones.

El número de niños de 15 a 17 años de edad que efectúan trabajos peligrosos es dos veces superior al de las niñas. En el caso de las niñas, el número disminuyó en un 24% entre 2004 y 2008.

En el grupo de edad de niños de cinco a 14 años, 53 millones (cerca de un tercio) están involucrados en trabajos peligrosos. En África subsahariana, 15% de los niños es víctimas de esta clase de trabajos.

Datos como los anteriores son los que tienen en alerta a los estamentos que discutieron en Brasil y los dejaron convencidos de erradicar el trabajo infantil ya que impide la realización de los derechos de los niños y constituye un problema importante para el desarrollo y los derechos humanos. Por eso, su meta principal es la eliminación de lo que han denominado las “peores formas de trabajo infantil”, en el año 2016.

Por lo anterior, en la declaración final reconocieron que los gobiernos tienen el papel principal y la responsabilidad primordial, en cooperación con organizaciones de empleadores y de trabajadores, así como las organizaciones no gubernamentales y otros actores de la sociedad civil, en la implementación de medidas para prevenir y eliminar el trabajo infantil, en particular sus peores formas y rescatar a los niños del mismo.

Igualmente, reconocen que las medidas para promover el trabajo decente y el empleo pleno y productivo para los adultos, son esenciales para que las familias estén habilitadas para eliminar su dependencia de los ingresos generados por el trabajo infantil.

“Se necesitan medidas para ampliar y mejorar el acceso a la educación gratuita, obligatoria y de calidad para todos los niños, así como para la progresiva universalización de la protección social…”

Tareas para los gobiernos

En otra de sus conclusiones abogan por un uso integrado, coherente y eficaz de los servicios y políticas públicas en las áreas de trabajo, educación, agricultura, salud, formación profesional y protección social, como un medio para la construcción de capacidades y empoderamiento, de manera que todos los niños, incluidos los de las zonas rurales, concluyan la educación obligatoria y la formación sin involucrarse en trabajo infantil.

Instan a los gobiernos a asegurar el acceso a la justicia a los niños afectados por el trabajo infantil, a garantizar su derecho a la educación y a ofrecer programas de rehabilitación, como un medio de promover y proteger su bienestar y dignidad y realizar con sus derechos, con especial atención a los niños que están particularmente expuestos a las peores formas de trabajo infantil debido a la discriminación en cualquier forma. También, a establecer y mejorar los marcos legales e institucionales para prevenir y eliminar el trabajo infantil. También animamos a los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley para avanzar en la atribución de responsabilidades de los perpetradores en casos de trabajo infantil, incluida la imposición de sanciones apropiadas contra ellos.

Alientan a las autoridades competentes que tienen la responsabilidad de hacer cumplir la ley y las regulaciones relativas al trabajo infantil, incluidos los servicios de inspección del trabajo, para cooperar unos con los otros, en el contexto de la aplicación de sanciones penales o, según apropiado, de otra índole en los casos de trabajo infantil, especialmente sus peores formas.

Hicieron un énfasis en la necesidad de dar apoyo y fortalecer las capacidades de los países en situaciones de conflicto y de post-conflicto, en particular entre los países menos desarrollados, para luchar contra el trabajo infantil, en particular mediante programas de rehabilitación y reinserción.

Aunque el fondo del asunto es la aplicación desmesurada del modelo económico –tema no tratado-, y más allá de ser un recetario de buenas intenciones, la aplicación de estas medidas podría disminuir las aberraciones del capital contra la niñez.