Benkos Biohó: “Cesar el combate e iniciar el debate”

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Benkos Biohó, comandante guerrillero de las FARC-EP.

La paz en los territorios se construye con transformaciones sociales

Benkos Biohó, comandante guerrillero de las FARC-EP.
Benkos Biohó, comandante guerrillero de las FARC-EP.

Redacción Política

Benkos Biohó, comandante del frente 34, bloque Efraín Guzmán, llegó a la mesa de La Habana en julio de 2015, se integró a las tareas de la Subcomisión para la Terminación del Conflicto, y era hasta hace poco, uno de los enlaces de la delegación de la insurgencia con la prensa nacional e internacional que cubre los diálogos de paz. Un hombre corpulento y muy conocedor de la historia de las comunidades afrocolombianas. Lo caracteriza su buen humor y desparpajo que se contrasta con la seriedad en sus planteamientos políticos. Habló con VOZ luego de recibir una investigación sobre el conflicto en Colombia realizada por la Fundación Funuvida.

–¿Qué tan importante es que la academia, los investigadores sociales y los conocedores del conflicto publiquen investigaciones sobre el conflicto?

–Todas las investigaciones sobre el conflicto aúnan esfuerzos para desentrañar las raíces de este y encontrar su contexto histórico. Y mejor aún si son investigaciones que plantean mecanismos que permitan la no repetición de una guerra que le ha costado a los colombianos 50 años de dolor y desesperanza. Una guerra que es la continuidad de las disputas por un proyecto de nación incluyente con todos y cada uno de los colombianos. La exclusión es uno de los factores que ha generado violencia a lo largo de décadas.

–En su condición de comandante del frente 34 de las FARC, con presencia en el Urabá ¿cuál es la paz para esa región?

–El Urabá es una región vital para garantizar la paz de Colombia. El elemento más álgido del conflicto es la tenencia de la tierra. Los departamentos de Antioquia, Córdoba y Chocó, tienen la característica de ser una de las tierras más fértiles del país y por supuesto se han convertido en los mayores escenarios de violencia. Esa región ha sido muy golpeada por todas las violencias que genera el conflicto armado. Y para poder hablar de paz y reconciliación en esos territorios se debe hablar de las transformaciones de las realidades sociales allí, entre otras la tenencia de la tierra, su estructura y de la necesidad de democratizar su propiedad.

–En el eje bananero el alcalde de Apartadó, Eliécer Arteaga Vargas, le ha propuesto al país que el corregimiento de San José de Apartadó, en las estribaciones de la Serranía de Abibe, se convierta en un laboratorio de paz. Ustedes conocen muy bien la región, ¿qué posibilidades le ven a esa propuesta?

–Es plausible, pero se debe analizar con objetividad. Un laboratorio de paz tiene que llevar implícito la recuperación de las tierras arrebatadas por la violencia paramilitar y de ahí devolver de manera inmediata la tenencia de esa tierra que está en manos de poderosos que no quieren la paz. Esa es la primera consideración para entender que un laboratorio de paz no es un ejercicio de silenciamiento de fusiles sino de transformación de las realidades que viven las comunidades y de soslayar para siempre las causas que generan el conflicto. En el caso de la región del Urabá la desigualdad en la tenencia de la tierra. Nosotros hemos sido claros en que la política agraria del país debe fundarse en la redistribución de la tierra en Colombia y que la justicia social y la paz debe estar sustentada a partir del elemento de productividad para sus habitantes.

–El poder local debe meterse en sintonía con la paz.

–Vemos con buenos ojos ese tipo de propuestas que nacen de las administraciones locales, ojalá se multiplique por todo el país, pero con elementos que resultan fundamentales para la construcción de una paz estable y duradera: el respeto del derecho que tienen las comunidades agrarias a la tenencia de la tierra. Que las comunidades tengan la vocación de definir a partir de la tenencia de sus territorios los usos que les van a dar a esas tierras y que el elemento de construcción del tejido social se fundamente en lo que históricamente han sido.

–El futuro para el Urabá debe ser la paz.

–La paz es un proceso de construcción colectiva de la población colombiana desde lo regional hasta lo nacional. Es un proceso que demanda transformaciones y nuevos escenarios políticos. En La Habana se va a firmar el cese de la violencia armada que nos debe conducir a la construcción de la paz. Ese nuevo escenario nos debe abrir muchos espacios, por ejemplo, que podamos plantear una visión distinta del modelo económico para el país y eso no sea un argumento suficiente para la persecución y la muerte. Nosotros decimos: debe cesar el combate para que inicie el debate. Y el debate no se suscribe exclusivamente a las aspiraciones electorales sino que va más allá. Confrontar las tesis de construcción de la sociedad.

–Un mensaje para los colombianos.

–Nuestro país se merece la paz. Y es un proceso donde todos los colombianos debemos participar. Queremos debatir ideas y visiones de un futuro inmediato y de una trasformación del país. A los colombianos los invitamos a eso y ahí nos vemos