Afirma religioso: “En Colombia las muertes las provoca la corrupción”

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El hermano Leopoldo, un cura de la teología de la liberación. Foto Nelosi.

Conversando con Julio Emilio Arboleda Zapata, un sacerdote católico y apostólico, pero no romano.

El hermano Leopoldo, un cura de la teología de la liberación. Foto Nelosi.

Nelson Lombana Silva

El hermano Leopoldo del Ave María, llamado Julio Emilio Arboleda Zapata, ejerce el sacerdocio, a pesar de tener diferencias en algunos aspectos con la Iglesia católica. Se declara católico y apostólico, pero no romano. Nació en Cartago (Valle) el 4 de marzo de 1954. Es licenciado en ciencias religiosas de la facultad de teología de la Universidad Javeriana. Durante seis años hizo parte de la congregación franciscana y estuvo siete meses en Italia.

Actualmente ejerce su apostolado en el departamento de Huila. Celebra en Neiva, sobre todo en los barrios más humildes y veredas más distantes acosadas por la violencia y la ausencia del Estado. Sin embargo, el templo principal de su jurisdicción llamado El Señor de los Milagros, se encuentra ubicado en el poblado de Potosí, municipio de Villavieja (Huila), prácticamente en el centro del desierto de La Tatacoa.

Entre las diferencias con la jerarquía eclesiástica de la Iglesia católica están la de no cobrar por sus oficios religiosos. “No cobro por los estipendios eclesiásticos, la ayuda es voluntaria”, explica. Sin embargo, las diferencias son más profundas y amplias: “No aceptamos que el Papa diga que es infalible, como quedó condensado en los documentos del Concilio Vaticano II. Si aceptamos la infalibilidad del Papa, significa que tenemos que aceptar también los errores y por qué no decir horrores como la Santa Inquisición y el maridaje de muchos clérigos con los poderes imperiales para mantener el statu quo de poder a nombre de la religión”.

Agrega: “La infalibilidad papal no va con nosotros, tampoco el machismo tradicional de Roma; hemos recuperado el diaconado femenino. Damos la Eucaristía con las dos especies: el cuerpo y la sangre de Cristo. Fuera de eso, somos celosos defensores de los más pobres, especialmente los menos afortunados de los derechos fundamentales. Rechazamos el purgatorio tal como lo conciben ellos, como un modus vivendi, como si fueran unas cámaras tenebrosas nazis custodiadas por arcángeles, donde yo negocio mi eternidad a través de la misa”.

La teología de la liberación

Acoge la teología de la liberación pero sin llegar al extremo de empuñar las armas como lo hicieron los padres Camilo Torres Restrepo y Manuel Pérez, entre otros. No obstante, señala: “La mayoría de los elementos de la teología de la liberación a través de la opción preferencial por los más pobres, me parece maravillosa. La sencillez en sus celebraciones eucarísticas divino, porque más sencillo que la última cena no puede haber más. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. ¿En qué? En lo humilde, en lo ciento por ciento humano, y tan humano y tan divino que demostró que tenía categoría de Dios, sin picárselas”.

“No somos ostentosos”, dice. Si volviera Jesús a la tierra, ¿cómo sería recibido en el Vaticano?, le preguntamos. Contestó: “No lo recibirían en el Vaticano, lo sacarían a patadas. El Cristo de la historia clavado en la cruz está en contravía de muchos clérigos convertidos en gendarmes de los poderes imperiales. Si Cristo entrara al Vaticano, sería el más aterrado: ‘Mis hijos viviendo en esta opulencia’, diría. Se iría a celebrar a las afueras de Roma y lo perseguirían nuevamente. Ya no moriría crucificado, sino torturado o asesinado. Lo matarían a pedacitos”.

Reconoce ampliamente la condición humana y política de la guerrilla. No la estigmatiza, ni la sataniza. “Creo que los hijos y las hijas de los ciudadanos del pueblo colombiano, somos todos, incluyendo las FARC, el Ejército de Liberación Nacional y todos aquellos grupos que pensaron que por ese camino también podían jalonar un nuevo espacio para hacer de Colombia un país más amable, soberano, más libre, más feliz. Ese camino se ha llenado de otros caminos abruptos y hemos llegado hasta el estado actual de vivir una guerra atroz. Como dice la canción: ‘Que la guerra no me sea indiferente, porque es un monstruo y pisa fuerte’ ”.

Un derecho de los pueblos

Es más: no condena la lucha armada, es un derecho de los pueblos. “Mi pensamiento concuerda –dice– con el pensamiento del Papa Pablo VI: Cuando los gobiernos se tornan tiránicos, en cualquier parte del mundo, y desaparecen todas las ventanas pacíficas, se abre paso la vía insurreccional y es un derecho de todos los pueblos de la tierra”.

Es más, considera que la violencia que vive el país no es obra de la guerrilla, es obra de la corrupción empotrada en las altas esferas del Estado: “Las muertes que se dan en Colombia no las están provocando las FARC, ni el ELN. Las muertes las está provocando la corrupción, es la generadora del hambre. En Colombia la gente se está muriendo de hambre y no por culpa de las FARC. Se robaron los contratos de la refinería de Cartagena y ahí no había un guerrillero del ELN robando o un fariano, ni Navarro Wolff porque ya es senador. El elefante blanco de Ibagué para los juegos atléticos nacionales. ¿Quién se los robó? ¿Las FARC, el Frente XXI? ¿Se lo robaron los sacerdotes de la teología de la liberación? ¿Quién se robó eso? La corrupción”.

Agrega: “La corrupción tiene sus nidos y sus madrigueras en todos los entornos estatales y en todos los sitios, porque la corrupción es un pájaro peligroso, no se deja ver de nadie y lo más triste es que la misma Constitución la adora. A mí me dijo un campesino: ‘Ay, padre: las FARC entregan las armas y ¿quién nos va a seguir defendiendo? Llegarán los ladrones que son los mismos que detentan el poder en la alcaldía; llegarán los revendedores de votos a imponernos sus ideas, ¿quién nos irá a defender? Hay mucha gente pensando así, porque no creen en los apóstoles de la democracia, y los apóstoles de la democracia, pienso yo que estarán contentos porque se silencian los fusiles, para ellos activar más la corrupción. No sé realmente qué irá a pasar”.

Termina diciendo el religioso: “Y otra cosa terrible: ¿El sicariato estará dormido? ¿Los paramilitares estarán dormidos? ¿No estarán esperando que pase la euforia, que pasen todas estas vainas para ir arreglando a cada uno de los líderes de la paz? Pensemos que eso ya ocurrió. Yo creo que la lucha más difícil, es la lucha de las ideas; ganar la batalla de las ideas es más trinca. Es duro”.

“Los generadores de guerra no son analfabetas, ni son perezosos, estudian día y noche nuevas formas de lucha para la guerra y fuera de eso no ahorran tiempo. Me da pesar que muchos heraldos de paz se acuestan temprano, se acuestan con las gallinas y se levantan con el sol, en cambio la gente generadora de guerra viven alcanzados de sueño y de hambre y de sed, porque ellos trabajan, trabajan y trabajan para mantener sus objetivos”.