domingo, abril 6, 2025
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Mafalda, o cómo construir un mundo feliz

Ricardo Arenales

Los enemigos de tomar sopa constituyen una extraña cofradía, que no está unida necesariamente por razones políticas o ideológicas, ambientalistas o religiosas, aunque podría percibirse en ellos un cierto sentido progresista en los enfoques de la vida. Y esto, porque de alguna manera se identifican con las preferencias culinarias de Mafalda, el genial personaje creado por Quino, de manera accidental, y que medio siglo después se ha convertido en símbolo de utopías en la lucha por un mundo más humano, más digno de los seres humildes que lo habitan, y que constituyen la inmensa mayoría.

Mafalda debutó oficialmente en la revista Primera Plana de Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1964. En realidad, como personaje de tira cómica había sido creado un año antes por Joaquín Salvador Lavado, Quino, por petición de un publicista amigo suyo, que necesitaba un personaje que representara al prototipo de la familia media argentina, para promocionar una marca de lavadoras y otros electrodomésticos.

La idea del comercial nunca se concretó, y Quino archivó su proyecto. En los meses siguientes, Primera Plana le solicitó al autor una historieta, que mostrara una familia de clase media. Fue la oportunidad de rescatar a Mafalda, que en sus inicios, no tenía aún un hermanito, Guille, ni a todos los amigos del barrio, que fueron apareciendo paulatinamente al compás de sus reflexiones.

Lavado, un hombre que era conocido antes por sus dibujos, pero dueño de una gran modestia, jamás pensó que sus reflexiones sobre la vida, expresadas a través de Mafalda, llegaran a ser traducidas a más de 30 idiomas, desde el japonés y el griego, hasta el francés y el holandés.

Trascendencia

El gran filósofo y lingüista italiano Umberto Eco, que personalmente dirigió la edición de un texto sobre la obra de Quino, considera muy importante leer la tira para entender la realidad argentina, y asegura que sus inquietudes son de índole universal. Daniel Divinsky, un editor argentino que patrocinó la publicación de las primeras tiras de Quino, dijo que “Mafalda es el sentido común ético de las clases medias latinoamericanas”.

Así, Mafalda, una niña de seis años de edad, y que a pesar de haber aparecido a la luz pública hace medio siglo, sigue perenne en su estado de niñez precoz, se convirtió en estandarte de la lucha por la igualdad social. Y pese a que odia la sopa, ama en cambio los panqueques, sueña con la paz mundial y quisiera, cuando sea grande, trabajar como traductora en las Naciones Unidas para estar más cerca de ese objetivo.

En ese mundo nuevo con el que sueña, aunque a veces se muestra pesimista y sin aliento, fue la mejor expresión de las generaciones de los años sesenta en su lucha contra el hambre y las guerras, contra la guerra en Vietnam, contra la represión policial a los estudiantes. Desconciertan sus cuestionamientos al orden social establecido.

Emblemática

Aunque en su tiempo no se hablaba con fuerza de las corrientes feministas, adelantándose a la época, Mafalda expresó su fe en el progreso social de la mujer, criticó su rol de objeto de culto, de instrumento de trabajo y sometimiento en el hogar. A través de personajes como Susanita, su vecina, criticó la superficialidad de la moda, del consumismo y de la vanidad de ciertos sectores femeninos, en contraste con el esfuerzo de las mujeres trabajadoras.

Quino, su padre putativo, ya desde 1965 comenzó a cuestionarse la vigencia de Mafalda. En esa época, abandonó la revista Primera Plana, por diferencias conceptuales con sus editores, y de hecho suspendió por unos meses la publicación de su personaje. Después fue llamado por el periódico El Mundo, que la acogió en sus páginas hasta la desaparición de este medio impreso. Para entonces, la tira se publicaba en varios periódicos argentinos.

Quino anunció que la última versión de Mafalda se publicaba el 25 de junio de 1973. Pero la fama de su personaje trascendió su intención. La Unicef la tomó como afiche en una ocasión y también la Cruz Roja de España. Otras entidades humanitarias han hecho lo mismo. Mafalda superó esa muerte prematura, y hoy, los lectores de muchos países, en idiomas diversos, siguen soñando con sus utopías. Quizá su misión no termine hasta cuando no tengamos un mundo mejor, más humano, más digno del hombre sobre la tierra.

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