Los sueños de la militante de la Juventud Comunista siempre estaban enfocados en ayudar a los demás. Sus cualidades permanecen imborrables en la mente de quienes tuvieron el privilegio de conocerla
Claudia Melo
La vida cotidiana de los años 80 y 90 en Colombia no era fácil. Vivíamos en un país marcado por la persecución a los líderes de izquierda, una época en la que hombres y mujeres, que soñaban con un mundo diferente, pagaron con sus vidas.
Nombrarlos a todos sería interminable, pero basta recordar a algunos de ellos: Jaime Pardo Leal (1987), José Antequera (1989), Bernardo Jaramillo Ossa (1990) y Manuel Cepeda Vargas (1994). Fue precisamente en rechazo a estos actos sistemáticos de violencia y, particularmente, el asesinato de Manuel Cepeda, que estalló la protesta del 7 de septiembre de ese mismo año.
Adelantada a su tiempo
Además de ese terrible panorama que aún persiste en la memoria de quienes lo vivimos, hoy debemos recordar a Norma Patricia Galeano, una mujer adelantada a su tiempo; ella tenía convicciones políticas claras y comprendía la importancia de la unidad para lograr grandes objetivos.
¿Cuáles eran los objetivos estudiantiles en los años 90? No muy distintos a los que hoy se persiguen en nuestras universidades: la autonomía, el rechazo a la presencia militar en los campus, mejoras en el bienestar estudiantil, la adecuación de aulas, laboratorios, bibliotecas, entre otros. Luchábamos contra la politiquería y los clanes tradicionales en nuestra universidad. Esas consignas son hoy aún vigentes.
En esa época, éramos defensores expectantes de la recién estrenada Constitución del 91. Éramos la generación de la Constitución, con profundas convicciones de lucha por un país con oportunidades para las nuevas generaciones.
Activista y organizadora
Norma, conocida como “La Negra”, no era una estudiante más de la Facultad de Educación; era una activista convencida de que el papel de la mujer era fundamental en las transformaciones sociales, siempre al lado de hombres aguerridos, complementando ideas y espacios.
Junto con Norma y otros compañeros, creamos un espacio estudiantil al que llamamos Facsut (Fuerzas Activas Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima) y fue ella quien ganó el debate para darle ese nombre, porque todo, absolutamente todo, se debatía en ese momento. Norma era ambientalista y animalista, aunque no se autodenominaba como tal. Lo demostraba en su diario vivir, con su discurso político en defensa del ambiente y de quienes lo habitamos.
Sus sueños siempre estaban enfocados en ayudar a los demás. Tenía claro que, una vez terminada su licenciatura en Ciencias Sociales, estudiaría derecho, pues sentía la necesidad de ayudar a quienes eran injustamente perseguidos, señalados y encarcelados. Pero la bala asesina de aquel 7 de septiembre de 1994 truncó sus sueños. No obstante, resulta necesario destacar las cualidades académicas intachables de Norma, su humanismo y responsabilidad, cualidades que permanecen imborrables en la mente de quienes tuvimos el privilegio de conocerla.
Es preciso un llamado: nuestra responsabilidad va más allá del simple recuerdo conmemorativo. Debemos retomar sus banderas y avanzar con la convicción de mejorar las condiciones de un país que ha comenzado a cambiar, especial y justamente a favor de los “nadies”, de los olvidados, de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de ser escuchados.
La invitación a quienes integran los diferentes grupos, colectivos y asociaciones universitarias es clara: ¡La unidad! Duden de aquellos que, bajo cualquier excusa, buscan dividirnos; de aquellos que, con cualquier pretexto, intentan separarnos de los que compartimos el sueño de un verdadero cambio. Esto nos diría Norma Patricia Galeano. Es su legado.