11 días turisteando en la Revolución Ciudadana
Miguel Camacho
No pensé que en 11 días pudiera conocer tantos lugares maravillosos de nuestro vecino país, Ecuador. Durante este tiempo como turista es imposible hacer una radiografía completa de la situación política y social de una nación, pero traje en mi memoria algunas reflexiones que me deja este viaje.
Saliendo junto con mi compañera de vida del majestuoso y moderno Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá y despidiéndome de mi familia y mis amigos pensaba en lo que me podría encontrar en el país de la Revolución Ciudadana, uno de los reductos de gobernanza zurda en América Latina. Me preguntaba cuáles serían las maravillas o las desilusiones de ese proceso que ya completa 10 años. Estaba ansioso por cumplir a cabalidad la ruta que previamente habíamos planeado para conocer Ecuador: Guayaquil, Salinas, Otavalo y Quito.
Después de un par de horas y algo más de viaje, aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre. Me encontré con una terminal aérea pequeña pero moderna, ubicada a las afueras de la ciudad de Quito y conectada por una súuperautopista a la capital. La primera impresión durante ese viaje de 45 minutos entre el aeropuerto y el terminal de buses con destino a Guayaquil fue la de un país moderno, un país nuevo, estrenando carretera y aeropuerto.
El viaje desde Quito a Guayaquil duró ocho horas y el costo fue de 11 dólares con 20 centavos, unos 33 mil pesos. Debo confesar lo difícil que fue para mí el cambio de moneda, todo el tiempo estaba haciendo conversiones, me preguntaba si al principio de la dolarización en Ecuador, por allá al inicio del siglo XXI, la gente sufría tanto como yo al hacer cuentas.
En una entrevista en Reuters, el presidente ecuatoriano Rafael Correa afirmó que la adopción del dólar estadounidense como moneda fue “un error inmenso”, pero un cambio de moneda sería un duro golpe a la estabilización económica y social del Ecuador.
El viaje hacia Guayaquil nos llevó por varias ciudades intermedias como Ambato, famosa por el chocolate, Latacunga, Riobamba y Milagro, a través de una carretera en perfectas condiciones, en algunos tramos de tres carriles por sentido, señalización electrónica y peajes muy económicos. Años luz de ventaja con las promesas de carreteras “cuatro G” en Colombia que apenas llegan a dos carriles y con peaje cada siete kilómetros en promedio.
A Guayaquil, la tierra de Julio Jaramillo, llegamos atravesando el majestuoso río Guayas a través de los puentes de la Unidad Nacional. Pienso ahora que eso de unidad nacional es lo que ha llevado a Ecuador hacia el desarrollo. Guayaquil era considerado por los mismos ecuatorianos como un suburbio, una ciudad caótica y anárquica, pero hoy en día y gracias a los últimos alcaldes, opositores a Rafael Correa, es una ciudad pujante, organizada, moderna y turística. Se puede pensar diferente, pero trabajar unidos.
Llegamos a un terminal de transportes dentro de un gran centro comercial y allí nos recibió Iván Trujillo, un empresario ecuatoriano, quien portaba una camiseta alusiva a Colombia. Iván trabaja para una empresa colombiana que tiene negocios en Ecuador. Amablemente nos habló de los planes que podríamos desarrollar en Guayaquil, la ciudad más poblada de ese país, y también conversamos sobre el ‘Milagro’ que ha vivido su país en los últimos años.
Nos contó que más de 50 hospitales públicos tienen certificación internacional de calidad, que su sistema de salud funciona muy bien, que los colegios públicos gozan de un gran aprecio y están a la vanguardia de las nuevas tecnologías, se enorgullece de mostrarnos las autopistas de cinco y hasta ocho carriles dentro y fuera de la ciudad y el comentario que más me llamó la atención de camino a Samborondón, un municipio cercano a Guayaquil: “El ecuatoriano paga sus impuestos porque los ve invertidos”. A los ojos de un turista como yo, tiene razón.
Quito
Durante nuestra travesía utilizamos Airbnb para hospedarnos, este es un gran modelo de negocio digital que ha unido el mundo a través de lugares para dormir. A través de esta plataforma digital Greg Krupa, nuestro anfitrión en Quito, ha conocido cientos de personas de diferentes culturas. Greg es un ciudadano estadounidense que ha vivido más de 15 años en países de América Latina como Guatemala, Chile y Ecuador, conoce de cerca el padecimiento de las víctimas de la guerra en Guatemala y con él sostuvimos una gran conversación sobre el mundo actual al ritmo de un par de cervezas artesanales quiteñas: Correa, proceso de paz, FARC, Santos, Uribe, elecciones en Estados Unidos, gastronomía, cultura.
Greg está orgulloso del actual Ecuador por estar en vía del desarrollo, dice que el modelo ecuatoriano es similar al de Corea del Sur y que sin duda Rafael Correa es un visionario, uno de verdad, no como el de Bogotá que prefiere el Transmilenio y el metro elevado que el metro subterráneo y tranvías considerados como un “cáncer”. Los políticos de Colombia deben aprender de Ecuador que el interés general es supremo al interés particular y que una nación solo avanza si entre todos logramos construir un proyecto de país.
Greg e Iván no son personas pobres, no son beneficiarios de programas sociales de la izquierda, son personas de clase media alta que reconocen que Ecuador es uno antes y después de Rafael Correa, que Mashi, como se hace llamar en Twitter, le cambió el pensamiento a los ciudadanos y que hoy en día Ecuador tiene un futuro promisorio. Señal que la izquierda no está pensada solo para los pobres, puede ser usada para gobernar mejor y para todos.
La inversión en salud, educación, empleo, infraestructura, entre ello hidroeléctricas y hasta una refinería, hacen que la brecha entre ricos y pobres se disminuya y que el país tenga la capacidad, sin importar clases sociales, de debatir con altura el desarrollo de su patria.
El paseo me llevó a conocer lugares espectaculares: Guayaquil, Isla Santay, Malecones, playas, la mitad del mundo, Panecillo, centro histórico de Quito y paisajes solemnes a través de las megacarreteras. Los invito a que conozcan este hermoso y moderno país. Cuidado con las intentonas de desestabilización que vienen del Norte, de pronto se equivocan al descalificar la conciencia del ecuatoriano y se llevan su sorpresa.
Felicitaciones, Correa, ha revivido en un turista colombiano común y corriente la posibilidad real de ver un gobierno de la izquierda triunfante, fuerte y perdurable.