Quentin Tarantino habla sobre «Django sin cadenas»

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El director de «Django sin cadenas» le quita el velo a sus intenciones detrás de una historia de venganza.

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Los Inrockuptibles

Django sin cadenas,  la última película de Quentin Tarantino, lleva un mes en los cines locales. En el frenesí que sacude la cartelera desde hace un tiempo, eso puede ser una eternidad. Pero nunca es tarde para escucharlo: pocos son los que cautivan la atención como el director de Pulp Fiction, que vuelve a demostrar su magnífica e histriónica locuacidad.

¿Cómo nació Django sin cadenas?
Quentin Tarantino
: Siempre quise hacer un western. Es uno de mis géneros favoritos. Me gustan todos los tipos de westerns, y los spaghetti westerns me gustan incluso más. Me encanta su carácter surreal y operístico, su brutalidad y su humor desesperado. Pienso en particular en los de Sergio Corbucci. Tenía ganas de ir en esa dirección. Todos los grandes directores de westerns desarrollaron su propia visión del Oeste. Anthony Mann tiene su versión, Sam Peckinpah tiene la suya, y cada una es muy singular. Para mí, el Oeste visto por Corbucci es el más fuerte de todos. Describe un mundo sin piedad, corrupto por la violencia, pero divertido al mismo tiempo. No sé si Corbucci diría eso de sus películas, pero como crítico de cine apasionado por el subtexto, ¡es lo que yo diría! (risas). En algún momento me iba por las ramas escribiendo fragmentos de un guión, y luego me decidí a concretarlo seriamente. Pensé en cuál era la mejor manera de reencontrar el estilo de Corbucci. Pensé que la existencia de un hombre negro en el sur de los Estados Unidos previos a la Guerra de Secesión era una situación perfecta para la atmósfera explosiva propia de ese cineasta. Y con razón. Si consideramos lo que pasaba en los Estados Unidos durante la esclavitud, no se puede ser demasiado violento porque ¡así eran las cosas! Y además, nunca había visto ese tema tratado en ese tipo de cine. Algunas películas se interesaron en la esclavitud, pero no muchas. Hacer un western, con las convenciones del género, en ese territorio ficcional completamente inédito, me parecía interesante.

¿Considerás que es un drama o una comedia?
No es una comedia. Pero lo que hago es más bien divertido en general. Yo diría queDjango sin cadenas es un relato de aventuras feroz con momentos divertidos. La gente pensaba que con Bastardos sin gloria yo había hecho mi película “seria”; se preguntaba qué pensar de esa película tan diferente sobre la Segunda Guerra Mundial. Django sin cadenas navega en la misma línea de flotación incierta.

En el centro de la película, hay una historia de amor y de venganza, un tema recurrente en tus películas.
Django es un esclavo que se venga del mal que hicieron, es cierto. No es anodino. Eso puede procurarle cierto placer al público: ver a un esclavo agarrar un látigo frente a su amo. Bien presentado, también puede resultar catártico, incluso orgásmico. Pero la venganza no es lo más importante desde mi punto de vista. Django sin cadenas cuenta primero la historia de un personaje que emprende un viaje para volverse hombre, héroe, y salvar a quien ama. Si le hubiera importado un bledo su mujer, una vez liberado de sus cadenas habría llevado una vida lo más tranquila posible. Pero elige, en cambio, ir a confrontar al diablo.

Django sin cadenas se apoya, como todas tus películas, en las escenas dialogadas. ¿Cómo trabajás los guiones?
Las primeras versiones de mis guiones están escritas por impulsos. Se parecen a obras con una tendencia un poco literaria, con demasiados detalles para cualquier película, incluidas las mías. En el rodaje, paso mi tiempo puliendo el texto, siendo más preciso. Al principio, hay demasiadas páginas, y finalmente todo se ordena. Es un poco como si intentara todos los días transformar una novela en película.

¿Cómo es tu relación con Harvey Weinstein, tu productor? Hay rumores que dicen que te pidió acortar Bastardos sin gloria…
¡Es completamente falso! Harvey es importante para mis películas, pero su intervención no consiste en sentarse en la sala de montaje para exigir cortes. Hay un montón de cosas con las que estoy en desacuerdo con Harvey. Le pasa de bloquearse en los detalles que a la gente no le importan. Pero pienso que, de todos sus colegas, es el productor con mejor gusto. Confío en lo que dice sobre mis películas, me importa su opinión. Quiero que él esté contento. Cuando Harvey está contento, ¡todo el mundo está contento!

Hablanos de la elección de actores, particularmente de Jamie Foxx…
Vi a varios actores negros importantes y estaba listo para hacerlos competir. Pero cuando me crucé con Jamie Foxx supe enseguida que había encontrado al bueno. No solo Jamie comprendió lo que yo quería hacer con este personaje esclavo que se transforma, sino que además tenía suficientes experiencias personales para compartir porque viene de Texas. Y es un cowboy, uno verdadero. Tiene su propio caballo, que pudo montar en la película. Podía imaginarlo en un western, con su sombrero, su caballo, sin que eso parezca retro o cool.

¿Y DiCaprio?
El personaje que encarna él, un patrón de plantación, tenía que ser mucho más viejo. Pero Leonardo me contactó porque leyó el guión y quería interpretar ese personaje. Fui a su casa, somos vecinos. Tenía ganas de trabajar conmigo y de participar en una película que evocara la esclavitud, tema siempre candente en los Estados Unidos. Reformateé el papel manteniéndome fiel a lo que me interesaba respecto de esos propietarios de plantaciones esclavistas. De hecho, creían que eran aristócratas europeos. Tenían esa imagen en su cabeza y la adaptaban de cualquier forma a la realidad del sur del país. Algunas plantaciones alcanzaban los cuarenta kilómetros de largo y sus propietarios eran de cierta manera reyes que reinaban sobre una tierra y sobre los individuos. Al ver a Leo, enseguida pensé en Luis XIV, que accedió al trono de Francia muy joven. Hice de él un tipo de rey que heredó una gran tradición familiar y que se aburre tanto que solo piensa en el placer.

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Después de Bastardos sin gloria, que evocaba el nazismo, viene Django sin cadenas, que habla de la esclavitud. Es la segunda película consecutiva que hacés sobre un tema histórico importante.
Es verdad, ¡quizá me estoy convirtiendo un cineasta de grandes temas! Pero hay también otra manera de ver mi trayectoria: se la puede pensar como un camino a través de los grandes géneros cinematográficos. Hice una película de guerra, ahora hago un western. Pero es verdad, con estos temas, tengo que desarrollar una mirada más densa que si hiciera películas más contemporáneas. Esto tiene que ver también con las condiciones del rodaje. Django sin cadenas es, de todas las películas que hice, la que más decorado natural tiene. Hay que adaptarse todo el tiempo para encontrar buena luz. Honestamente, ¡estaría bueno para mí volver a hacer una película en la que los personajes puedan subirse a su auto y encender la radio! (risas)

¿Ya tenés una idea para tu próxima película?
Una idea vaga. Una película más “pequeña” que Django sin cadenas, en la línea de Jackie Brown.

Fuente: MDZ Online