jueves, mayo 30, 2024
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Contra el sabotaje, confianza y movilización

Editorial VOZ 3176

Hay cuatro factores de los cuáles depende la continuidad del proceso de cambios que hemos iniciado en Colombia. Uno, los resultados de las políticas públicas, en especial, las medidas económicas y la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo ‘Colombia, potencia mundial de la vida’. En este primer aspecto los resultados ya son muy positivos y alentadores: bajó la presión inflacionaria, los precios de los alimentos y la pobreza multidimensional, al tiempo, que hay crecimiento económico destacándose los indicadores positivos en materia de empleo.

Dos, la aprobación y ejecución de reformas sociales, en las que el pueblo colombiano tendrá la posibilidad de recibir los beneficios de tener una salud como derecho, la recuperación de los derechos laborales y la garantía de una vejez digna.

Tres, la Paz Total, que con dificultades avanza por encima de la complejidad del proceso, la diversidad de actores armados y los vacíos en el diseño institucional. La firma de un cese bilateral con el ELN por seis meses, con mecanismos claros de verificación, consolida esa perspectiva.

Y cuatro, que el Pacto Histórico solo o en coalición pueda ser Gobierno y poder territorial en las próximas elecciones de octubre, victoria que le daría a las reformas y a los cambios pistas de aterrizaje en la implementación de las políticas públicas que beneficien a la Colombia profunda y excluida históricamente.

La derecha guerrerista y corrupta lo sabe. Si logramos que estos cuatro factores despeguen, se desarrollen y potencien, daremos continuidad a un proceso de cambios duraderos en el tiempo, se profundizará la justicia social, habremos vencido en la batalla contra la corrupción y la paz será el signo que caracterice el futuro. Esto es lo que está en disputa, es lo que el uribismo, llámese Barbosa, Cabal, Cabello, Lafaurie, Gaviria, Vicky o Néstor Humberto, no quieren y buscan detener con la actual tormenta mediática. Las reformas son realmente estructurales y por eso la virulencia del Establecimiento.

La derecha ha puesto en marcha y dirige en pleno desarrollo la combinación de todas las formas de saboteo y desestabilización. El uso de los órganos de control (Procuraduría, Fiscalía y algunas cortes para atacar al Gobierno), el entrampamiento, las chuzadas, la mentira, la tergiversación y las campañas difamatorias contra el presidente y la vicepresidenta hacen parte de esta estrategia.

Sin duda, el gobierno, el Pacto Histórico y el pueblo, hemos tenido vacíos y fallas en el ejercicio democrático de gobernabilidad, errores de creer, de esperar y de dejar en manos de otros lo que debemos dirigir y asumir nosotros y nosotras.

¿El Gobierno? Hay que mejorar y restablecer el diálogo y la interlocución con las cortes. Acelerar el cumplimiento de los compromisos adquiridos con el movimiento social, popular y los procesos territoriales. Si no se le cumple a la gente, esta no saldrá a respaldar las reformas. Recuperar la conexión con el movimiento real que luchó y estuvo en primera y segunda línea del estallido social.

Las reformas están siendo lideradas por el presidente una ministra y una exministra, el resto a la expectativa. La coordinación y el papel del Pacto Histórico en el Congreso en dialogo permanente con los y las ministras es clave. Y encontrar una dinámica comunicativa y mediática que socialice los logros y aciertos. En la batalla mediática tenemos que superar el relato del espectáculo mediático y político que ha montado la derecha.

¿El Pacto Histórico? Lograr un mayor compromiso colectivo en la defensa de las reformas es un mensaje fuerte y decisivo en el actual momento. Los y las representantes y senadoras deben pasar de mostrar sus propios resultandos legislativos para visibilizar más el panorama global e integral de los avances en el Gobierno.

¿El pueblo? Viniendo de una larga lucha con un costo humano enorme, ha sentido el desgaste y ha sido difícil su reorganización, no obstante, tiene toda la disposición de recuperar niveles de movilización e iniciativas que dinamicen la defensa de las reformas.

La actual coyuntura es superable. Lo primero es el respaldo irrestricto al presidente Petro y al gobierno, recuperar el relato de esperanza que dio origen al estallido social y potenciar los resultados benéficos de la política actual que impulsamos. El presidente tiene aún muchas herramientas constitucionales para seguir adelante.

Debemos tomar decisiones, ejecutar y resolver. Es necesario un viraje nos solo en la composición del ejecutivo sino en la actitud colectiva. Para garantizar las reformas, tenemos dos salidas. Una, aprovechamos la crisis para profundizar el carácter democrático y alternativo del Gobierno, lo que incluye comenzar en las regiones, asumiendo la direccionalidad del Estado en los territorios; o dos, recomponemos la coalición amplia, lo que implicaría renegociar la composición del gabinete en condiciones de mayor debilidad.

Desde esta orilla nos la jugamos por la primera. La movilización del 7 y el encuentro nacional de la Coordinadora Social por el Cambio el 10 y 11 de junio, nos darán las señales para asumir el reto con confianza.

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