Solución amistosa con Nicaragua

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El enfrentamiento deja sola a Colombia, nadie la va a apoyar en su arrogancia, salvo Estados Unidos que cuenta con sus gobernantes siempre de rodillas y sin dignidad.

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Editorial del Semanario VOZ

El reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el litigio con Nicaragua, adverso a Colombia, dio para todo tipo de convocatorias al falso nacionalismo, al chovinismo y a las amenazas contra el país centroamericano, además de descalificaciones e insultos a los magistrados que adoptaron la decisión en su interpretación del derecho internacional.

Rodeado de los principales dirigentes de los partidos políticos con asiento en el Congreso de la República, el presidente Juan Manuel Santos anunció que no reconoce a la Corte Internacional de Justicia y en consecuencia Colombia, país soberano, no acepta las decisiones de este organismo de las Naciones Unidas. Santos advirtió que su gobierno no comparecerá más ante la Corte Internacional de Justicia.

El tono presidencial fue de arrogancia, propio del talante de la oligarquía colombiana que vive mirándose el ombligo sin tomar en consideración la realidad internacional y las instituciones que la rigen. Colombia, según su clase dominante, es la campeona en todos los campos. Lo dicen sus gobernantes a menudo con el discurso demagógico de los supuestos avances políticos, sociales y económicos, que a la hora de la verdad no aparecen por ninguna parte.

Es una lástima que los dirigentes políticos de la fotografía no le exijan al gobierno de Santos hacer respetar la soberanía nacional de los organismos financieros internacionales y del gobierno de Estados Unidos, que imponen sus políticas y fórmulas a favor de las transnacionales, del capital financiero, de los monopolios y grupos económicos. Mejor dicho: lo coloca al servicio del gran capital. Tampoco le reclaman por el servil cumplimiento del tratado de extradición, mientras en Estados Unidos se refugian los delincuentes de cuello blanco, procesados o condenados por la justicia colombiana. Menos aun exigen respeto por la soberanía nacional violada una y otra vez por la implantación de bases militares yanquis y de la presencia estadounidense en los operativos contrainsurgentes.

Dicen los entendidos que es un craso error del gobierno de Santos. Sustraerse de comparecer ante la Corte Internacional de Justicia a defender los derechos de Colombia, es renunciar a demostrar en el litigio la justeza de los argumentos. Además del mal precedente de aceptar los fallos cuando le son favorables y rechazarlos cuando le son adversos. Con toda razón dice el profesor Erik Tremolada de la Universidad Externado de Colombia, que “políticos y funcionarios –exaltando el chovinismo- solo reconocen el derecho internacional que le conviene a su agenda política y señalan a los que se adelantan a los fallos como traidores a la patria”.

Colombia perdió en 2007, 2012 y 2016 en el litigio con Nicaragua. Lo había anunciado de manera visionaria el ex presidente Alfonso López Michelsen, experto en estos temas, cuando en 2007 instó a las negociaciones directas y a eludir un largo proceso jurídico en el que no se tendría éxito. Fue Colombia el que aceptó la Corte de La Haya. Álvaro Uribe Vélez le prometió al presidente Daniel Ortega que aceptaría el fallo jurídico internacional. El cual ahora desconoce como lo hace el presidente Juan Manuel Santos.

Y sigue equivocándose. En San Andrés grupos raizales comienzan a promover la autonomía de la isla y botaron las cédulas colombianas en señal de desprecio. Los gobiernos se acuerdan de los isleños para recabar apoyo, pero jamás se preocupan de sus problemas sociales. Mientras Santos solicitaba el apoyo a su decisión de no comparecer en La Haya, miles de sanandresanos no tenían agua potable y otros tantos padecen situación de pobreza.

Este asunto ha tenido mal manejo desde un comienzo y un pésimo asesoramiento jurídico. El abogado Arrieta habla y habla, pero a la hora de actuar su intervención es errada. Lo dijo el abogado de Nicaragua, Mauricio Herdocia: “Si (Colombia) no va a estar en el juicio, se la está poniendo fácil a Nicaragua”.

Colombia debe presentarse, asistido por una defensa más hábil y capaz, sin renunciar al acuerdo amistoso directo, como debe ser entre dos países hermanos latinoamericanos. El enfrentamiento deja sola a Colombia, nadie la va a apoyar en su arrogancia, salvo Estados Unidos que cuenta con sus gobernantes siempre de rodillas y sin dignidad.