lunes, abril 15, 2024
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La faceta desconocida de Antonio Nariño en la medicina y la ciencia

Es mucho lo que se ha escrito sobre la vida de Antonio Nariño, pero es poco estimado su trabajo científico como médico empírico. Gracias al conocimiento que le proporcionó su biblioteca, pudo recetar medicamentos y tratamientos a las personas pobres en épocas de duras epidemias

Jefferson Corredor Uyaban
(Jepes)

Hablar del lugar de los próceres tras varias décadas de sus conocidas gestas siempre ocurrirá en el terreno de la “búsqueda de la verdad” y de la revaloración histórica. Con relación a Don Antonio Nariño, es mucho lo que se ha escrito, hablado y reseñado, sin embargo, es poco conocida su faceta como científico y médico empírico.

Inicialmente, una de las cualidades que ha caracterizado a Nariño en todos sus roles, como gobernador, presidiario, presidente, senador y demás es el hecho de ser un hombre que se caracterizó por difundir ideas y abrirles paso, sin importar que fuese constantemente descalificado por parte de sus contemporáneos, quienes lo consideraban loco, descentrado y descalificado, entre otros.

Acercamiento a la viruela

Soñar con una sociedad libre, le impulsaría, al parecer, a incursionar en el campo de la medicina. Recordemos que Antonio Nariño nació en 1765 en uno de los hogares más acaudalados de la sociedad colonial santafereña, siendo poseedor, durante su juventud, de una de las bibliotecas mas grandes del Virreinato de la Nueva Granada y que, dentro de sus virtudes mas curiosas, estuvo el sacrificar su posible ascenso en una sociedad servil, para dedicarse constantemente a lo colectivo. Quizá esto último fue lo llevo a atender a las personas pobres y a prescribir medicamentos durante las epidemias de finales del siglo XVIII.

Hasta antes de las guerras, la principal fuente de mortalidad en el Nuevo Reino de Granada serían las epidemias, y si bien se instó a la atención de las mismas, en especial durante las misiones que adelantó el religioso y botánico José Celestino Mutis, muchas personas no serían atendidas.

Por consiguiente, ante la escasez de médicos, Nariño sería un particular defensor de la atención medica dirigida hacia los habitantes del virreinato y fue un defensor de la variolización, procedimiento que consistía en introducir el virus de la viruela en el organismo de las personas que estaban más propensas a contraerla para tener control sobre la enfermedad.

Nariño contaba con obras en su extensa biblioteca para atender enfermedades como la viruela. Tanto para “el precursor”, como para Mutis, era responsabilidad del Estado hacer frente a los riesgos que pusieran en peligro a los habitantes del virreinato, dado que estos sustentan el desarrollo y el crecimiento social, político y económico.

Creando una vacuna

Paradójicamente, mientras se avanzaba en el desarrollo de tratamientos para atender la epidemia de la vacuna, a finales del siglo XVIII, Nariño se encontraba en la cárcel. Desde allí le escribiría al virrey Pedro Mendinueta y Múzquiz manifestándole que había encontrado una vacuna efectiva contra la viruela, afirmando que los resultados encontrados eran idénticos a las recetas descritas por Europa para fabricar el compuesto que se obtiene a partir de la linfa bovina.

“He procurado hacer cuantas tentativas me permite la estrechez de mi situación; y después de 47 días de trabajo, en que me han salido infructuosas varias experiencias, tengo hoy la satisfacción de presentar a vuestra excelencia un muchacho, en quien ha prendido un grano con todas las apariencias de verdadera vacuna, habiéndose seguido todos los períodos y síntomas que prescriben las dos únicas recetas que han llegado a esta capital, estando hoy precisamente en el día nono de la vacunación”, dice la misiva.

No obstante, al ser confiscadas sus bibliotecas, no se ha encontrado registro de la receta utilizada por Antonio Nariño para crear la vacuna. Varios historiadores afirman que es probable que esta historia no sea del todo real.

Independientemente de los resultados y del éxito o no de su vacuna, fue su oposición a aquellos políticos y acaudalados conservadores que estaban en contra de métodos que permitieran afrontar enfermedades que asolaran a la población, dado que, para estos últimos, la mejor respuesta para curar a las personas se encontraba en la religión.

La vacuna de Nariño fue una respuesta a un problema de salud pública que se encontraba generalizado en todos los lugares del Imperio español, en especial en el continente americano; a su vez, fue un ejercicio que hizo parte de la responsabilidad que tenía el reino con los habitantes de la Nueva Granada.

Salud para la comunidad

Es así como la escasa y demorada respuesta por parte de las autoridades de la época colonial forzaría a los ilustrados, entre ellos a Nariño, a replicar la vacuna en las Indias. Si bien no se puede establecer si tuvo éxito, el trabajo de Nariño revela gallardía ingenio y un profundo humanismo, guiado en su intento por garantizar los derechos de los ciudadanos, tanto en lo político, como en su salud y bienestar.

El trabajo de Nariño hizo parte de un continuo patriotismo que lo llevaría a tomar decisiones y hacer parte de diferentes posturas con el interés de mantener las ideas independentistas que se consolidarían años después de la gesta en la cárcel.

Por otro lado, el estudio de Antonio Nariño como médico autodidacta, es un ejemplo de la relación que existiría entre las técnicas de producción científica (producción de la vacuna) y las corrientes ideológicas de la época, desde las cuales se promovió una noción de salud pública basada en el interés por lo comunitario.

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