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34 años sin Luis Eduardo Yaya

El 23 de febrero de 1989 fue asesinado el dirigente obrero y militante comunista en su residencia en Villavicencio, Meta. Tres décadas y media después, su hija escribió este conmovedor escrito: “Honor para mi papi y sus camaradas”

Lilia Yaya

Jueves 23 de febrero de 1989. Asesinan a mi papi, Luis Eduardo Yaya. Durante más de dos décadas fueron muchos de sus compañeros y compañeras los asesinados, desaparecidos y exiliados en todo el territorio nacional, a diario por esa época. Cientos fueron las víctimas de la persecución política, diversos fueron los hechos.

Jueves 16 de diciembre de 1993. Ante la falta de voluntad e incapacidad de la justicia colombiana, el partido Unión Patriótica y la Corporación Reiniciar presenta el caso ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos por las múltiples violaciones a los derechos humanos contra los militantes y simpatizantes de la UP.

Lunes 30 de enero de 2023. La Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronuncia: “(…) el Estado de Colombia es responsable por las violaciones de derechos humanos cometidas en perjuicio de más de seis mil víctimas integrantes y militantes del partido político Unión Patriótica”. Se hacen presentes los recuerdos, el dolor, los sueños fragmentados. Renace la esperanza de justicia y verdad.

El arte, mi terapeuta

Son más de tres décadas luchando, exigiendo y esperando. Toda una vida de muchas vidas, existiendo en medio de la injusticia social.

Nos negaron, a mí y mi núcleo familiar, durante 23 años el derecho al reconocimiento, a compartir con los pares víctimas, familiares y sobrevivientes de la guerra. Nos negaron el derecho a estar presentes en el último adiós, a despedirlo en su tumba.

“Tienen que irse, los van a matar, no quieren aquí a los hijos mayores del compañero Yaya”, dijeron en medio de las honras fúnebres. Sin embargo, gracias a una vinculación laboral en 2006, conocí los espacios de denuncia, exigencia de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, no solo para nuestro caso, sino para los de millones de víctimas. En el 2012 empecé a participar en ellos. Salimos a la plaza pública, compartimos en la academia, me reencontré con el arte, mi terapeuta durante tantas ausencias.

Son infinitas las piezas narrativas que hemos construido los artistas naturales desde nuestras vivencias contando la guerra. La barbarie transformada en sentimiento se comparte desde la belleza y sensibilidad del arte. Mi verdad junto a otros millones de verdades.

La vida, la memoria de nuestros familiares, amigos, compañeros, líderes y lideresas están más presentes que nunca. Honramos y agradecemos por lo entregado: su lucha más allá de la vida porque son sueños que son semilla.

Gracias a la vida

Honro la vida de mi papi: Luis Eduardo Yaya Cristancho. Fueron más de 30 años entregados a la causa social. Se destacó y es recordado por su fuerte ideología, militancia y liderazgo en el Partido Comunista y la Unión Patriótica; defensor y promotor de los derechos humanos, sindicalista dirigente de la CSTC y luego de la CUT, concejal en varios periodos en Villavicencio, Meta, por los partidos y alianzas de izquierda.

Su vida ha sido contada en cada aniversario los 23 de febrero. Siete de sus hijos ya superamos su edad; dos de ellos y mi mami lo acompañan en el infinito del sentimiento y el recuerdo. Murieron sin compartir este logro de la sentencia. Así ha sido en muchas familias, la tristeza de la espera o las enfermedades los consumieron.

El encanto, carisma y liderazgo del revolucionario Yaya sedujo muchos corazones. Decía mi mami en el avance de su enfermedad y antes de morir en cuidados intensivos: “Si su papá estuviera vivo, estaría aquí conmigo”.

De sus enseñanzas he tratado de multiplicar el ser capaces de vernos a los ojos y respetarnos a pesar de las diferencias. En algunos momentos, qué difícil ha sido, pero no imposible. La última vez que escuché su voz, el 21 de febrero de 1989, se fue al infinito la promesa que me hizo “ya sabe cuándo voy, tengo una reunión ese día y salgo para allá”. Me dijo que tenía algo que decirnos. El día prometido era el 25 de febrero, fecha en que sus dos hijos mayores cumplíamos años.

Tenemos en nuestras manos la posibilidad de un mejor país. Los pasos que siguen son la implementación de la sentencia internacional, del Acuerdo de Paz, la construcción de los cambios que necesita el país, y reconstruirnos individual, familiar y colectivamente.

Gracias a los hermanos de vida con quienes hemos transitado, con quienes hemos llorado, exigido, pero también soñado, reído y resistido. Gracias a la familia Reiniciar por acompañarnos, consolarnos e impulsarnos a no desfallecer. Gracias a quienes se han solidarizado con los sobrevivientes y familiares de este caso y a quienes se permitan conocer las historias en medio del conflicto interno para que nunca jamás se repita un genocidio en Colombia.

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