Cumbres borrascosas

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Foto protocolaría al finalizar la Cumbre de las Américas de Los Ángeles 2022

La parálisis de la compañía colombovenezolana comenzó en 2019 cuando el diputado Juan Guaidó, en conjunto con grupos opositores al gobierno de Nicolás Maduro, dilapidaron los recursos y se robaron la empresa

Alberto Acevedo

Un denominador común entre el Foro Económico de Davos, reunido en los días finales de mayo, y la Cumbre de las Américas, convocada en Los Ángeles en la primera semana de junio, es que ambos eventos se reunieron después de un largo receso a causa de la pandemia del covid-19, los dos se yuxtaponen en el tiempo con la crisis de Ucrania y en ambos además se pusieron en  juego los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos, que aún se reclama la primera potencia económica y militar del planeta.

En relación a los intereses esenciales de Estados Unidos, mimetizados en un discurso de defensa de la economía occidental y de los principios de la democracia y el libre mercado, los objetivos planteados por Estados Unidos salen bastante maltrechos y ambas reuniones constatan la existencia de divisiones insalvables y falta de acuerdo en torno a los puntos centrales planteados por ambos eventos.

En el caso de Davos, en opinión del afamado economista Joseph Stiglitz, la cita fue notablemente diferente a otras anteriores, particularmente porque un evento tradicionalmente comprometido en la defensa de la globalización se centró esta vez principalmente en sus fracasos: cadenas de suministro rotas, aumento de precios de los alimentos y la energía, y un régimen  de propiedad intelectual que dejó a millones de seres humanos sin vacunas anti-covid, solo para que unas pocas compañías farmacéuticas pudieran obtener miles de millones de dólares en ganancias adicionales.

Fronteras nacionales

Para reducir los riesgos de interrupciones en la cadena de suministros -opina Stiglitz-, los genios de la economía propusieron una fórmula que denominan “reshoring”, que consiste en volver a traer la producción de una empresa a su país se origen, es decir, todo lo contrario al principio de la globalización.

Se propuso en Davos la promulgación de “políticas industriales que apunten a aumentar la capacidad productiva de cada país”. Vale decir, la idea anterior de que todos trabajen por un mundo sin fronteras, colapsó. Ahora se define el criterio de que algunas fronteras nacionales son fundamentales para el desarrollo económico y la seguridad. La crisis de Ucrania actualiza esa tesis.

Y esto choca brutalmente con la anterior estrategia de la globalización sin restricciones, lo que significa torcerles el cuello a las normas tradicionales del comercio internacional. Desde luego, no hubo en Davos un examen de conciencia sobre cómo y por qué las cosas salieron tan mal, puntualiza Stiglitz.

Extendiendo el pesimismo

Las fallas no están solo en la globalización, afectan la estructura toda de la economía de mercado, que exhibe falta de consistencia. Sus principios resultaron un desastre ante los cierres causados por la pandemia y los problemas desencadenados por la escasez de suministros; por ejemplo, la escasez de microchips que provocó la parálisis en la producción de automóviles.

Después de 50 años, Davos se quedó sin ideas. Lo mejor que hizo en su última reunión fue extender el pesimismo y la preocupación sobre todo el mundo. En esta ocasión se reunió bajo la consigna “caminemos juntos para recuperar la confianza”. ¿La confianza entre ellos mismos?

A Davos 2022 no asistieron los presidentes de Estados Unidos y China. Tampoco el de Rusia. Por primera vez no asisten a una cumbre de esta envergadura los mandatarios de las tres principales potencias del mundo.

Proteccionismo redivivo

En este escenario se habló de la deuda de los países, que en este momento equivale al 256 por ciento del Producto Interno Bruto anual, una deuda global absolutamente impagable. Del cambio climático, “que es culpa exclusivamente de los seres humanos” en palabras de Kristalina Georgieva, la gerente del Fondo Monetario Internacional.

Georgieva exhortó, por último, al mundo occidental a “evitar el proteccionismo y la desglobalización en curso”. Se refirió a un proteccionismo en donde cada uno cuida lo suyo, recordando el caso de la India y otras 22 naciones que siguen su ejemplo. Pero olvidan que las sanciones a Rusia, a China, a los países árabes, a Cuba socialista, fomentan tal proteccionismo y desalientan la globalización. Sanciones que por cierto no han servido de mucho, salvo para disparar el hambre y prolongar la guerra.

Del lado de la casa paterna, la Cumbre de las Américas arrojó resultados pírricos y brindó el marco para negociar las condiciones de un dominio hegemónico norteamericano, cada vez más golpeado. El reciente triunfo de Gustavo Petro en Colombia, que en su primer discurso lanza la idea de una cumbre latinoamericana verdaderamente incluyente y democrática y el casi inminente ascenso de Lula al poder en Brasil, confirman la crisis de liderazgo de Estados Unidos en la región.

(ilustración) La seguridad alimentaria fue preocupación, tanto en Davos como en Los Ángeles

Resultados sin sorpresas

Desde antes de comenzar la cumbre, ya se sabía el desenlace. Un evento que solo tiene relevancia para la política interna de Biden, en tanto, con la exclusión de tres países del evento, quiso mostrar firmeza ante los electores, de cara a los comicios parlamentarios del 8 de noviembre próximo.

En los albores de la convocatoria, se plantearon diversos objetivos. Uno era tratar de revivir el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, ALCA. Otro, crear un frente común contra la presencia de China en los mercados latinoamericanos. Uno más, una condena generalizada a las operaciones militares de Rusia en Ucrania; y otro, afianzar el aislamiento a Cuba, Nicaragua y Venezuela, bajo el postulado de que constituyen dictaduras, ajenas al modelo de democracia que pregona Washington.

Como se desprende de los resultados divulgados, la reunión de Los Ángeles no alcanzó ninguno de estos objetivos. Joe Biden no ha tenido la grandeza de modificar la anterior política de Trump hacia América Latina y tampoco se esfuerza por crear nuevos lazos diplomáticos y mostrarse dispuesto a edificar una geopolítica continental mutuamente provechosa.

De nuevo en este escenario se entrecruzar líneas comunes entre las cumbres de Davos y la de Las Américas: bajo crecimiento económico, más inflación, salarios reales más bajos, endurecimiento de las políticas monetarias, elevado endeudamiento, mayor inseguridad alimentaria. La combinación de estos factores tendrá consecuencias “desastrosas” para la mayor parte de la población mundial, vaticinan los analistas.