77 años después, el problema es la OTAN

0
328
La OTAN nació en 1949 como una organización para confrontar militarmente a la URSS. Sin embargo, con la caída del “socialismo real” en 1991, sus intereses se han concentrado en el expansionismo militar para cercar a la Federación Rusa. Foto NATO

El frustrado ingreso de Ucrania a la alianza atlántica no tiene que ver ni con la seguridad ni con la prosperidad del país eslavo, sino con el negocio de las armas. Cada base instalada significa un lucrativo mercado para el complejo militar, industrial y tecnológico de Estados Unidos

Ancízar Narváez M. – Observatorio Pedagógico de Medios

Cumplidos 77 años de la rendición de las tropas alemanas en Berlín, el 8 de mayo de 1945, ante el Ejército Rojo, la atención está puesta de nuevo en la guerra en Europa. Y la guerra es siempre una desgracia y un crimen. Y lo es más si se desencadena, entre otros, con el objetivo inmediato del lucro, como la que estamos presenciando.

La guerra que hoy se libra en Ucrania  —porque todavía no ha llegado a Rusia ni a otro país europeo— es el producto de una dinámica que, reducida al orden de posguerra, tiene algunos antecedentes que valdría la pena tener en cuenta antes de abrazar acríticamente y sin cuestionamientos, los relatos primarios y precarios de Occidente, según los cuales la guerra se debe a que Putin es un tirano, bárbaro y expansionista que quiere agregar territorio a Rusia y someter a los pueblos vecinos que aspiran a ser civilizados europeos.

Como buenos aprendices de Goebbels, –para quien una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, los medios occidentales repiten estos relatos hasta el punto de  terminar siendo asumidos, incluso, por intelectuales tan respetables y lúcidos como Juan Gabriel Vásquez (al que seguiré leyendo, pese al desacuerdo con su precario análisis de esta guerra), y quien concluye su artículo en El País de España, sosteniendo la tesis de Churchill según la cual “no hay que intentar apaciguar a los tiranos”[1]. Entre paréntesis, Churchill es el héroe y Neville Chamberlain, el primer ministro que en 1938 firmó con Hitler el Pacto de Munich, es el villano, por ‘apaciguador’ o, como dirían hoy en Colombia ciertos sectores políticos de la derecha o de izquierda, por ‘tibio’. En realidad, Chamberlain pagó con su desprestigio el haber logrado aplazar la guerra durante un año, en vista de que ningún país europeo estaba preparado para enfrentar a Hitler en 1938.

Tensiones de la Guerra Fría

Para empezar, Rusia es un poder estratégico, más aún después de 1945 por haber liberado a Europa del dominio nazi. Desde 1945 los poderes occidentales decidieron convertir a la Unión Soviética en su enemigo y trataron de cercarla militarmente mediante la fundación de la OTAN en 1949. Entre tanto, la URSS logró hacerse con la bomba atómica, lo cual impidió la agresión impune de Occidente y con ello la guerra en Europa.

Pero antes de precisar el papel de la OTAN y la respuesta de Rusia desde entonces hay que hablar de la desnazificación. El único lugar donde tuvo lugar una desnazificación oficial total fue en Europa oriental y, especialmente, en la República Democrática Alemana, RDA. En cambio, en la República Federal Alemana, RFA, formada por Occidente en 1949, y en Estados Unidos, los nazis fueron reciclados como agentes de inteligencia, científicos, estrategas militares, como soñaba el general Patton, dada su experiencia antisoviética.

O sea que Europa heredó los dos pilares del nazismo, ahora bajo ropaje liberal: el anticomunismo y el racismo anti-eslavo. Pero esto no es más que una manera de presentar el problema, pues en el centro está la OTAN y el complejo militar-industrial de los Estados Unidos.

En efecto, se habla del cordón de seguridad de la Unión Soviética a través de su área de influencia en Europa oriental a partir de 1945 y sobre todo después de la creación del Pacto de Varsovia de 1954. Tan prioritario fue este objetivo para la URSS que, habiendo quedado Grecia fuera del área de influencia pactada en la Conferencia de Yalta, y habiendo ganado las elecciones de 1946 los comunistas griegos, los occidentales, Estados Unidos e Inglaterra, desconocieron los resultados e impusieron a sangre y fuego un gobierno aliado, en una guerra civil que duró tres años, ante lo cual la Unión Soviética permaneció impasible, puesto que Grecia estaba en la zona de influencia de Occidente.

Después vinieron los conflictos en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), en los cuales intervinieron tropas del Pacto de Varsovia para impedir la independencia de estos países frente a la Unión Soviética. Sin embargo, también Yugoeslavia y Albania tuvieron ruptura con la URSS y con el Pacto de Varsovia y no fueron intervenidas militarmente. ¿Cuál es la razón de estas dos actitudes?

Aquí es donde hay que nombrar las cosas por su realismo político: el problema es la OTAN, pues la diferencia entre Hungría y Checoslovaquia, por un lado, y Yugoeslavia y Albania, por el otro, es que las dos primeras amenazaron con unirse a la OTAN, mientras que las segundas permanecieron al margen.

El negocio de las armas

Después de la caída de la URSS, la OTAN, lejos de disolverse ha comenzado a fortalecerse, aun cuando ya no existe el enemigo que supuestamente justificaba su existencia. Desde 1999 vienen ingresando en la OTAN más y más países, tanto del antiguo Pacto de Varsovia como de la antigua Unión Soviética (las Repúblicas Bálticas, Polonia, Hungría, República Checa, Rumania). Hoy el problema es que ya no faltan sino Bielorrusia y Ucrania para que la OTAN termine de rodear a Rusia; pero ahora Rusia tiene las condiciones para resistir a la OTAN. Ya no está en las condiciones de postración de 1991, cuando se desintegró la URSS, ni en la debilidad de 2003, cuando la guerra del golfo.

Hay que separar la política interna de Rusia con su seguridad estratégica. Putin es, en efecto, un político de derecha, autoritario, antidemocrático en el sentido liberal, nacionalista y etnocentrista, como los europeos; es una especie de Trump a la rusa. Pero es a quien le tocó históricamente asumir la defensa de la seguridad de Rusia y de la estabilidad en Europa, pues impidiendo el ingreso de Ucrania a la OTAN,  logra dos objetivos: primero, mantener su seguridad, porque si no, ello implicaría dejar a Moscú expuesta a un ataque, puesto que podría ser alcanzada por un misil nuclear en menos de seis minutos; segundo, evitar la guerra a mayor escala, puesto que si espera a que se consume el ingreso de Ucrania a la OTAN, sería punta de lanza contra Rusia y podría invocar el tratado que obligaría a los demás países a intervenir en la guerra.

Pero el ingreso a la OTAN no tiene que ver ni con la seguridad ni con la prosperidad de Ucrania, sino con el negocio de las armas. Cada base de la OTAN significa un mercado para el complejo militar-industrial-tecnológico de Estados Unidos, dado que inmediatamente el país tiene que dedicar el dos por ciento (2%) de su Producto Interno Bruto, PBI, a la defensa, la nueva norma de la Organización. Esto, desde luego, es dinero para Estados Unidos y un desangre para cada nuevo integrante.

Quien está agenciando esta política es ahora Zelenski. Es un payaso en sentido literal y en sentido figurado. Como se sabe, es un comediante de la televisión en ambos países, Ucrania y Rusia. Como presidente, es un rehén de los grupos fascistas antirrusos, que está perpetrando el aniquilamiento étnico de los rusoparlantes en Ucrania. Es también el payaso de los medios occidentales que lo presentan como el héroe de una lucha desigual, pero no hablan de los intereses inconfesados de los occidentales que lo respaldan.

Mandan armas para que los ucranianos dejen su vida en una guerra sin perspectiva, pero las armas no son gratis, son créditos que, si Ucrania sobrevive como Estado, tendrán que pagar todos sus ciudadanos. Además, ningún europeo o norteamericano va a exponer su vida. Son los ucranianos sirviendo de carne de cañón contra Rusia para engrosar las ganancias de los vendedores de armas de Occidente.

Para los biempensantes

Desde luego que hay más razones, todas ocultas, que explican esta guerra: la autonomía geopolítica de Europa frente a Estados Unidos, la independencia energética, etc., pero por ahora con el negocio de las armas es suficiente.

¿Qué pensarían todos estos ‘demócratas’ plañideros de los medios si Rusia volviera a poner misiles en Cuba? ¿Por qué no se ha aceptado una solución como la de 1961, entre Estados Unidos y la Unión Soviética? Ucrania renuncia a instalar bases de la OTAN y Rusia se compromete a respetar la integridad territorial y la soberanía política de Ucrania, como lo está proponiendo Putin desde 2005.

La diferencia es que ahora los que están amenazados son el territorio y la población de Rusia, no los de Estados Unidos. Y para los bienpensantes de Occidente, los rusos y ucranianos no son más que eslavos, con todo lo que eso ha significado desde la Edad Media hasta el Tercer Reich.

Adenda:

Al terminar este escrito he escuchado y visto la noticia de que el gobierno de Finlandia ha acelerado su solicitud de adhesión a la OTAN, ante la presión de las encuestas, según las cuales el apoyo de la población a dicha decisión ha alcanzado el 70 por ciento.  Entristece saber que la guerra se extenderá en el tiempo y en el espacio y que los gobiernos seguirán mandando a la población a morir y a sacrificar su bienestar, utilizándola en actos de agresión para enriquecer al complejo militar industrial y a sus secuaces de todo el mundo, especialmente europeos, quienes, desde luego, no van a ir a combatir. Lo siento por los finlandeses.

[1] (https://elpais.com/autor/juan-gabriel-vasquez/)